03/04/2025

El despertar de una aldea nueva al amparo del camino (II)

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La frontera entre León y Castilla tornó su rango al de lindón tras recaer en el castellano rey Fernando III la corona leonesa. Las aldeas nuevas del Camino, sin embargo, continuaron siendo dos y las jurisdicciones mantendrían su distinción por espacio de medio milenio más, como indicamos en el artículo anterior (aquí). En lo civil, la llamada Aldeanueva del Camino estaría sujeta a la Comunidad de villa y tierra de Granada -o Granadilla- mientras que la conocida como Casas de Aldeanueva pertenecería a la tierra de Plasencia en su sexmo del Valle y Trasierra.

La primera referencia documental al desajuste entre los dos teóricos pueblos que en la práctica conformaban uno solo data de la primera mitad del siglo XV. En la parte otrora leonesa -Aldeanueva- vivía más población que en la que fuera castellana -Casas-. Aquellos disponen, además, de mayor extensión de tierra, y estos, por el contrario, tienen una mayor presión fiscal. La consecuencia es que la merma demográfica acecha a Casas, razón por la que sus vecinos reclamaron en 1438 volver a gozar de los privilegios fiscales que tenían años atrás. La demanda es aceptada e incluso se promueve el asentamiento de nuevos pobladores -carta puebla- con exención total de contribución durante dos años. No sabemos cuán de efectiva resultó la medida, pero lo cierto es que Casas de Aldeanueva nunca llegaría a despoblarse pese a que sus habitantes siempre fueron menos que los del otro lado del Camino.

Pocos años más tarde las tierras de Granadilla y de Plasencia caerían bajo el dominio de los Alba y de los Zúñiga, respectivamente, incluidas las aldeas nuevas. La placentina volvería al realengo en 1488, de ahí que la reina Isabel la Católica se refiera a las Casas como “mi medio lugar de Aldeanueva” en 1492. De aquellos momentos bajomedievales se destacan las construcciones de un puente sobre el río Ambroz y de un hospital para peregrinos con su correspondiente cofradía, esta última en la parte de la jurisdicción placentina. También se tiene constancia de la vecindad de algunos judíos en ambos pueblos. Los unos pechan con la aljama de Granadilla y los otros con la de Plasencia. Conocemos nombres hebreos: Yudá Mahejar (1453), Simón Abenataf (1479), Yudá Abenamín (1488), don Jaco (1493). Ningún documento sustenta la teoría de una supuesta judería en la calle de la Plata.

Parece ser que en los primeros años del siglo XVI sucedió algún conflicto entre cristianos nuevos y viejos en la comarca, pero el sectarismo imperante y la manipulación de las copias del proceso inquisitorial impiden reconocer con claridad lo que pasó en la/s aldea/s. El expansivo contexto económico trajo la posibilidad de erigir nuevas fábricas en los templos de San Servando -parte de abajo, diócesis de Coria- y de Nuestra Señora del Olmo -parte de arriba, diócesis de Plasencia-, como demuestran sus preciosas y góticas bóvedas de crucería. La Aldeanueva del duque de Alba rondaba el centenar de vecinos/familias en 1534; la demografía de la de Plasencia no excedería en mucho la mitad que aquella.

La tranquilidad rural se vería interrumpida en 1543. Un día de otoño de dicho año hizo acto de presencia en Aldeanueva María Manuela de Portugal. Todas las crónicas coinciden en el grandilocuente boato de la comitiva de la infanta portuguesa en su discurrir desde Badajoz a Salamanca, destino este último en donde iba a celebrarse el desposorio con el príncipe Felipe, hijo del emperador Carlos. Cada pueblo recibía a la prometida del futuro monarca español -Felipe II- con las mejores galas posibles. Felipe, en su ávida curiosidad por conocer a la novia antes del enlace, había arribado a las orillas del Ambroz en modo incógnito, de la mano del duque de Alba y de otros distinguidos de la nobleza castellana.

Felipe aguardó la llegada de María Manuela escondido en un mesón sito en la calle principal de Aldeanueva por donde iba a transitar el séquito. Al punto del paso de la infanta, el camarero del rey, Antonio de Rojas, levantó las mantas que ocultaban al príncipe y éste pudo entonces admirar el rostro y la pompa de quien se convertiría pocos días después en princesa. Este rincón altoextremeño fue, pues, escenario simbólico, de la primera unión visual del sucesor de Carlos I con su amada Portugal. Unión que, sin embargo, tuvo insignificante recorrido debido a la muerte de María Manuela apenas dos años después del enlace.

No estaría de más rememorar en la Aldeanueva del siglo XXI aquella ajetreada jornada otoñal de 1543, aunque solo fuera para reflexionar sobre las uniones que fueron y dejaron de ser.

Juan Rebollo Bote

Lusitaniae – Guías-Historiadores