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Cuando estudiamos periodismo, una de las cosas que nos enseñan es que, en verano, y más especialmente en el «querido» mes de agosto, la corriente informativa es siempre más débil. De este modo, es necesario «rellenar» los espacios de información con noticias que, en otro momento, no tendrían especial interés. Por eso, a este período se le suele llamar «silly season» («estación tonta»). Aunque el 8 de agosto de 2020 nos ha demostrado que no todo es lineal. De hecho, no sólo ha sido el mes de agosto, ya que este año ha sido muy atípico y extraño. Pero vamos a centrar las siguientes palabras en el análisis de la última semana.

Con el país en pleno «baño», el presidente de la República portuguesa decidió ir hasta Porto Santo (en Madeira), a dar unas bonitas brazadas en un mar a 24°C. Todo esto, con la noble misión de impulsar el turismo portugués, tan perjudicado por esta pandemia. Por lo demás, en el ámbito turístico, Portugal es uno de los países que más visitantes ha perdido, sólo siendo superado por naciones como Tailandia y Jamaica. Pero si este es el trabajo de un presidente durante el verano, ¡ya pueden poner mi nombre en las papeletas (prometo ser menos radical que André Ventura)!

No obstante, y por desgracia para muchos, Portugal no es sólo sol y playa. Los incendios siguen siendo un tema central en un país en estado de emergencia. Puede que este no haya sido el año en el que se han quemado más hectáreas, pero todo el combate se dificulta cuando tenemos que partir nuestros esfuerzos en dos frentes, que es lo que ha ocurrido. En las últimas semanas, las noticias de televisión han dividido su red de noticias entre los números de la Covid y los incendios que, a menudo, terminan con bomberos heridos o muertos.

En el Parque Natural de Peneda-Gerês, muy cerca de la zona rayana, se han quemado 200 hectáreas, y un hidroavión se ha estrellado. Desde 2009, los aviones contra incendios han sufrido muchos accidentes; y el último, en el que también viajaba a bordo un copiloto de origen español, ha terminado con el fallecimiento del piloto Jorge Jardim. La caída de la avioneta, y el supuesto retraso de la ayuda prestada a las dos víctimas, están siendo investigados por las autoridades portuguesas y españolas en una prueba más de la cooperación entre los dos Estados.

En medio de estos incendios, que ya son habituales para todos los portugueses, hemos tenido la posibilidad de que el rey emérito español estuviera «escondido» en Portugal. Hasta el momento no se ha confirmado, pero según El Mundo, se está formando una búsqueda a gran escala.

Con una trama digna de una película de espías, un magnate (Brito e Cunha); un político (Rebelo de Sousa), y una mujer de la alta sociedad (Lili Caneças), son el trío de protagonistas que está al servicio de «Su Majestad» (Juan Carlos) en la «Operación Cascais»; que cuenta con el comentario, siempre mordaz, de un antiguo galáctico (Figo).

En poco tiempo, o quizá no, esta película made in Portugal estará en una sala de cine para que la pueda ver. Pero esto sólo después del verano, y con una bonita mascarilla puesta.

Siguiendo con Portugal, el país, cuarenta años después, sigue siendo el país de las tres F’s (Fado, Fátima y Fútbol) y, en plena «silly season», el deporte rey acapara parte de los títulos más sonados. Por no hablar de las habituales entradas y salidas del fútbol, y teniendo en cuenta que estamos a las puertas de los cuartos de final de la Champions League en Lisboa.

Si este fuera un año normal, toda la región se llenaría de fanáticos en la que es una de las competiciones deportivas más prestigiosas del mundo. Este año no pasará lo mismo. El público no estará en los estadios de la Luz y de Alvalade, pero sucederá lo mismo dentro de unos meses con la F1 y, posiblemente, con la Moto GP. Estas son las restricciones que la Covid-19 nos ha traído, y donde podemos ir la playa y a corridas de toros, pero no se nos permite estar presente en eventos deportivos. Además de esto, algún día vamos a comer sándwiches mixtos a bares y discotecas, que no pueden abrir hasta las 20h.

Si algo ha marcado esta semana, ha sido explosión de nitrato de amonio, en Beirut. Este accidente, le ha arrebatado la vida a 158 personas y ha herido a otras 6.000. En los últimos días, se ha descubierto que esta carga, que estaba en el silo de Oporto hace seis años, debía haber llegado a la ciudad de Beira, en Mozambique.

La elevada carga explosiva, unas 2.7 toneladas, había sido adquirida por la fábrica de Explosivos de Mozambique (FEM). Sólo que el barco nunca llegó a Beira debido a la falta de dinero del dueño de la embarcación, que tenía pabellón ruso. Pero en medio de tanta nacionalidad, ¿qué papel desempeñaron los portugueses? Es que, como es obvio, tenía que haber portugueses metidos en el medio. ¡Y aquí estamos nosotros!

FEM, dueña del nitrato, es propiedad de Moura, Silva & Filhos, con sede en Póvoa de Lanhoso, en el distrito de Braga. ¿De qué sirve todo el caos vivido en Libia? de nada. Es sólo una prueba de cómo hay portugueses en los cuatro rincones del mundo.

Pero si después de toda esta conversación no están de acuerdo en que estamos en una «strange season» («estación extraña»), aquí va otra chispa a nuestra hoguera (mala comparación en un artículo en donde he empezado hablando de incendios). Rui Pinto ha sido liberado y esperará su juicio en una casa vigilada, al mejor estilo de la protección de testigos del FBI. Sobre este caso, que afecta tanto a clubes de fútbol, como a la empresaria Isabel dos Santos, se ha hablado mucho, y algunos consideran al joven hacker portugués un preso político.

Por lo demás, Ana Gomes, antigua diputada y posible candidata a la presidencia de la República, ha sido, desde el primer momento, una de las más acérrimas defensoras del hacker; que va a trabajar para las autoridades como investigador, y con una nueva identidad. De Rui Pinto se ha hablado aquí, en EL TRAPEZIO, y en numerosos medios de comunicación, tanto de Portugal como del extranjero. No voy a hablar de sus actos porque hay opiniones para todos los gustos. Unos ven al joven portuense como un criminal, y otros lo consideran un Robin Hood moderno, pero sin arco y flecha, y con un portátil y discos duros como armas favoritas. ¿Será ahora que, con el nuevo héroe nacional, la corrupción en Portugal se va a acabar? Esta es una meta difícil de lograr, ya que vamos con retraso en una nación de 900 años de historia.

Bien, prometo que después de este año (si termina este calvario), no volveré a decir jamás que el verano es la época en la que no sucede nada. Después de tanta prosa, nada mejor que un corte de fruta fresca o un paseo a la luz de la luna.

¡Hasta la próxima semana!