Badajoz, la educación patrimonial y la larga sombra de Elvas

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Hace unos días reflexionaba sobre la burda utilización que en los últimos tiempos se hace en Badajoz de la figura del rey Alfonso IX. La inauguración el 18 de marzo de 2021 de un mural cerámico en el paseo fluvial que recordaba la conquista de la capital bajoextremeña por el rey leonés y la voluntad por establecer el 19 de marzo –legendario día de la conquista– como Día de Badajoz por algunas formaciones políticas y asociaciones locales han suscitado reacciones sociales de lo más diversas. Una de ellas ha sido un acto vandálico sobre el homenaje cerámico apenas un mes transcurrido desde su inauguración, con pancarta incluida, que hacía añicos un parte de la obra, concretamente la parte en que se representa al ejército cristiano conquistador.

Lamentablemente, en Badajoz estamos acostumbrados a este tipo de actos, provocados por gente de ideologías opuestas y también por gente incapaz de tener ideología. Si a esto añadimos el ambiente de crispación en el que estamos inmersos y la general incultura de la que gozan muchos de nuestros políticos, el cóctel apropiado para que sucedan estos acontecimientos. Aún más, en una ciudad caracterizada por la tradicional ignorancia sobre su historia y por la dejadez de su patrimonio, no puede sorprendernos que cada vez que se inaugure o se rehabilite algún elemento patrimonial aparezcan energúmenos a dejar su huella. Y es que se ha olvidado la cuestión más importante, la educación y pedagogía histórica y patrimonial.

Supongo que podemos partir de la base de que la educación ha de ser entendida como un pilar fundamental en una sociedad “desarrollada”. Sin embargo, los estudios universitarios de Magisterio y Pedagogía son los que gozan de menor prestigio en España. Es más, la no exigencia de nota mínima para emprender estas carreras o la posibilidad de realizarlas en cualquier ciudad de rango universitario ya nos indica el escaso mimo social para con el oficio de maestro y/o pedagogo. Tal vez, si, al igual que ocurre con la carrera de Medicina, se requiriera una nota alta para su ingreso, llegarían a ser educadores los que realmente tuvieran vocación para ello, y no solamente los que buscan ser funcionarios. Este punto me parece clave para seguir con todo lo demás.

Otra cuestión esencial es el estatus socioeconómico que las Humanidades tienen hoy en día. Convendrán conmigo que el arrinconamiento al que están sometidas materias como la filosofía o las lenguas clásicas o la extendida consideración de la Cultura como ocio y no como necesidad del ser humano (en tanto que es lo que nos diferencia de los animales), no ayudan para comprender la sociedad misma, ni por supuesto para desarrollar un pensamiento crítico. Así, la Historia o el Patrimonio no son más que “cuentos del pasado” o “construcciones antiguas” que únicamente sirven para saciar curiosidad, como pasatiempo o para obtener beneficio económico de ello mediante su reconversión turística.

Añadamos, por último, la estrechez de miras sobre estas cuestiones apuntadas de los responsables políticos que, en teoría, son los encargados de tomar medidas que mantengan o cambien lo dictado. Ni que decir tiene que la falta de entendimiento en España sobre una Ley de Educación que supere una legislatura demuestra lo que venimos sosteniendo. Una sociedad culturalmente avanzada no puede sustentarse en proyectos de cuatro en cuatro años. En el caso extremeño, además, los distintos colores políticos que han gobernado la Junta y la ciudad de Badajoz ha tenido como consecuencia un todavía más acusado electoralismo, lo que sin duda ha influido en las políticas sociales y culturales urbanas.

Con este panorama brevísimamente expuesto, aunque en los últimos años ha habido cambios en lo que respecta a la sensibilidad hacia el patrimonio de Badajoz, la excesiva lentitud de proyectos de rehabilitación patrimonial y el escaso porcentaje de población activa en el mundo de la pedagogía histórica, no evitarán a corto plazo nuevas acciones y declaraciones desprovistas de perspectiva cultural, sean roturas de murales, manchas de pintura sobre estatuas de conquistadores o llamamientos “reconquistadores”. No obstante, a pesar del pesimismo expresado, Badajoz tiene potencial suficiente para revertir la situación. Una ciudad que ha sufrido tanto por guerras y por abandono de su patrimonio histórico no debería pasar la oportunidad de reivindicarse culturalmente. Además, tiene un espejo muy cerca: Elvas.

La coqueta ciudad portuguesa, Patrimonio de la Humanidad, es la hermana pequeña de la ciudad española y ha conseguido brillar con una luz propia que no ha alcanzado a irradiar sobre Badajoz, a pesar de la proximidad. Por el contrario, al este de la Raya solo ha llegado una larga sombra que oculta la belleza, hasta ahora sin maquillaje, de la capital bajoextremeña. La gestión del patrimonio que se ha llevado a cabo en Elvas en las últimas décadas ha sido excelente, y la concienciación patrimonial de sus habitantes, igualmente envidiable.

Badajoz debe mirarse en el espejo elvense. La alcazaba debe ser un centro arqueológico, museístico y universitario –no solo turístico–, donde se fomente la educación patrimonial. Y el resto del casco histórico debe erigirse en un barrio cultural, atractivo para estudiantes y artistas. El momento propicio es ahora, cuando se han iniciado las obras del Campillo y se proyecta por fin el Consorcio. El ayuntamiento y la Junta deben estar a la altura. Ojalá un día, cuando la Cultura badajocense goce de un florecido estatus, dejen de ser comunes los atentados contra el Patrimonio. Solo hace falta mirar al otro lado de la Raya.  

 

 Juan Rebollo Bote

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