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El 1 de octubre de 2016 se reunieron las organizaciones hermanas, Movimento Partido Ibérico (mPI) y Partido Ibérico Íber, en el Hotel Turim Europa de Lisboa, en el marco de la Cumbre de Lisboa, con la intención de concretar un discurso y unas propuestas comunes para avanzar en la convergencia de España, Portugal y Andorra. En total los asistentes fueron 25 iberistas, portugueses y españoles. El presidente del Partido Ibérico Íber, Ramón Martín-Lara, y el presidente del Movimento Partido Ibérico MPI, Paulo Gonçalves, firmaron la Declaración de Lisboa. Aprovecharé este artículo para contar la génesis de esta Declaración, dado que participé en primera persona.

El proceso de elaboración de la Declaración nace de la constatación de la necesidad de dar credibilidad al iberismo como proyecto político y programático. Existía la urgencia de superar ese antiguo iberismo folclórico de redes sociales, donde cada persona daba la matraca con su mapa peninsular y su fórmula mágica. Para dar un paso adelante fue necesario asesorarse con expertos en diplomacia. También era igualmente necesario conseguir un impacto mediático notable para que quedara el registro para la opinión pública y la historia. Finalmente se consiguió un impacto superior al pensado, aunque la ambición era alta. Se hicieron eco en prensa escrita en Portugal y en periódicos digitales en España (ABC, El Confidencial, La Vanguardia, El Español, InfoLibre, Sputnik, Diário de Notícias, El Periòdic, Editorial de Diari d’Andorra, …). También en estos años ha sido citada esta Declaración en varios libros.

Los ingredientes de la Declaración fueron los siguientes. La elaboración del contenido de la Declaración de Lisboa fue fruto de una investigación, que realicé durante varios meses, sobre historia del iberismo, que se publicaría primero en el Blog Estado Ibérico y posteriormente en versión definitiva en EL TRAPEZIO. Asimismo, fue el resultado de tomar notas de opiniones en foros iberistas y debates internos del Partido Ibérico Íber, en un momento donde todavía se vivía el auge participativo de los ciudadanos en política iniciado en el 15-M, a consecuencia de la crisis económica, y que se alargó durante varios años. El mPI creció en Portugal para no ser “esclavos” de la Troika y en España, el Íber, por la crisis del bipartidismo. Por tanto, había un terreno fértil de generación de ideas. La contraparte portuguesa para negociar los contenidos de la Declaración era Paulo Gonçalves. Queríamos hacer intercomprensibles, a ambos lados de la Raya, los términos políticos, dados los tradicionales malentendidos y desconfianzas. La inclusión de Andorra y de la Iberofonía es fruto de conversaciones con Frigdiano Álvaro Durántez Prados. La Declaración de Lisboa también contiene algo de la identidad poética de la ibericidad de Fernando Pessoa, así como del espíritu del iberismo brasileño de Gilberto Freyre y sus visiones del mestizaje.

Camino del quinto aniversario, el mPI y el Íber han convocado la “1ª Revisión de la Declaración de Lisboa” en un encuentro en Madrid para el día 30 de octubre de 2021. Según los convocantes, “la primera y principal razón para realizar esta primera revisión es la de tener un documento vivo y actualizado a las problemáticas actuales de ambos países. Abriéndose un plazo de aportaciones a dicho documento, tanto por particulares como por colectivos que tengan dentro de sus objetivos principales el desarrollo ideológico transversal del iberismo. Siendo la fecha límite para aportaciones y adhesiones el 15 de octubre de 2021”. Días después de este anuncio, el mPI, en su web, ha agradecido la existencia de EL TRAPEZIO porque contribui ativamente para um ganho civilizacional na nossa sociedade, a intercompreensão e o mútuo conhecimento; pilares basilares para uma relação Ibérica futura que pretendemos mais cúmplice e mais coordenada na, tão necessária, divulgação da cultura Ibérica em particular e da Iberofonia em geral”.

La Declaración de Lisboa nació como una hoja de ruta estratégica tanto política como comunicativa, que pretendía ser la propuesta política del iberismo del siglo XXI para la Península y para el mundo iberófono. Supuso un punto de inflexión en la historia del movimiento iberista puesto que, tras años de debate interno en España y Portugal, se consolidó un discurso común ibérico. Independientemente de los reconocimientos explícitos, la Declaración consiguió unificar programáticamente al movimiento iberista y racionalizar el debate en torno al iberismo.

El Partido Ibérico Íber y el Movimento Partido Ibérico, que se defineron en la Declaración como iberistas y paniberistas, se comprometieron a presentar a corto plazo a la sociedad civil y a los partidos políticos propuestas para el entendimiento cultural y político entre España y Portugal. Poco tiempo después así lo demostraron lanzando las 111 Medidas o, más recientemente, participando en los debates del Foro Cívico Ibérico y su manifiesto.

Estas son las principales ideas de la Declaración de Lisboa:

– La articulación constitucional y confederal de Iberia, como Comunidad Ibérica de Naciones, compuesta actualmente por Portugal, Andorra y España

– Medidas inmediatas: la unificación de los servicios públicos, la seguridad social, el espacio radioeléctrico, organismos reguladores del mercado y bancos centrales, creación de ligas deportivas ibéricas, convalidación automática de títulos educativos, creación de materias comunes en planes de enseñanza y promoción de la enseñanza bilingüe hispano-lusa, como así se afirma en la Declaración iberoamericana de Salamanca (2005).

– Juntos somos más fuertes y viviremos mejor. La suma ambas economías aumentaría nuestro poder de negociación con la Comisión Europea y la Troika. Un voto con liderazgo ibérico puede tener más influencia que dos votos separados. Nos supondría ganar PIB, población y superficie.

– Una economía ibérica integrada nos situaría en una economía de escala mucho más eficaz y eficiente, convirtiendo a la Península Ibérica en una potencia intermedia, lista para entrar en el club del G8.

– Es una oportunidad de oro para demostrar que tenemos un enorme potencial para liderar juntos un nuevo paradigma de la globalización. Estamos convocados para construir Iberia y la Iberofonía.

– Condicionar la agenda política y que el nuevo iberismo del siglo XXI se convierta en una corriente ideológica transversal y hegemónica.

– La Comunidad Ibérica de Naciones, compuesta en la actualidad por los Estados soberanos de Portugal, España y Andorra, tendrá como idiomas oficiales sus respectivos idiomas oficiales: portugués, español y catalán.

– Proponer una solución superadora en torno al iberismo para garantizar la convivencia entre diferentes naciones de la península ibérica, reequilibrando el poder del centralismo madrileño y lisboeta en relación al eje del mediterráneo, el eje atlántico y las regiones que sufren del abandono institucional.

– En el plano global, defender la articulación intergubernamental de la Iberofonía, como Comunidad Iberófona de Naciones (los países que hablan español y portugués). La Iberofonía representa un 14% del PIB mundial.

– Abogar por un acuerdo entre el Instituto Cervantes y el Instituto Camões para el uso de la infraestructura común con la finalidad de divulgar las lenguas y culturas ibéricas, en pie de igualdad.

Para sorpresa de quienes no conocen la complejidad de fondo, la Declaración de Lisboa rechaza explícitamente una integración ibérica completa a cualquier precio. Ese proceso de convergencia necesariamente tiene que hacerse bajo los principios de de igualdad, beneficio mutuo y de no duplicidad de costes.

¿Qué nuevas ideas existen en el movimiento iberista después de 2016? Las innovaciones que han surgido en el campo del iberismo han sido los conceptos de coordinación institucional con mecanismos exclusivos ibéricos (bilaterales y transfronterizos), que bien se materializaron en el Mecanismo de Seguimiento de la Cumbre Ibérica, instrumento que debiera institucionalizarse en un nuevo Tratado de Amistad entre España y Portugal. El trabajo en la intercomprensión lingüística, la articulación de la Raya como sujeto político (como apoyó la RIET) o la superación de la frontera mediática mediante medios de comunicación ibéricos, son algunas de las novedades que EL TRAPEZIO viene impulsando como desarrollo de la propia Declaración, de su línea editorial y de su objetivo de crear una opinión pública ibérica.

Por último, me gustaría acordarme de la situación del pueblo brasileño. Del mismo modo que avisé de la necesidad de solidarizarnos con el pueblo portugués por su desbordamiento del sistema sanitario, lo hago también con nuestro querido Brasil. Independientemente de la distancia entre Gobiernos, la relación solidaria entre Estados y entre Pueblos debe prevalecer; en un momento en que la hipótesis de que Lula vuelva a ser presidente en 2022 comienza a ganar fuerza. Lula fue en el pasado una pieza clave en el acercamiento de Brasil al mundo hispano, incluyendo a España.

Pablo González Velasco