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He hablado innumerables veces, especialmente en artículos que he escrito en mi antiguo blog personal, sobre los peligros existentes en internet, y cómo esta tierra sin ley (una especie de western donde los «matones» del teclado se creen que son los señores de la verdad única) está cada vez más «arraigada» en nuestras vidas. De hecho, aquí, en Portugal, algunos diputados han hablado de la urgencia de castigar con mayor dureza los crímenes que se cometen en la red.

Hablo de crímenes y esta vez no me refiero a la difusión de noticias falsas o al acoso escolar. En un directo por internet de un «humorista» (nada de semejante con el maravilloso «Como el Bicho Mueve», de Bruno Nogueira), uno de los participantes admitió que había violado a una chica que estaba inconsciente. En este directo, incluso llegó a mencionarse el nombre de la víctima; y, sinceramente, me vino el recuerdo de lo sucedido en el caso de la «manada», en España.

¿Qué se debe hacer cuando se admite un delito en línea? Si al principio de este artículo he mencionado que las redes sociales podrían ser muy tóxicas, esta vez ha sido al revés. Se produjo una «cancelación» inversa de los usuarios de Twitter, poniendo este caso en trending topic, lo que llegó a oídos de la policía. En cuanto al trabajo de las autoridades, estas sólo han cnfiscado el teléfono del supuesto acusado, y ya hay quien dice que todo lo que él ha dicho es mentira. Una forma de hacerse el «macho» delante de sus amigos. Pero, aunque todo haya sido mentira, personalmente sostengo que es cada vez más necesario tener leyes estrictas que refuercen la idea de que no todo está permitido. Esto, por supuesto, sin ir en contra de la libertad de expresión.

Déjenme contarles una historia. La facultad donde estudié está muy cerca de un gran grupo de comunicación portugués (estos son dueños del periódico «Correio da Manhã» y de su respectiva televisión) Y, como muchos de mis colegas cuando terminaron sus estudios decidieron probar suerte en este lugar, yo acabé haciendo lo mismo. Todas las puertas son bienvenidas, y este es un mundo en el que es muy difícil entrar, por eso cuando supe que había conseguido una pasantía me sentí muy feliz y afortunada.

Como siempre he sido bastante reservada, sólo le conté esta noticia a unos familiares cercanos, y a un colega que solía ir conmigo a correr por la ciudad entregando currículums.

Unos días más tarde, recibí una nueva llamada de la misma compañía, pero esta vez eran de todo menos buenas noticias. Alguien había hackeado mi habitual cuenta de correo electrónico (habían hecho sólo un ligero cambio en mi nombre), y se habían puesto en contacto con mi empleador para calumniar a la empresa, pero en mi nombre.

Al final de esta llamada telefónica, donde me acusaron de haber hecho algo que era mentira (volví a tener este mismo sabor amargo en otra ocasión, pero el resultado resultó ser ligeramente diferente), me dijeron que tendría mucha suerte de no ser demandada, y que nunca más me pusiera en contacto con ellos. Como comprenderán, estaba devastada por la oportunidad perdida, y muy preocupada por ver mi nombre en esa situación tan comprometida.

Al día siguiente, de nuevo en Lisboa, decidí ir a la comisaría de policía para presentar una denuncia de robo informático contra terceros. La única prueba que tenía era un segundo e-mail que me habían enviado, en donde decían que iban a hacer de mi vida un «infierno», y muchas sospechas (en realidad eran dos personas las posibles culpables, y una de ellas sabía de esa etapa, así como entrar en mi e-mail, pero no tenía una prueba física que pudiera entregar a las autoridades). Sin pruebas, la policía no consiguió hacer mucho, e inmediatamente al momento de registrar este incidente, el guardia de servicio me explicó que estos casos eran siempre muy complicados. Después me pidieron que contratara un abogado, y esta historia y todo un camino de vida que había ideado para mí… terminó.

Espero que hayan entendido cuál era el mensaje que yo quería transmitir contando esta historia; una historia que he sufrido en mis propias carnes. Todo lo que se escribe en internet se eterniza, y tiene un impacto en la realidad que puede causar graves daños en la vida de cualquier persona; de todos nosotros. En Japón, una profesional de lucha libre (modalidad muy conocida en el país), se quitó la vida después de haber sido víctima de acoso cibernético. Este caso ha tenido una gran repercusión en los medios de comunicación, y está siendo investigado por las autoridades, que han prometido no descansar hasta que la justicia encuentre a todos aquellos que de una forma u otra han contribuido a este final.

¡Así que nunca olviden que todos nuestros actos tienen y deben tener consecuencias!

Andreia Rodrigues