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Es conocida la peculiaridad de la economía española de mantener unos índices de desempleo muy superiores al resto de países, también en relación al vecino Ibérico. En concreto de la Encuesta de Población Activa (EPA), referida al tercer trimestre del año, arroja un índice de desempleo del 13,92%. En Portugal el dato del mismo trimestre, que publicó la semana pasada el Instituto Nacional de Estadística (INE), marca un 6,1%. En ambos países en el último año los índices disminuyeron en 0,6 puntos.

En su dato que resulta paradójico. ¿Cómo es posible que una economía que parece de modo general más próspera tenga mayor desempleo? ¿No es el trabajo lo que posibilita el desarrollo y la prosperidad de un país?

Vamos a tratar de desentrañar esta aparente contradicción. En primer lugar, constatamos que efectivamente la economía española es algo más prospera que la portuguesa pues la renta per cápita es aproximadamente un 25% mayor.

En segundo lugar, vemos otro factor; en España trabajan solo 19,8 millones de personas sobre una población de 47 millones y en Portugal trabajan 4,8 millones sobre una población de algo más de 10 millones. Es decir, en España además de más desempleo hay un menor porcentaje de población trabajando en relación al total.

Pero hay otros factores diferenciales que son el nivel de los salarios y la productividad. En España el salario medio (26.923 €) es un 50% superior al portugués (18.343 €) y la productividad un 33% superior en España que en Portugal.

En España hay un índice de desempleo más elevado, una mayor productividad y unos salarios no solo más elevados, sino más elevados que la diferencia de productividad existente entre los países ibéricos. Tenemos, entre Portugal y España, un modelo laboral claramente diferente.

En España se han mantenido unos salarios más elevados y cercanos a la media de la UE, probablemente a costa de soportar un mayor desempleo. Portugal tiene unos salarios significativamente bajos, pero el desempleo es también bajo.

El desarrollo económico en España es mayor, y además los recursos humanos ociosos son porcentualmente mayores que en Portugal.

En la coyuntura de los últimos años España ha conseguido crear empleo por encima del nivel de crecimiento económico, pero a costa de bajar la productividad, y con unos salarios en términos generales estancados, salvo un repunte apreciable en 2018. Dicho de otro modo y como es de sobra conocido, se ha salido de la crisis, pero las condiciones laborales no mejoran.

Portugal ha seguido una senda de mejora económica, dejando el desempleo en un nivel muy positivo, y subiendo salarios ligeramente, pero con la losa de una productividad a la baja, desde un punto de partida ya bajo. Sino mejora la productividad en Portugal será inviable mantener el crecimiento y las mejoras salariales. Una manera, quizá más sencilla, de que Portugal gane productividad, es que las compañías lusas alcancen de manera general una dimensión ibérica.

Sin embargo, la economía va deprisa y hemos llegado a este final de año 2019 con un cambio de expectativas de crecimiento muy importantes, con un enfriamiento económico claro y con un panorama incierto.

En el nuevo contexto ambos países están apostando por la subida del Salario Mínimo. España tiene un salario mínimo de 1050 Euros y Portugal de 700 Euros en doce pagas anuales. Para 2020 el gobierno portugués ya ha aprobado una subida a 740 Euros con el objetivo de alcanzar los 875 Euros para 2023, y el preacuerdo de gobierno en España entre el PSOE y PODEMOS, avanza importantes subidas, aún por determinar. También la negociación colectiva presiona al alza los salarios.

Las preguntas que se ponen sobre la mesa son de lógica ¿Es conveniente subir salarios cuando nos adentramos en una desaceleración económica? ¿Con la productividad a la baja es coherente la expansión salarial? ¿Se producirá un aumento del desempleo por estas subidas? ¿Las subidas salariales tendrán un efecto beneficioso sobre la demanda agregada y el empleo?

La economía es una ciencia mínimamente exacta, y estas preguntas solo se podrán contestar con el paso del tiempo.

Es evidente que los niveles salariales en Iberia no son los deseables, y que a todos nos gustaría verlos subir, pero quizá una ley no sea el camino más adecuado para hacer ese deseo realidad.

En España el reto más importante es alcanzar un nivel de desempleo al menos en línea con los países del entorno Europeo. En Portugal el reto es mejorar la productividad, para hacer sostenible un imprescindible aumento de los salarios.

 

Pablo Castro Abad es editor-adjunto de EL TRAPEZIO y licenciado en Ciencias del Trabajo