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Fruto de la reflexión en Macao y de las conversaciones con un obispo portugués, el diplomático lusófilo Sinibaldo de Mas (Barcelona 1809-Madrid 1868) publica en Lisboa una propuesta de unificación nacional a través de un mercado único: “La Iberia: memoria sobre la conveniencia de la unión pacífica y legal de Portugal y España” (1851). Además de un contundente argumentario, el diplomático catalán propone una bandera de cuatro colores: blanco, azul, rojo y amarillo.

Sinibaldo intenta convencer a los portugueses que la mayoría de políticos españoles no proceden de su “temida” Castilla, sino de varios puntos de la península, con especial relevancia de Andalucía. En el mismo año también Henriques Nogueira, padre ideológico del republicanismo portugués, publicó “Estudos sobre a reforma em Portugal”, ya en clave de iberismo federal. Joaquim Maria da Silva, en 1854, publicó en Oporto una obra titulada “Federação ibérica, ou ideias gerais sobre o que convém ao futuro da península”.

La década de los 50 del siglo XIX es la época dorada del iberismo portugués, que se refleja en la prensa de España y Portugal. Aquellos años suponen un pequeño ensayo de la creación de una opinión pública ibérica.

En estas décadas, se crean pequeños grupos (“ligas”) iberistas en Madrid, Málaga y Galicia de corta duración. “Iberia” se pone de moda y muchas cafeterías toman ese nombre. El Ateneo de Madrid aborda el tema en diferentes conferencias con el apoyo de Arturo de Marcoartú. Nace el periódico liberal e iberista, “La Iberia” (1854-1898), fundado por Pedro Calvo Asensio. Entre enero y septiembre de 1868 recibió el nombre de “La Nueva Iberia”.

En 1854 se publicó en Oporto el anónimo libro “Federacão Ibérica”, que contenía el interesante “Proyecto de bases para la constitución federal de los Estados Unidos de Iberia” con capital en Lisboa. Karl Marx escribe, el 1 de septiembre de 1854, un artículo para el periódico londinense New York Daily Tribune con el título: “La Constitución de la República Federal Ibérica”, en plena Vicalvarada progresista. Marx reproduce un esbozo anónimo de constitución repartido en Madrid donde establece un régimen basado en el sufragio universal y en el armamento del pueblo.

La fusión ibérica” (1861) de Pío Gullón plantea una anexión española de Portugal. Es la excepción hegemonista española dentro de la norma iberista de respeto a la soberanía portuguesa. Dicho libro fue duramente criticado por Juan Valera en “España y Portugal”, artículo publicado en la Revista Ibérica en el mismo año. Valera mantiene correspondencia con Latino Coelho, un iberista portugués que escribe prólogos para Sixto Cámara (“A União Ibérica”; 1859) y para el citado libro de Sinibaldo De Más.

Los iberistas ejercitaban toda clase de “matemáticas monárquicas” a la hora de escudriñar qué combinación de matrimonio o herencias dinásticas podría hacer parir una Iberia. Pedro IV, Isabel II (de Portugal), Pedro V, Luis I o Fernando II, son posibles candidatos liberales a substituir a una dinastía de Borbones cada vez más odiada. No obstante, muchos progresistas se iban pasando al bando de los republicanos y aumentaba la agitación en las calles. La partida estaba abierta.

Continuará…

 

Pablo González Velasco es coordinador general de EL TRAPEZIO y doctorando en antropología iberoamericana por la Universidad de Salamanca