Español Portugués, Portugal

Quiero empezar otro artículo recurriendo a la sabiduría popular. Se suele decir que «una golondrina no hace la primavera», pero prefiero creer que una golondrina puede marcar la primavera.

Todo empieza con un suceso, como siempre. Esta vez, el protagonista de nuestra historia es el torero João Moura (denominado como «maestro» portugués, en la tradicional disciplina del toreo), y los 18 galgos que este tenía en su granja de Alentejo.

Una denuncia anónima, que fue difundida en las redes sociales (algo común hoy en día), llevó a la policía al lugar en el que se encontraban los galgos. Las autoridades encontraron a estos animales, galgos británicos criados para la caza de perdices, en un alto estado de desnutrición. Un hecho que conmocionó a todos los que vieron las imágenes difundidas en las televisiones y en las portadas de los periódicos.

Los animales le fueron inmediatamente arrebatados al torero, que fue llevado a la comisaría para prestar declaración. En cuanto al destino de los 18 perros, dos murieron y el resto aún están en tratamiento, pero con varias propuestas de adopción.

Así somos, siempre dispuestos a ayudar, aunque con pereza para actuar. Estaremos indignados hasta que aparezca otro escándalo, que lleve nuestra indignación a otro asunto.

En relación a esta historia, y sabiendo que hay muchos más casos en Portugal (aunque no con la misma repercusión), quiero centrarme en la protección que damos a los animales, y no en la profesión del torero, la cual muchos están usando como disculpa para el trato que le dio a estos galgos. Yo no acepto esta excusa.

Estar o no en contra de las corridas de toros es algo que está de moda, y como nunca he estado de moda, prefiero quedarme al margen de esta discusión que, al igual que el fútbol, no va a ninguna parte. Lo que tampoco va a ninguna parte son los extremismos que se están viendo en estos casos.

Los animales son nuestros mejores amigos. Este es un conocido cliché, pero lo cierto es que con ellos compartimos nuestra casa común, a la que llamamos Tierra. Con los animales deberíamos tener, como con la naturaleza, una relación de respeto. Ya no digo ponernos al mismo nivel, sino vivir en armonía para que podamos encontrar la felicidad. Pero la felicidad no se alcanza con acusaciones (a veces inventadas o fuera de contexto). Y digo esto porque, a veces, las autoridades adoptan una actitud que parece salida de las SS o de cualquier otra policía represora (sé que quizá la comparación haya sido exagerada, pero espero que entiendan lo que quiero decir).

En este caso, me gustaría que la justicia actuara, y que este señor tuviera que pagar una multa para demostrar que quien no puede o no quiere tener un animal, no lo tenga. Sólo quiero que se haga justicia, sea la persona rica o pobre, famosa o desconocida, como la persona que va todos los días a la hora del almuerzo a beber su café al local de la esquina. Si las leyes existen, y ahora incluso tenemos un partido en el parlamento (el PAN) para proteger a los animales y la naturaleza, debemos cumplirlas. Es nuestro deber como sociedad moderna.

La forma en la que tratamos a los animales debería ser un reflejo del tipo de personas que somos. Creo que es así. Y, desafortunadamente es lo peor. En un país donde los médicos son agredidos en los hospitales, los estudiantes no respetan a los profesores, o donde los servicios públicos se deterioran día a día, no podemos pedir un tratamiento diferente para un grupo de perros. Comiencen por cambiar la forma en que tratan a la gente, y luego protejan a aquellos que nunca se van de nuestro lado, por muy equivocados que estemos.

Espero que este caso sirva de ejemplo para que en el futuro los que cometen crímenes contra los animales se lo piensen dos veces. No olvidemos que las sociedades denominadas modernas serán juzgadas por la forma en la que las personas se miran unas a otras, independientemente de si tienen capacidad de hablar o no.

Hasta el próximo artículo. Sigan bien y mimen a su animal de compañía.

 

Andreia Rodrigues es licenciada en periodismo por la Escuela Superior de Comunicación Social de Lisboa (ESCS) y es una apasionada de todas las formas de comunicación. Contar nuevas historias y descubrir nuevas culturas es algo en lo que trabaja todos los días.