Español Portugués, Portugal

Como casi cualquier adolescente de 18 años, estaba revisando mis redes sociales cuando encontré con un tweet del exdiputado Juan Carlos Girauta. «Al final vais a despertar al león dormido», decía. Entre las respuestas, alguien comentaba que la derecha española ya había agotado todas las vías que existen para pedir un golpe de Estado y que ahora tenían que recurrir a metáforas. Metáforas. Mi mente dio un vuelco y regresó al pequeño Madrid de la Transición.

Inmediatamente me vino a la mente un artículo publicado en El Alcázar a 2 de diciembre de 1980. Su autor, el cronista de extrema derecha Joaquín Aguirre Bellver, desvelaba lo que todos los españoles ya sabían, pero preferían no decir: «Golpe a la Turca, Gobierno de Gestión, Gobierno de Concentración… Una carrera de caballos de Pavía […] A estas alturas el que no tiene su fórmula del golpe es un Don Nadie. (…) Entre tanto, Suárez pasea solo por los corredores, sin que nadie le haga caso».

Ciertamente, el Madrid de las conspiraciones tramaba mil y una operaciones contra el presidente que había construido la democracia en España, Adolfo Suárez, y el susodicho caminaba solo —o, más bien, sólo acompañado por Gutiérrez Mellado— por los pasillos del Congreso de los Diputados. Meses después de aquel artículo, el teniente coronel Antonio Tejero asaltaría el hemiciclo con la Guardia Civil durante la investidura del nuevo presidente, Calvo Sotelo, tras la dimisión (forzada) de Suárez. Todos los españoles, y seguro que muchos portugueses, recordamos las durísimas imágenes del 23-F.

Pero, ¿cuántos recordamos las llamadas que muchas figuras públicas hicieron a un «golpe de timón» entre 1979 y 1980? Pocos. ¿Cuántos recuerdan el hipotético «Gobierno de Concentración Nacional» del general Armada refrendado por políticos de todos los partidos? Mucha menos gente de la que debiera ser. Y hoy día hacemos gala de esa conveniente pérdida de memoria.

Hoy, en España, quienes somos demócratas y sí recordamos ese lúgubre 1981 sentimos miedo. Y así lo digo: siento pavor cuando escucho a Santiago Abascal declarar que «Vox reclama la dimisión inmediata del señor Sánchez y del señor Iglesias» y que proponen «la creación urgente de un Gobierno de Emergencia Nacional».

Sí. Escuchar estas palabas me hace volver al 23 de febrero con Tejero o al 3 de enero de 1874, cuando el general Pavía entró al Congreso de los Diputados —no a caballo, como dice la leyenda— y suspendió la investidura de Eduardo Palanca Asensi. ¿Puede ser que el Partido Popular, Vox y Ciudadanos, junto a los sectores neoliberales del PSOE, estén conspirando abiertamente contra el Gobierno de Pedro Sánchez para instaurar un Gobierno de Concentración? Quiero creer que no, pero, ante el golpismo, nacionalismo exacerbado y patria del dinero, nosotros debemos dar una respuesta.

Debemos admitir que el Estado español se ha visto sobrepasado por la pandemia del Covid-19, pero que también lo han hecho todos los demás. Esta crisis sanitaria ha demostrado la necesidad de colaborar transfronterizamente en lugar encerrarse en los límites de cada país. Mientras la Unión Europea da largas, españoles y portugueses debemos ser conscientes de que en solitario seguiremos siendo ninguneados por la Comunidad Internacional.

Si queremos que esto cambie, el camino no está en un gobierno de “Emergencia Nacional” —pues no dejaremos de ser los mismos “cuatro gatos de siempre”—, sino en un Gobierno de Cooperación Íbera. Un gobierno donde la oposición española aprenda de la oposición lusa y donde el Gobierno portugués reciba los medios económicos que necesita para evitar el colapso de su sistema sanitario. La acción individual ha demostrado ser disfuncional. En estos momentos debemos recordar que sólo el pueblo salva al pueblo y que sólo un pueblo unido, el pueblo íbero, será capaz de imponerse a esta durísima crisis sanitaria, social y económica.

 

Daniel Ratón es secretario de Organización de las Juventudes Socialistas de Zamora.