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El sur de Europa no pide dinero al norte, no es esa la cuestión, pese a que constantemente es lo que puede parecer y repetirse. Portugal; Francia, o España están proponiendo, en el seno de la Unión Europea, mecanismos financieros para hacer frente a una pandemia vírica; es decir, a una catástrofe natural. La Unión Europea es de todos los europeos, no de unos más que de otros. La península ibérica, la itálica, y Francia, suman una población de 184 millones, de los 324 millones de personas que habitan los países del euro. En cuanto al PIB, los países sureños, suponen el 50% del total. Podemos decir que, en todo caso, el sur busca recursos financieros en el propio sur.

Últimamente estamos viendo en Holanda, y en otros países del norte, actitudes como las de un camionero que fue grabado diciendo a su primer ministro: «Por favor, no le des ese dinero a italianos y españoles». Rutte se reía a carcajadas contestando «lo tendré en cuenta». Es probable que en la mentalidad de ese trabajador se haya instalado la conciencia de que sus impuestos sirven para que en España pueda pagar sus gastos. Sin embargo, ese empleado podría estar recibiendo, a través de los servicios y prestaciones públicas, más de lo que aporta a las arcas del Estado holandés y, mancomunadamente, a la superestructura que es la UE, dado que el salario de los transportistas no suele sobrepasar la media. Es necesario recordar, que los impuestos los pagan las personas en función de su renta. Un ciudadano portugués con un alto nivel de ingresos está aportando más a la UE que el transportista que ha protagonizado ese patético diálogo. Además, Holanda supone sólo el 6,8% del PIB de la Eurozona. Los Países Bajos, aunque quisiesen, poco pueden aportar. También es importante subrayar el superávit comercial de Holanda con la península ibérica, que en 2019 ascendió a 9.700 millones de euros, más del 1% de todo el PIB holandés.

Pero… ¿cómo se ha instalado en el pensamiento de ese ciudadano holandés, y de otros muchos, esa idea? Las personas de a pie no suelen tener conocimientos muy exactos sobre deuda pública; tipos de interés; prima de riesgo… aun así, creen que: «El sur nos roba».

En España tenemos experiencia con este tipo de agravios, principalmente, en la cuestión catalana, y sabemos cómo se generan esos pensamientos. Una mentira se repite y se repite, utilizando a los medios de comunicación; a los líderes de opinión; a la escuela; se busca el sentimiento; la bajeza ética de culpabilizar a los otros de lo que pueda pasar. El rédito político está en liberarse de las responsabilidades propias.

Realmente, me asombra que países «tan civilizados», generen y abunden en estereotipos, tan falsos y simples. Las risas de Urtter son, nuevamente, «re-pung-nan-tes»; utilizando la expresión del primer ministro portugués, António Costa.

No salgo de mi asombro cuando veo a ciudadanos del sur sumarse a esta idea; abundando en tópicos de la anterior crisis. Se relacionan, de manera ridícula y nociva, los casos de corrupción; el sueldo de los políticos; el despilfarro público, con la actual necesidad de que los Estados estimulen la economía. Una parte del electorado de derecha lleva ese cliché mental a la situación actual, buscando la erosión de los gobiernos. El trasfondo de estas actitudes ocasiona una falta de consenso en la lucha contra la pandemia, y un descrédito cada vez mayor de la clase política en España. En Portugal, la situación es bien diferente. El líder de la oposición tendió la mano a «su gobierno», lo que provocó admiración al otro lado de la Raya. No obstante, en el país luso también se escucha el antiguo discurso del despilfarro.

Produce estupor que se puedan obviar que estamos en una crisis sanitaria; afrontando una tragedia humana, que deja ya más de 100.000 muertos en Europa. Creía que nuestros padres nos enseñaron que hay que estar unidos en la adversidad.

No obstante, del norte también llegan buenas noticias, como el mensaje de apoyo a los españoles por parte de la presidenta de la Comisión, la alemana Ursula Von der Leyen; asegurando que «no os vamos a defraudar»; «el Gobierno español dispondrá, para apoyar la economía, de tanto dinero como sea necesario». Ursula, esta vez sí, ha sido nuestra presidenta; la presidenta de toda Europa.

En el plano doméstico ibérico, el acuerdo alcanzado entre Ciudadanos y PSOE en España, para que el primero vote a favor de la nueva prórroga del estado de alarma, puede suponer un punto de inflexión que favorezca el entendimiento entre el bloque izquierdista y el centro político.

Ahora más que nunca, pasada la primera etapa de la pandemia, es cuando vienen las consecuencias más duras; la posguerra, que siempre se ha dicho que es peor que la propia guerra. Necesitamos más consenso; más lealtad; más acuerdos, en Europa y en cada país.

En este mes de mayo deben concretarse las medidas económicas para hacer frente a la crisis. El Consejo Europeo ha de aprobar el Plan de Reconstrucción, y la manera de financiarlo. Ya sabemos que hay cierto consenso en la cuantía, unos 1,5 billones de euros, aunque falta acordar el mecanismo financiero. Seguimos pacientes, y anclados al optimismo.

Debemos ser insistentes, las verdades hay que repetirlas muchas veces. Europa es un club de unión; de progreso; de democracia. Europa somos todos.

 

Pablo Castro Abad es editor-adjunto de EL TRAPEZIO y licenciado en Ciencias del Trabajo