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Barcelona no tiene, a diferencia de Lisboa, una Plaza de los Restauradores. En 1640 la división política de la península quedó limitada a dos territorios: el de la monarquía hispánica y el del Reino de Portugal.  Aún hoy el día 1 de diciembre es fiesta nacional en Portugal. En ese día se conmemora la Restauración que puso fin a la Unión Ibérica.

Todavía se publican en la prensa portuguesa artículos como el de Rui Tavares en el diario Público: “E se 1640 tivesse saído ao contrario?”, en el cual el paralelismo entre Cataluña y Portugal aparece como un fantasma arraigado en el subconsciente colectivo de no pocos portugueses, que desde esos sentimientos nacionales hacen sus análisis y dan sus opiniones, sobre los actuales acontecimientos en Cataluña. No debe extrañar que tales opiniones se hagan desde una especial complicidad y empatía para con el independentismo catalán.

Sin embargo, en 1640, Cataluña no dividió la península en un tercer trozo. Y desde 1640, han transcurrido 369 años, más de la mitad del tiempo que el imperio Romano permaneció en Hispania, mucho tiempo.  Por otra parte, es interesante recordar que la idea de nación se desarrolla durante el siglo XIX, y que en el siglo XVII los sentimientos nacionales no están presentes en las emociones de la humanidad.

Pero nos podríamos preguntar el cómo le ha ido a Cataluña, en relación a Portugal, desde aquellas fechas tan recurrentes en el imaginario colectivo del nacionalismo del otro lado de la Raya. Antes de empezar con algunos datos es preciso decir aquello de que las comparaciones son odiosas, aunque en este caso son necesariamente pertinentes.

La superficie de Cataluña es de 32.000 Km2, aproximadamente un tercio de la superficie de Portugal, que es de 92.000 Km2; también la población de Cataluña (7,5 millones) es menor que la de Portugal (10,2 millones). Sin embargo, el producto interior bruto catalán (231.000 millones de euros) es bastante mayor que el portugués (203.000 millones de euros). Lo anterior se explica por la severa diferencia en renta per cápita, siendo la de Cataluña de 30.769 Euros y la de Portugal de 19.830 Euros. Los catalanes tienen un 50% más que de renta que los portugueses. El salario mínimo que rige en Cataluña es el de España, 1.050 Euros por mes en 12 pagas anuales, en Portugal alcanza los 700 Euros, igualmente considerando 12 pagas anuales.

Se viven más años en la comunidad autónoma mediterránea (83,15 años de esperanza de vida), que en el país atlántico (81,6 años de esperanza de vida). Los catalanes tuvieron un superávit comercial de 17.900 millones de Euros con el resto de España y los portugueses tiene un déficit comercial de 6.500 con la totalidad. En índices de desempleo, Cataluña (11,2%) tiene una tasa peor que la de Portugal (6,2%), no obstante, hay muchos más portugueses que van a trabajar a Cataluña que viceversa.

En esta comparativa interesa la cuestión de la lengua y la cultura, pues desde luego a cualquier colectividad le importa, obviamente en Portugal prácticamente el 100% habla el idioma portugués, mientras en Cataluña, solo saben hablar catalán el 80% de su población.

Podemos concluir a la vista de los datos, que a Cataluña le ha ido bastante mejor que a Portugal en términos económicos. En la cuestión de la lengua Portugal ha mantenido un monolingüismo en portugués, pese a la conocida habilidad con los idiomas de los portugueses, en tanto que Cataluña se contempla como una sociedad bilingüe, castellano-catalán, con predominio institucional para el catalán.

Pese a que Cataluña sale bien parada en esta comparación, y bien parada en cualquier comparación que pudiere hacerse con el resto de los territorios peninsulares, casi la mitad de la sociedad catalana vota a partidos independentistas. Existe una gran conflictividad sociopolítica con el poder central, que en estos días está dando lugar a tumultos de carácter violento en las calles. Paradójicamente esa buena situación relativa se apunta como una de las causas del independentismo, debido a que Cataluña paga en términos absolutos más impuestos que cualquier otro territorio del Estado.

Portugal y Cataluña. Cataluña y Portugal, destinos cruzados. Paralelismos y cercanía emocional. Partes del ruedo ibérico. Partes, al fin y al cabo, de un todo: nuestra amada península.

Pablo Castro Abad es editor-adjunto de EL TRAPEZIO