Un carnaval enmascarados

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Hace un año, el virus ya andaba por China, pero aun así salimos a la calle. Era necesario andar con mascarilla, pero salimos en carnaval. Debimos pensar que no sería peligroso, ¿verdad? ¡qué equivocados estábamos! La programación festiva se canceló poco después, y el resto es historia. Las fantasías de Darth Vader y los payasos (que se reúnen todos los años en Sesimbra para intentar batir el récord mundial) fueron dejadas de lado y cambiadas por las batas de los médicos. Empezamos con una mascarilla, y ahora se habla de la necesidad de dos para ayudar a protegernos de las nuevas variantes. En 12 meses hemos dejado de «jugar» a los médicos para pasar a tener un postdoctorado en medicina (y otro en teorías conspirativas) cursado a través de las redes sociales.

Hablando de Facebook y de otras páginas, donde abundan los grupos «por la verdad» afirmando que vivimos en una especie de Matrix (creo que estamos más cerca del «Triunfo de los Cerdos»), se ha cerrado la página online de un grupo de médicos negacionistas. Si algunos aplauden esta decisión, otros piensan que la libertad de expresión está en juego. Esta misma defensa ha sido utilizada por aquellos que todavía defienden a Donald Trump (que se ha librado de otra destitución), de su suspensión indefinida en Twitter.

Hemos pasado de una democracia de pleno derecho a una democracia defectuosa. Esta caída, también sentida en Francia, se explica por las decisiones tomadas en la lucha contra la covid-19, que ha hecho que hayamos vuelto a tener toque de queda, algo que no vivíamos desde la guerra o la Revolución de Abril. Para aplanar la curva y poder reabrir nuestra puerta, tenemos que esperar un poco más. La prisa es enemiga de la perfección.

Si queremos lograr este objetivo, es necesario desprenderse de algunas cosas, incluidos los almuerzos y cenas con los amigos. Tenemos que remar todos para el mismo lado. No se puede justificar lo que ha sucedido en Lapa, donde un grupito se ha reunido en un restaurante cantando «Grândola» (Zeca, creo que cuando escribiste este himno no estabas pensando en este desagradable futuro), para reclamar el derecho constitucional a la insurrección. Luchar por lo que queremos es nuestro derecho, pero nuestros derechos se acaban cuando empezamos vulnerar los de los demás.

En una semana de carnaval sin corsos en la calle; con los niños pegados a los ordenadores por la escuela virtual, y los padres trabajando como pueden, parece siempre el mismo día. ¿Cuántos de ustedes han perdido la noción del tiempo? Sabemos del día y de la noche; de la lluvia y del sol, pero poco más. Sin salidas, y con las rutinas intercambiadas (en la «Raya» muchos trabajadores transfronterizos han tenido que volver a usar los caminos del contrabando debido al cierre de las fronteras), muchos empiezan a presentar problemas psicológicos. Esta es una de las muchas peleas que tenemos por delante.

Depresión, ansiedad, e incluso estrés postraumático comienzan a ser comunes en los diferentes grupos de edad; especialmente entre los más jóvenes y las mujeres, que temen la evolución de la pandemia y lo que el futuro puede traer. Como ninguno de nosotros tiene poderes mediúmnicos, sólo podemos mirar un presente gris. Incluso sin las celebraciones habituales, el espíritu bromista no debe morir.

Si en Brasil las cajas que servirían para guardar las cervezas están siendo usadas para transportar las vacunas a la región del Amazonas; en Venecia, un grupo de enmascarados ha bajado hasta la plaza, pero respetando las debidas distancias. En Torres, los carros alegóricos y sus muñecos han sido puestos en medio de la calle para recordar tiempos más felices, y homenajear (algo que nunca es demasiado, pero debe ser siempre hecho de corazón) a los profesionales que están en primera línea contra la pandemia.

En comparación con el Reino Unido, que ya ha vacunado a 15 millones de personas, el plan portugués todavía está en su primera fase, y depende del suministro, pero la «ilusión» es mucha. Sólo después de haber sido vacunados, y de que la ayuda europea empiece a llegar a principios del verano, podremos empezar a aspirar a nuevos vuelos. Es decir, ahora ni siquiera volamos bajito (para Brasil y las islas británicas, las conexiones están interrumpidas). Todavía falta un poco para que volvamos a encontrarnos con nuestros amigos europeos.

Ahora perdóneme… ¡Voy a abrir la ventana y tirar serpentinas a la calle!

Andreia Rodrigues

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