Una amistad que viene de lejos

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Es verdad que en Portugal se suele decir que de «España ni buen viento ni buen casamiento», pero la verdad es que los dos países ibéricos tienen la típica relación de hermanos; siendo elogiada por países de fuera de nuestra Península. ¿Quién no se ha peleado con su propio hermano? Yo me convertí en hermana mayor a los 11 años y recuerdo, antes de que llegaran los gemelos, que admiraba a mis vecinos de abajo por como jugaban «al ratón y al gato». Para mí todo aquello era extraño, pero después lo entendí. En todas las relaciones de amor hay algo de picaresca. Es el picante que anima nuestras vidas.

Todos sabemos de los innumerables matrimonios que, a lo largo de los siglos, han existido en el seno de las dos monarquías ibéricas. Esta buena relación viene de lejos, y lo podemos ver en la actualidad. Ser portugués o español no es garantía de trabajo, pero escuchar la lengua del vecino nos despierta una sonrisa en la cara.

En Portugal ya no tenemos reyes, a diferencia del Estado vecino, pero la buena relación continúa, y en parte se debe a los gobernantes que, con altos y bajos, han conseguido trazar un camino común; juntos, sin darnos la espalda. Es el momento de dejar de luchar unos con otros y pasar a la acción para reconstruir nuestras vidas, que han sido alcanzadas por una bomba que ninguno de nosotros esperaba. Y es que vimos nuestro mundo durante meses desde la ventana, pero ya estamos preparándonos para la vuelta a la «normalidad» («normalidad»… una palabra cada vez menos normal).

Incluso con las fronteras cerradas, que continuarán en esta situación por lo menos hasta la Semana Santa, nos miramos con cariño, y el reciente viaje de Marcelo Rebelo de Sousa es la prueba de ello. Es la prueba de que Portugal abraza (o da un simpático codazo debido a la covid-19), no sólo a su historia, sino también a sus viejos amigos. Una vuelta al pasado para preparar el futuro. El presidente de la República, que ha tomado posesión para un nuevo mandato, apenas ha tenido tiempo para sentarse en Belém, y ya ha viajado al Vaticano (el primer Estado en reconocer la independencia portuguesa) y al Reino de España. Este ha sido un viaje relámpago, pero al igual que los relámpagos, lo que importa es el impacto causado.

En Madrid, donde se ha reunido con el rey Felipe VI, Marcelo ha colocado una piedra más en la construcción de la fructífera relación existente, no sólo entre los presidentes portugueses y los borbones, sino también entre sus jefes de Gobierno. La amistad que hay entre António Costa y Pedro Sánchez (que son de la misma familia política) es el ejemplo perfecto. Otro ejemplo fue Mário Soares y Felipe González, que llevaron a los dos países hasta la CEE. Lo cierto es que la amistad entre Lisboa y Madrid es muy beneficiosa para ambos pueblos. La mejora del ferrocarril o el Mundial ibérico son dos de los logros que anhelamos ver en el futuro.

Respecto al anterior rey de España, todos sabemos de su profunda relación con Portugal. Una pasión por las tierras lusas que ha heredado su hijo. Antes de ser coronado, el expresidente de la República de Portugal, Aníbal Cavaco Silva, y su esposa, fueron los primeros fuera de la familia en saber que Felipe y Leticia serían padres de su primogénita, la infanta Leonor. Esta situación, que podemos considerar como una muestra de cariño, es sólo un pequeño hito en una historia de 900 años. Incluso antes de que existieran los diferentes reinos que han dado origen a nuestros países, vivíamos en paz en este pequeño pedazo de nuestro paraíso.

No miremos al pasado, miremos al futuro. No se pregunte cuál será el futuro de Europa (algo que están discutiendo los líderes europeos), sino cuál será el futuro de la península ibérica.

¡Unidos vamos a lograrlo!

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