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El riesgo de incendio, que es bastante elevado en ocho municipios, y las condiciones meteorológicas adversas han hecho que, durante un período de 48 horas, Portugal se haya declarado en situación de alerta. Una decisión que se ha tomado para prevenir la propagación de más incendios rurales, como los que han consumido Oleiros. Con el fuego ya extinguido, el alcalde, Fernando Jorge, ha estimado que las pérdidas, principalmente en la zona forestal, pueden llegar a los siete millones de euros.

La situación de alerta, vigente en todo el país, prohíbe el acceso, la permanencia y la circulación en el interior de espacios forestales (esta situación no es única, más de una vez se ha prohibido el acceso a la sierra de Sintra); las quemas; los fuegos artificiales, o cualquier tipo de trabajo forestal o agrícola con maquinaria pesada. Por lo tanto, todos los equipos de emergencia están preparados, pero muchos expertos creen que la pandemia ha retrasado la planificación de la lucha contra incendios. Además de estas situaciones, una deficiente ordenación del territorio puede dar lugar a situaciones muy similares a las producidas en 2017, en donde el país se enfrentó a los más violentos y destructivos incendios de la historia de Portugal.

La situación en la región de Lisboa empieza a mejorar

El área metropolitana de Lisboa ha sido la región del país que más preocupación ha despertado y, en un intento de controlar los nuevos casos de la Covid-19, el Gobierno portugués ha decretado, hace un mes, el estado de calamidad en 19 «freguesias» (parroquias) de cinco municipios de esta zona. No obstante, en una reunión ministerial, y sobre la base de las cifras más recientes (ayer, en todo el país, han muerto 2 personas y hay 135 nuevos casos), se ha planteado la posibilidad de poner fin al estado de calamidad, aunque esta decisión no supondría el fin de las restricciones.

Incluso con el número de casos en aumento [pero con el «rt» (número de reproducción básico instantáneo) en fase descendente], el ministro de Interior, Eduardo Cabrita, ha admitido que las 19 freguesias en situación de calamidad van a pasar al estado de contingencia. Este nivel, que es el más bajo, está en vigor en los restantes municipios de la «Gran Lisboa». Por su parte, el resto del país está en situación de alerta.

Al menos, hasta el final del verano (que, debido a las playas de la región, hace que sea un período del año muy concurrido), continuarán las normas sobre el horario de cierre de la mayoría de los establecimientos a las 20 horas, o la prohibición de la venta y el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública, aunque las reuniones podrán ser de hasta diez personas. Para el ministro, no se debe «bajar la guardia».