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La Presidencia portuguesa del Consejo de la Unión Europea ha presentado una iniciativa para reabrir el debate sobre el impuesto sobre las transacciones financieras, que lleva «en un cajón» desde hace una década. Lisboa quiere relanzarlo en el actual contexto de crisis. En un documento remitido a los demás Estados miembros, la Presidencia portuguesa recuerda que, a falta de un acuerdo unánime en torno a la propuesta original de la Comisión en 2011, 11 países han querido avanzar por su cuenta con este impuesto en el modelo de cooperación reforzada.

Entre los países que han decidido establecer un impuesto sobre las transacciones financieras se encuentran Italia y Francia. Portugal considera que la UE debe inspirarse en los modelos ya existentes y probados en estos dos Estados miembros, tanto de tributación sobre la compra y venta de acciones, como, en el caso italiano, de derivados.

Subrayando el contexto actual de la profunda crisis económica provocada por la pandemia, y recordando que el Consejo Europeo de julio del año pasado, en el marco de los debates sobre la financiación del plan de recuperación, acordó reformar el sistema de recursos propios de la Unión e introducir nuevas formas de financiación, «que pueden incluir un impuesto sobre las transacciones financieras», la Presidencia portuguesa sostiene que es hora de volver a abordar esta cuestión.

Dirigiéndose, no sólo a los diez países que en este momento están comprometidos en avanzar con la tasa, como son Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Eslovaquia, Eslovenia, España, Grecia e Italia, además de Portugal, sino también abriendo la «puerta» al resto, e insistiendo en que Europa necesita nuevas fuentes de ingresos para financiar la recuperación, la Presidencia portuguesa considera que el momento actual «es una buena oportunidad para un debate conceptual global sobre el formato» que este impuesto podría tener.

«El objetivo clave de la Presidencia es explorar el camino hacia un posible consenso en torno a un modelo de tasa sobre las transacciones financieras eficiente, reevaluando los puntos de vista de los Estados miembros participantes y no participantes, a la luz de la situación actual contexto». Se lee en el documento, que consta de 20 páginas.

La Presidencia portuguesa defiende que, «en esta fase», los Estados miembros deben centrarse únicamente en las cuestiones relativas al diseño del impuesto; considerando que los «aspectos puramente políticos, tales como recursos propios o potencial mutualización de los ingresos del impuesto», aunque «fundamentales para el expediente, deben ser discutidos en una fase posterior».

Así, y con vistas al debate sobre la forma que podría adoptar este impuesto «Robin Hood», la Presidencia portuguesa sostiene que, en su opinión, «el enfoque más sensato sería comenzar probando a escala europea, lo antes posible, los enfoques desarrollados y ya probados por Francia e Italia», aprovechando su «experiencia combinada». Ambos países han basado sus impuestos en los mismos dos pilares de diseño de la tasa; a saber, las salvaguardias para garantizar que estén cubiertas todas las operaciones, incluso las realizadas en moneda extranjera, y la protección de la liquidez del mercado.

En cuanto al alcance tributario de la tasa, la Presidencia portuguesa admite preferencia por el modelo italiano, que «ya está bien probado»; considerando que «la inclusión de derivados de acciones podría formar parte del primer paso» del impuesto a nivel europeo. Se señala como objetivo la finalización de las discusiones en torno a la aplicación de la «tasa Tobin» (idea creada por el economista estadounidense James Tobin) hasta finales del próximo año, recordando que la Comisión ya ha indicado que, a falta de un compromiso a finales de 2022, propondrá un nuevo impuesto sobre las transacciones financieras con vistas a su introducción a más tardar en 2026.

Portugal quiere un salario mínimo que permita una «vida digna»

El salario mínimo europeo es una de las medidas del pilar social que la Presidencia portuguesa quiere ver aprobada en la Cumbre Social que tendrá lugar los días 7 y 8 de mayo en la ciudad de Oporto. Un salario que permita una «vida digna» es uno de los objetivos que la ministra portuguesa de Trabajo, Solidaridad y Seguridad Social, Ana Mendes Godinho, ha querido destacar a sus colegas en una reunión que se ha celebrado por videoconferencia, y en donde también se ha hablado sobre el futuro del trabajo, de las políticas de lucha contra la discriminación y de la exclusión social. Para lograr un entendimiento entre todos, y así conseguir instaurar un salario mínimo, la ministra portuguesa ha prometido «trabajo arduo».