Español Portugués, Portugal

Una de las medidas acordadas por Portugal y España para una lucha más eficaz contra coronavirus fue el cierre de fronteras y el regreso de los puestos de control, algo que no se veía en las zonas fronterizas desde hace tres décadas. La vuelta de las fronteras, aunque sólo haya sido por un corto período de tiempo, ha hecho que la vida de las poblaciones de la Raya haya cambiado. Si antes era posible pasar por la frontera de un pueblo a otro en pocos minutos, ahora el tiempo aumenta a varias horas, y no todos pueden cruzar la frontera; sólo trabajadores transfronterizos y camioneros e, incluso, estos tienen que superar largas colas.

Uno de los casos más significativos afecta a los pueblos de Barrancos (Portugal) y de Encinasola (España), que están a 10 kilómetros de distancia, pero el cierre de las fronteras ha obligado a los trabajadores transfronterizos a desplazarse durante dos horas, a cada lado, para poder cruzar la frontera. Este problema, diagnosticado por ambos alcaldes, está causando que muchos se queden en casa mientras continúa la cuarentena.

Con las carreteras cerradas y la mayoría de las producciones paradas, aquellos que estaban acostumbrados a cruzar la frontera todos los días para trabajar o, para simplemente, ir de compras, optan por quedarse en casa. Y mucho se debe al hecho de que, además del tiempo empleado en los desplazamientos (de Barrancos a Encinasola se tarda dos horas en ir, y dos horas en volver), sólo se permite un ocupante por coche.

Una situación similar se está viviendo en Elvas. Los habitantes locales, que siempre han tenido fuertes relaciones con la ciudad de Badajoz, extrañan oír español en las calles. La mayoría de la gente prefiere estar en casa, y sólo sale a lo esencial, lo que hace que la mayoría de las tiendas estén cerradas hasta nuevo aviso. Para intentar hacer frente a esta situación, los ayuntamientos están presentando un conjunto de medidas que pretenden facilitar al máximo la vida de empresas y personas durante el período de cuarentena.

Con las restricciones impuestas, las poblaciones de ambos lados de la Raya acaban aislándose cada vez más; esperando que los viajes y los abrazos vuelvan a ser normales.