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El presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, se unió a la indignación del primer ministro, António Costa, frente a las declaraciones del ministro de Finanzas holandés, Wopke Hoekstra. Las palabras de Costa en defensa de España, calificando de «repugnante» el discurso del ministro holandés, tuvieron una excelente y sonora acogida en todo el espectro político español, que mostró su gratitud al primer ministro portugués por redes sociales.

Marcelo Rebelo de Sousa afirmó que comparte «la posición y las declaraciones del primer ministro. Soy solidario en el sentido de considerar que nosotros no podemos aceptar que haya, en un proceso que debe ser de unidad, actuaciones que, en un momento crítico fundamental para el mundo y para Europa, debiliten Europa. Y el primer ministro se indignó y comparto su indignación».

«También yo me indigno con el hecho de que Europa, que es tan responsable en el mundo, tiene tanto peso en el mundo, es un gran aliado económico comercial del mundo, no es capaz de darse cuenta que tiene que estar unida, tiene ser valiente, tiene que ser resolutiva y tiene que ser solidaria», subrayó el presidente de la República.

Y agregó: «Desafortunadamente Europa no dio pasos para aprobar los eurobonos, que Portugal y varios países han defendido». Considera que la resistencia de algunos Estados miembro a emitir deuda conjunta es «un error».

Marcelo Rebelo de Sousa rechazó que la reacción del primer ministro portugués contribuya a romper los puentes del diálogo en la Unión Europea: «No, porque reconocer el error de no ser solidario no rompe la solidaridad, sino reafirma la solidaridad».

«Es en nombre de la solidaridad que nosotros tenemos el derecho de no percibir la falta de solidaridad de los otros. Porque estamos en el mismo barco, no hay varios barcos en Europa, hay un barco como se vio con el virus», defendió.

Comparando la Unión Europea con una familia, el jefe de Estado pidió que se eviten declaraciones de acusación o responsabilización interna que solo debilitan el conjunto, considerando que este «es un problema de sentido común».

«Si cada uno de nosotros dentro de Europa comienza a hablar mal de los otros, ¿dónde irá a parar la solidaridad?», se preguntó.