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Este domingo casi seis millones de niños entre 0 y 14 años vuelven a salir a la calle en España después de seis semanas confinados en sus casas. Llevamos días escuchando que los pequeños son los que mejor se adaptan a los cambios pero eso no indica que esté siendo fácil para ellos. Durante este tiempo los padres han tratado de hacer todo lo posible para que sus hijos siguiesen una dieta equilibrada, realizasen ejercicio físico y mantuviesen una rutina, y todo en un entorno difícil, compatibilizando el mundo laboral con el familiar. Las salidas al aire libre son una primera recompensa a este gran esfuerzo colectivo para frenar la pandemia. ¿Pero qué efectos está teniendo el confinamiento en los niños?

“Después de estas semanas encerradas vemos que en los niños hay consecuencias similares a las de los adultos, como la sorpresa, la incertidumbre, el nerviosismo o estar muy pendientes de lo que ocurre”, explica a EL TRAPEZIO José Antonio Luengo, psicólogo y secretario de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Psicología de Madrid. “Es cierto que los pequeños se adaptan bien a los cambios pero no tienen la capacidad de los adultos para gestionar la información”, recuerda el profesional. Ha habido un cambio de rutinas y no se sabe cuándo va a acabar esta situación por lo que “se genera más inquietud en los niños aunque no lo manifiesten”, añade. Es normal que aparezcan miedos e inseguridades relacionadas con esa inmadurez para adaptarse a situaciones de incertidumbre, miedo y desconocimiento sobre lo que va a pasar. “Genera efectos también positivos, como la madurez, y la posibilidad de pasar más tiempo con los padres”, añade.

José Antonio Luengo indica algunos trastornos en la conducta de los niños que pueden ser normales durante estos días, como la irritabilidad, la falta de sueño, la apatía, la hiperactividad, “todo está relacionado”, puntualiza. Y es algo que puede pasar en niños que tienen unas buenas condiciones de convivencia, en casas relativamente grandes donde se pueden mover bien. Pero cuando hablamos de niños en situaciones más vulnerables, con poco espacio y mala convivencia “las repercusiones son mucho mayores. Les falta la ida al colegio y dejan de vivir esos momentos que les iluminan”. Para este psicólogo, si se llevan bien razonablemente bien las cosas estas semanas, el encierro “no tiene porqué dejar secuelas, no habrá efectos de desajuste emocional terribles, aunque hay casos de ansiedad e inseguridad que deberán ser tratados durante un tiempo”.

Entre los consejos que da a los padres después de seis semanas, donde ya se nota el aburrimiento y el cansancio, está el de “empezar de nuevo , ponerse objetivos a corto plazo”. Y cuando se vuelva al cole, probablemente en septiembre “lo recomendable sería trabajar durante 15 días las emociones para que puedan compartir sus experiencias”.

Separados de sus amigos

No acudir al colegio tiene dos principales efectos negativos para los niños. Por un lado interrumpir la parte académica y por otro romper su círculo social. “Los niños pequeños pasan muchas horas con los profesores, somos una de sus referencias y nos echan mucho de menos”, explica a EL TRAPEZIO Gema A., profesora de 1º de Primaria en el Colegio San Agustín de Madrid. “Y los más mayores sienten sobre todo falta de sus amigos, necesitan relacionarse con sus iguales”, añade. Reconoce que para los profesores no ha sido fácil adaptarse a esta nueva forma de enseñar a distancia. En el caso de los más pequeños, “preparando vídeos, audios y presentaciones para que entiendan mejor los contenidos, pero muchos se distraen frente al ordenador más que en clase y además necesitan la ayuda de los padres. En cuanto al posible atraso de los estudiantes por perder estos meses de clase, Gema cree que para los más mayores es más fácil recuperar el temario el próximo curso pero “los pequeños han visto interrumpido su desarrollo en la escritura, lectura… Estaban cogiendo confianza y se ha parado el ritmo”. Esta profesora recomienda que en casa se siga una rutina con los niños de estudio de unas tres horas por la mañana y que “por la tarde puedan jugar, hablar con sus amigos, leer.. y hay que motivarles”, puntualiza.

Contacto con el aire libre

Desde la Asociación Española de Pediatría (AEP) se muestran muy satisfechos por la salida de los niños al aire libre a partir de este domingo. Recuerdan que “han estado sometidos a cambios en su rutina de vida familiar, educativa, de ocio y social, entre otros”. Y la salida aporta una sensación fundamental del inicio de volver a la normalidad y puede mitigar el desasosiego de los niños, que les cuesta comprender bien esta situación. Estas salidas “contribuirán al bienestar físico y emocional de los menores”, indica la asociación. Animan también a los padres a que vean estas salidas como una oportunidad para hacer que los pequeños aprecien lo que vale la naturaleza que les rodea y de la que habitualmente no son conscientes (el cielo, las nubes, el aire, el sol, los árboles, los pájaros…). “En momentos como esta epidemia, las experiencias emocionales con la naturaleza llenan necesidades importantes para un adecuado desarrollo” afirman desde la AEP.