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Ya quedan pocos días para que acabe este año y es posible que en algún momento hayamos pensado que sería mejor borrar el 2020 del calendario. Un año en el que hemos perdido muchas cosas, empezando por muchas vidas, demasiadas. Hemos dejado de vivir momentos y experiencias a las que estábamos acostrumbrados, y de convivir con familiares y amigos, algo que tanto nos gusta. Hemos sentido que nos robaban nuestra vida. Hemos parado de dar besos y abrazos a todas aquellas personas que tanto nos importan, de tenderles la mano. No hemos podido despedir a los que se han ido como merecían ni apoyar a los que han sufrido esas pérdidas. Tampoco hemos podido acompañar a todos aquellos que viven solos.

La lista de cosas negativas es muy amplia, sobre todo cuando se juntan la pérdida personal y la profesional. Porque también se han quedado por el camino muchos sueños rotos, negocios que no han podido ver la luz y otros que no han aguantado. Mirar al futuro da vértigo porque todavía no se han visto todos los efectos que realmente tendrá la pandemia. Y sí, es normal sentir rabia y odio por este año que tan malos recuerdos nos va a traer.

Tendrá que pasar un tiempo para mirar al 2020 de otra forma, para reconciliarnos con el mundo. Para entender algo que muchas veces parece inexplicable. Cada uno tendrá su propia lectura y sus propias conclusiones pero sí, incluso en el dolor y en la dificultad hay cosas que podemos aprender.

El mundo nos hizo parar varias semanas y mirar como nunca habíamos hecho lo que pasaba dentro de nuestras casas. Al retomar la actividad nos dimos cuenta que muchas cosas no serían nunca como antes. En el trabajo, los colegios, las universidades… se ha dado un salto importante, estamos en un mundo más innovador y más conectado. Y sin duda que el camino hacia la vacuna marcará un antes y un después. Toda la comunidad científica se ha volcado para encontrar una cura, con una gran rapidez en todo el proceso. Este logro puede tener una lectura muy positiva dentro de unos años y las vidas que se salven en un futuro serán gracias a las que se han ido por el coronavirus.

Estamos todavía en medio de esta pandemia, sin saber si después de esta segunda ola habrá una tercera. Con las Navidades de por medio vuelven los miedos por los contagios. ¿Cómo entender que una reunión familiar puede ser muy perjudiciar para los que más queremos? ¿Cómo evitar esos besos y abrazos con las personas que hace tanto tiempo que no vemos? Nuestro comportamiento puede salvar muchas vidas y es curioso pensar en cómo estamos a llamados a ser héroes desconocidos.

Con el tiempo valoraremos todo lo que cada uno de nosotros ha sido capaz de hacer. Desde superar momentos de soledad, o la falta de ella, de ansiedad, estrés, nerviosismo, pesimismo… Hemos sacado fuerzas en momentos duros para todos, hemos animado a los otros a pesar de estar desanimados y hemos aprendido a vivir de una forma más sencilla.

Al 2021 le pediremos tan sólo que sea un poco mejor que el 2020, lo cual parece relativamente sencillo. Pero en el 2021 hay mucho en juego y será un año decisivo para la recuperación de los países. Mejor o peor, los países han tratado de reaccionar a lo inesperado pero de cara al año que viene no hay excusas, es necesario planificar la recuperación y sobre todo utilizar bien los fondos que existirán para dicho objetivo. España y Portugal se juegan mucho.

Belén Rodrigo