Español Portugués, Portugal

La opinión forjada sobre Portugal por parte del regionalista andaluz Blas Infante (1885-1936), a quien le interesaba remarcar la fidelidad de su proyecto regionalista andaluz a España, alejado de cualquier separatismo, es bien clara, y así figura en su obra capital El Ideal Andaluz (1915):

“Portugal violó el grado de la patria Ibérica, no emancipándose, sino rompiendo los vínculos naturales que la retenían en el seno común de la gran familia hispánica. Renegó de la Naturaleza, se colocó fuera de sus Leyes en cuanto ofrecen la necesidad de los imperativos, y fue a caer en el círculo donde actúa la fatalidad de sus sanciones. Y Portugal, como dice un escritor, que no quiso ser miembro de una gran familia, cayó en la esclavitud de un gran señor”.

A la vista de esta temprana actitud, que podríamos catalogar sin lugar a dudas de “españolista”, el líder regionalista andaluz, poco congruente, por ejemplo, con el regionalismo iberista de Francisco Pi y Margall (1824-1901), el proceso libertador de Portugal para Infante consistiría únicamente en reintegrarse a la comunidad de pueblos hispánicos.

Este es el mismo Blas Infante, que acabó sus días en la cuneta de una carretera Sevilla ejecutado por sicarios franquistas en 1936, probablemente por haber pedido cinco años antes el “Estado libre de Andalucía” en connivencia con el hermano de Franco, Ramón. Infante poseía en la biblioteca de la casa familiar de Coria del Río al menos dos obras del historiador y socialista portugués Joaquim P. Oliveira Martins (1845-1894): Portugal contemporaneo, en una versión de 1919, e História de Portugal, en edición de 1920. Oliveira había habitado en Córdoba durante una buena temporada, de 1869 a 1873, época de revoluciones liberales y cantonalistas, experiencia clave para entender la evolución ulterior iberista del autor de la Historia de la Civilización Ibérica (1879), publicada tras abandonar España.

En este contexto, buscando su propia vía regionalista, hay un episodio transversal en la vida de Infante que merece ser revisitado, y que concierne directamente a Portugal. Cuatro años después de su periplo marroquí de 1924, al encuentro en Agmat, localidad del medio Atlas, y en la que encontraba enterrado al-Mutamid (1040-1095), el rey poeta de Sevilla, que frecuentó también el visir y polígrafo granadino Ibn al Jatib (1313-1374), acude Infante a Silves, en el Gharb (Algarve), a rendir tributo al rey sevillano por haber presumiblemente nacido (hoy se sabe que lo fue en Beja) o sido educado allá. Infante apasionado por la figura de Al-Mutamid le había consagrado una obra teatral en 1920. Estaba en consecuencia muy identificado con la personalidad del emir cuando en 1928 acomete la idea de hacerle el homenaje en Silves.

No es de extrañar que el nacionalismo luso contemplase el regionalismo blasinfantiano con su intento de homenaje a Al-Mutamid como un peligro. El episodio narrado por el propio Infante reza así:

“Los periódicos retrógrados de Lisboa, emprendieron una activa campaña: y, después de haber llegado a estar fijada la fecha del homenaje; de manufacturadas las lápidas, cuya colocación, en lugares adecuados, servirían de motivo al acto; y aun de invitadas las representaciones intelectuales andaluzas, que al mismo se disponían a asistir, dieron al través, como se decía antes, con la fiesta, y ésta no se llegó a celebrar, porque “o senhor Blaz Infante era um islamita” (?) y de lo que se trataba era de plantar la Media Luna rematando la torre de la Catedral de Silves”.

La campaña de la prensa lisboeta hizo su mella al estigmatizar a Blas Infante de “islamista”. El Islam seguía siendo contemplado como un enemigo histórico, que había derrotado a lo más granado de Portugal en la batalla de los Tres Reyes en 1578. La muerte Alcazarquivir de Don Sebastián y de buena parte de los vástagos de la nobleza lusa había dado lugar a un irredentismo “sebastianista”, que perduraría en la memoria de Portugal. A pesar de lo cual el prolífico historiador Alexandre Herculano (1810-1877), a mitad del siglo XIX, había desmitificado la batalla de Ourique (1139), en el Alentejo, en la que supuestamente Cristo se había aparecido a los portugueses para llevarlos a la victoria contra los mouros. Oliveira Martins, discípulo directo de Herculano, seguiría revisando la relación de Portugal con el mundo mouro, otorgándole su lugar.

Curiosamente, en la Lisboa de 1930 se editaban libros como el del Consiglieri Sá Pererira, titulado A Restauraçâo de Portugal eo Marquês de Ayamonte. Uma tentativa separatista na Andaluzia, que avalaba las teorías conspiratorias del marqués de Ayamonte y del duque de Medina Sidonia para crear un Estado independiente en Andalucía en el siglo XVII, en paralelo con el de Portugal. En este libro se citaba el Ideal Andaluz de Infante, a pesar de su escaso iberismo, como apoyo a sus tesis.

A mi modo de ver, sin necesidad de alterar la historia, se puede observar la existencia de un esfuerzo por fletar un iberismo transversal, que tenía que estar apoyado en las singularidades político-culturales tanto del sur de España como de Portugal, identificadas respectivamente con al-Ándalus-Andalucía, y con el-Gharb-Algarve. El debate debe reabrirse en esos términos, interrumpidos en los años treinta por las dictaduras salazarista y franquista.

 

José Antonio González Alcantud es catedrático de antropología social de la Universidad de Granada y académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Premio Giuseppe Cocchiara 2019 a los estudios antropológicos.