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En la reciente efeméride republicana del 14 de abril, cabe resaltar –desde el punto de vista iberista– el artículo 24 (título II) de la Constitución de 1931 que otorgó la “ciudadanía a los naturales de Portugal y países hispánicos de América, comprendido el Brasil, cuando así lo soliciten y residan en territorio español”. Un día después, igualmente cabe rememorar una efeméride monárquica, en un tiempo donde no había repúblicas. El 15 de abril de 1581 las Cortes portuguesas de Tomar, en el Convento de Cristo, reconocieron como rey del Reino de Portugal a Felipe II de España, convirtiéndose en Filipe I de Portugal, unificando así las coronas ibéricas (pero no los reinos), e indultando a los opositores.

Para entender su coronación ibérica, explicaré el contexto histórico y biográfico. En 1580 la Península vivía una epidemia de gripe, algo que desafortunadamente sí podemos imaginarnos. Esta gripe mató a la reina española, Ana de Austria, y estuvo a punto de matar al rey. Viudo, Felipe II puso rumbo a Tomar, ciudad del centro de Portugal, cerca del Tajo, y antigua sede de la Orden de los Templarios, que tuvo su continuidad en la Orden de Cristo, al que el rey español se adhirió. El rey descansará en la Quinta da Cardiga. La ceremonia de coronación se realizará en el Convento de Cristo (Tomar). La construcción (en diferentes fases) de este convento, patrimonio de la Humanidad, tuvo como protagonistas al rey Manuel y al arquitecto español Juan de Castillo. En dicho solemne y místico convento, decorado con motivos de la expansión ultramarina, se celebraron las Cortes portuguesas de Tomar, donde Felipe II juró un compromiso (de 25 puntos*) para preservar el idioma portugués, la moneda y las instituciones portuguesas, así como dejar la gestión del Imperio portugués en manos lusas.

Felipe II, hombre de costumbres portuguesas y de lengua materna portuguesa, creció con una institutriz portuguesa (Leonor de Mascarenhas) y un amigo portugués -que ejerció posteriormente de valido- (Rui Gomes da Silva). Además, era nieto de nada menos que del eminente rey de Portugal, Don Manuel (en cuyo mandato se descubrió Brasil y la ruta Atlántica a la India), e hijo de la portuguesa, reina de España, Isabel de Portugal, gobernadora de los reinos españoles durante los viajes por Europa de su marido.

La portugalidad de la formación y el linaje de Felipe II está fuera de toda duda. Incluso el rey instó por carta –remitida a una de las infantas– que el príncipe heredero Diego aprendiera portugués: “Tengo un libro que enviar en portugués, para que por él aprenda que muy bueno sería que lo supiese ya hablar; que muy contento vino don Antonio de Castro de las palabras que le dijo en portugués que fue muy bien si así fue”. El príncipe Diego murió y cedió el testigo a Felipe (III).

En la Navidad de 1576, Felipe II y su sobrino Sebastião se encontraron en el monasterio de Guadalupe (Cáceres). La madre de Sebastião era española, Juana de Austria, hermana de Felipe II. El rey español quería disuadir al portugués de su empresa africana. Sebastião quería apoyo militar de su tío, que finalmente lo consiguió. Después vino la muerte en combate de Sebastião y la creación del movimiento del sebastianismo (esperando su regreso) para la constitución de un Quinto Imperio (con sus ideólogos Bandarra, António Vieira, Pessoa; y sus suplantadores como el pastelero de Madrigal). El sebastianismo ocupó el espacio que dejó los largos periodos de ausencia de los monarcas españoles en territorio portugués.

El rey Felipe II, entró a Portugal, desde Badajoz (por Elvas), el 5 de diciembre de 1580, y se despidió de Lisboa el 11 de febrero de 1583 para volver a El Escorial (Madrid). Después del juramento de Tomar, en 1582, se puso en marcha el Consejo de Portugal, bajo la influencia del diplomático portugués Cristóvão de Moura, a imitación de los Consejos de Aragón, Italia y Flandes, para gobernar el Reino luso, bajo la tutela de Felipe II, dentro de ese universo renacentista hispánico de laberintos polisinodiales de la Monarquía Católica y de su sede, el Monasterio de El Escorial, en cuyo escudo tiene incorporado el portugués.

Cuando Felipe II llegó a Lisboa se instaló en el Palacio Real de la Ribeira de la plaza del Comercio (Terreiro do Paço), destruido dos siglos después durante el célebre terremoto. Era un palacio de la familia, el que mandó construir y vivió su abuelo, el rey Manuel. Felipe II le añadió una nueva torre. Junto al rey se trasladó a Lisboa toda una corte de personajes con ganas de prosperar como por ejemplo Miguel de Cervantes.

Después de más de dos años en Lisboa, Felipe II volvió a El Escorial. El Reino de Portugal tendría que esperar más de tres décadas para recibir a su rey. Esta será la ocasión de su hijo Felipe III, que juró el 14 de julio ante las Cortes portuguesas de Lisboa para convertirse en Filipe II de Portugal, y de su nieto Felipe IV (III de Portugal) que fue declarado principe heredero, en una breve visita durante la primavera y el verano de 1619, donde los portugueses le demandaron que adoptase como residencia la ciudad de Lisboa. No aceptó. Poco tiempo después moriría Felipe III. Fue un error no haberse quedado en Lisboa, o al menos que lo hubiese hecho su hijo, como así se preveía y así asumió en su juramento, su padre, Felipe II, ante las Cortes de Tomar, en el último punto: “Que procurará estar neste reino o maior tempo possível e se fôr estôrvo ficará o Príncipe nele”.

No todas las corrientes historiográficas portuguesas son contrarias a Felipe II, aunque lo que ha predominado, desde la restauración bragantina hasta el anti-iberismo de la Comisión Primero de Diciembre, es que aquel periodo fue una desgracia para la nación portuguesa. Hay nuevas corrientes que intentan darle la vuelta y hablan de una Monarquía Dual, una Unión Ibérica, probablemente bien representada y “encarnada” en Felipe II; más por su persona que por el sistema institucional. No obstante, para no caer en hagiografías, no deja de tener su parte de verdad la leyenda de que Felipe II, además de heredar el Reino de Portugal, lo conquistó (Batalla de Alcántara por el Duque de Alba) y sobre todo lo compró, repartiendo bienes, títulos y dádivas a sus nuevos cortesanos, siguiendo los consejos de Cristóvão de Moura. Es importante tener un equilibrio para evaluar esta figura. Este artículo no pretende abordar otros aspectos, que aquí no se han analizado, como su actitud frente a los moriscos (Rebelión de las Alpujarras), o las consecuencias beneficiosas para Brasil de la Unión Ibérica (1580-1640).

Como conclusión, atribuir a Felipe II un paradigma de hipercentralización es falso. Tampoco es cierto que tuviera alguna hostilidad hacia Portugal o hacia la cultura portuguesa. Para sorpresa de muchos, el “centralismo” de Felipe II contenía muchos elementos protofederales y protoconfederales, alejados del centralismo absolutista de su nieto con la Unión de Armas, o del futuro centralismo liberal, de cuño francés, aplicado parcialmente por los Borbones y vigorosamente por los jacobinos y la República gala.

 

Pablo González Velasco es coordinador general de EL TRAPEZIO y doctorando en antropología iberoamericana por la Universidad de Salamanca

 

*JURAMENTO DE FELIPE II DE ESPAÑA PARA CONVERTIRSE EN FILIPE I DE PORTUGAL POR LAS CORTES PORTUGUESAS DE TOMAR (Fuente: Nuñez Arca. Os 3 Felipes da Espanha que foram reis do Brasil)

1- Que sua Majestade fara juras em forma de guardar todos os fôros e costumes, privilégios e isenções concedidas a êstes reinos por seus Reis. 2- Quando houver Côrtes dêste reino, serão dentro dele, a que em nenhumas outras se poderá tratar nem determinar alguma coisa que lhe diga respeito. 3- Que pondo-se Vice-rei ou pessoas que debaixo de outro qualquer título governem êste reino, serão portuguesas. 4- Que todos os cargos superiores e inferiores de justiça e fazenda e qualquer outro govêrno, somente poderão dar-se a portugueses. 5- Que nestes reinos haverá sempre todos os ofícios agora existentes e serão sempre providos por portugueses. 6- Que o mesmo se dará com todos os cargos de mar e terra e que as guarnições de soldados nas praças serão portugueses. 7- Que não se interrompam os comércios da Índia e outras conquistas dêstes reinos já descobertas ou que venham a descobrir-se, e que todos os mandos sejam portugueses e naveguem em navios portugueses. 8- Que o curo e a prata que se faça em moeda, que será tudo o que vier ao reino de seus domínios, não terá outra nota que as armas de Portugal. 9- Que todos os benefícios eclesiásticos se darão a portugueses da mesma forma que os ofícios seglares. 10- Que não haverá intervenção na igreja portuguesa. 11- Que não se dará vila, cidade, lugar, jurisdição nem direitos reais a pessoa que não seja portuguesa. 12- Que as Ordens Militares portuguesas serão conservadas. 13- Que os fidalgos poderão servir ao Rei e os que não tiverem fôro de fidalgos poderão servir na armada do reino. 14- Que quando Sua Majestade e seus sucessores vierem a este reino, não se tomaram casas nem aposentos como se usa na Castela, senão conforme é costume em Portugal. 15- Que estando Sua Majestade fora dêste reino, estará sempre consigo um Conselho de Portugal formado por portugueses, para despachar as coisas dêste reino, e todos os escritos serão feitos em português. 16- Que todos os cargos de justiça serão providos como agora. 17- Que tôdas as causas de qualquer qualidade que sejam, se determinarão e executarão neste reino. 18- Que Sua Majestade e seus sucessores terão capela em Lisboa, como os Reis passados, para os ofícios divinos. 19- Que admitira Sua Majestade os portugueses na sua casa real da mesma forma que aos castelhanos e doutras nações. 20- Que a Rainha se servira de senhoras e damas portuguesas e que as casara na pátria e na Castela. 21- Que para que aumente o comércio se abrirão os pôrtos e fronteiras de ambos os reinos e passarão os navios. 22- Que se dará todo favor para entrar pão de Castela. 23- Que dará 300.000 ducados, sendo 120 para resgatar cativos portugueses, 150 para depósitos e 30 para debelar a peste. 24- Que para a defensa da Índia, do reino e castigo de corsários, Sua Majestade ajudara convenientemente, ainda que seja com o maior custo da sua fazenda real. 25- Que procurará estar neste reino o maior tempo possível e se fôr estôrvo ficará o Príncipe nele.