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Las advertencias lanzadas desde los países ibéricos e Italia, sobre la posibilidad de ruptura de la Unión Europea si no se conseguía dar una respuesta eficaz a la crisis planteada por el coronavirus, parecen haberse calmado con el acuerdo alcanzado el pasado 10 de abril por el Eurogrupo, el cual preside el portugués Mario Centeno.

El acuerdo supone movilizar 550.000 millones de euros en líneas de liquidez para los Estados (a través del Mecanismo Europeo de Estabilidad); para las empresas (mediante el Banco Europeo de Inversiones), y para evitar despidos masivos, usando el SURE, un mecanismo propuesto la semana pasada por la Comisión Europea. Estos puntos son, únicamente, la primera línea de defensa, hasta que se logre definir un «Plan de Reconstrucción»; un «Plan Marshall», para el que aún no hay diseño, ni tampoco entendimiento alguno sobre cómo pagarlo con deuda conjunta; los conocidos eurobonos.

Unos días después del pacto del Eurogrupo, el Fondo Monetario Internacional ha hecho sus predicciones económicas para los próximos dos años. En un escenario, relativamente optimista, previendo el control de la pandemia ya para junio, el FMI estima una caída de la actividad económica a nivel global durante el año 2020. Todo ello, con el consiguiente aumento del desempleo a unas magnitudes nunca antes vistas, y con una recuperación fuerte en 2021, pero insuficiente para compensar la debacle. Los principales datos de variación de PIB y desempleo se resumen en la siguiente tabla.

 

PIB 2020 PIB 2021 Desempleo 2020 Desempleo 2021
Portugal -8% +5% 13,9% 8,7%
España -8% +4,3% 20,8% 17,5%
Zona Euro -7,5% +4,7
Mundo -3% +5,8%

 

En cuanto al déficit y la deuda, se prevé un aumento durante los dos próximos años, que puede llevar a sumar entre un 20% y un 30%, al actual porcentaje de deuda pública.

Contrastando ambas informaciones, el acuerdo del Eurogrupo, y las previsiones del FMI, cabe preguntarse, ¿la respuesta económica de la UE es suficiente? La respuesta es, lamentablemente, no. Puede entenderse como una línea de contención paliativa. Con estas medidas de crédito para los Estados se evita el colapso, lo cual no es poco, pero Europa es capaz de más. La esperanza está en el Plan de Reconstrucción, aunque por el momento, no se espera que se concrete nada en el corto plazo.

Veamos las magnitudes para comprender mejor el alcance básico del plan que se acaba de aprobar. Son 550.000 millones de euros, cuando la caída de la economía en los países del Eurogrupo va a ser, según el FMI, y sólo en el año 2020, de 892.000 millones de euros. En 2021, 2022 y, quizá, 2023, el PIB se mantendrá por debajo del alcanzado en 2019.

Pero lo más duro es la deuda que se va a acumular, ese 20% o, hasta 30%, de deuda extraordinaria, que supone para nuestros países un lastre para el futuro. Tendremos que pagar con sacrificios de una u otra manera las deudas contraídas para sostener el sistema. Seremos más pobres y, especialmente, tendremos menos posibilidades de desarrollo nacional y personal, si la cuestión no se agrava más por cualquier circunstancia, por lo que no es menor el riesgo real de caos económico.

Lo peor de todo es pensar que hay un mecanismo posible mucho más sencillo, que no nos lastraría por años, quizá décadas. El Reino Unido ya ha lo ha puesto en marcha. El gobierno financiará sus políticas públicas directamente, con la emisión de dinero por parte del Banco de Inglaterra. Este mecanismo está prohibido en la UE por el Banco Central Europeo; prohibición que obedece a los problemas históricos que ha causado el uso abusivo de la impresión de dinero por parte de los bancos centrales.

Desde siempre se ha recurrido a la máquina de hacer dinero para solventar las crisis y, ciertamente, esto ha ocasionado muchos problemas, pues, en general, es un remedio eficaz a corto plazo, pero que puede ser letal para la economía a medio y largo plazo. La puesta en circulación de dinero genera una impresión de riqueza, pero sino se sustenta por un crecimiento económico real da lugar a una hiperinflación. Eso es lo que ocurrió en la Alemania de después de la Primera Guerra Mundial, y que devino en un caos social. Un ejemplo actual es el de Venezuela, cuya inflación el pasado mes de marzo alcanzó el fabuloso guarismo del 3365%.

Sin embargo, el FMI prevé una ligera bajada de precios en Europa durante el año 2020. Justamente estamos en un escenario radicalmente opuesto a aquellos que originaron el prejuicio de la prohibición de crear dinero.

 Necesitamos dinero, porque capacidad productiva existe, hace falta movilizar los recursos con «dinero para todos», de una manera controlada.

 Europa tiene que actuar; ser ambiciosa, no estar presa de prejuicios. Con dinero, tanto como el que se necesite, se podría activar el Plan de Reconstrucción. El impulso a la transición energética libre de carbono, con grandes instalaciones de energía solar; eólica; hidroeléctrica; de biomasa; de las mareas, ha de ser el eje de dicho plan, junto con una inversión potente en infraestructuras.

Para la península ibérica, dos ejemplos. Plan para instalar paneles solares en los tejados de la mayoría de las viviendas (en… ¡Alemania! se instalan más paneles que aquí). Como ejemplo de infraestructura, la construcción del tren de alta velocidad Madrid-Lisboa daría empleo a mucha gente durante unos años, y sería una infraestructura de enorme uso.

Ciertamente, «si se puede» porque existe lo más importante, la capacidad productiva, y el dinero, en este contexto, se puede crear sin más.

 

Pablo Castro Abad es editor-adjunto de EL TRAPEZIO y licenciado en Ciencias del Trabajo