El cuarto puente para la Iberia del Cáucaso

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“Del Cáucaso, de los campos de esa olvidada Iberia,

De los mármoles lascados de la tierra santa homérica,

De las pampas, de las sabanas de esta soberbia América

Prorrompe el himno libre, ¡el himno del trabajo!

Y, al canto de los obreros, en la orquesta audaz del mazo,

El ruido se mezcla de la prensa, de las ideas,

Todos de la libertad forjando las epopeyas,

Todos con las manos callosas, todos bañando la frente

Al sol de la independencia que irrumpe en el horizonte.”

Castro Alves, 1883, en el poema “El Vidente

 

¿Qué diría el lector si supiera que, además de la Iberia atlántica y latinizada, existe, en los confines orientales de la Europa, otra Iberia, surcada también de valles por donde fluyen los mansos ríos, y cuyas playas adormecen bajo las caricias de una suave brisa mediterránea? Ciertamente, imaginaría que el cronista se ha vuelto loco o, en el caso del lector más atrevido, pensaría que estamos hablando de física cuántica, de un doppelganger (gemelo malvado) a escala continental, o incluso de una versión de Europa escondida en un universo paralelo.

Pero no, estimado amigo, no voy a valerme aquí de tan estrambóticos artificios. La otra Iberia a la que me refiero es tan real y tangible como el metro cuadrado en el que se encuentra mi interlocutor en este mismo momento. Y, a decir la verdad, pocos todavía llaman a esta tierra mágica Iberia, nombre que, una vez compartido con la península del mismo nombre, cayó en desuso a finales de la Edad Media.

El tema de nuestro artículo, por tanto, es la tierra natal de Iósif Stalin, la República de Georgia. Para ser más específicos, intentaremos comprender los puntos en común de este país tan lejano con su homónimo peninsular, a quien el destino y la historia insistentemente reconectan a través de puentes culturales.

El primero de estos puentes une la lengua georgiana con la de los antiguos íberos (que habitaron casi toda España hasta la llegada de los romanos); y, posiblemente, con la propia lengua vasca. Filólogos y especialistas de renombre como Eduardo Orduña, Joan Ferrer o Francisco Villar defienden la existencia de una familia lingüística que engloba el euskera y la ya extinta lengua de los pueblos ibéricos.

El origen del euskera es inseparable de las teorías sobre el origen del propio pueblo vasco. Y tanto el origen de los vascos como el de los íberos del Cáucaso (georgianos), se ha estudiado desde la época de la antigua Grecia. Los historiadores griegos y romanos se refieren a la región correspondiente a la actual Georgia como la Iberia oriental, distinta de la península ibérica occidental, es decir, España y Portugal. El geógrafo griego Estrabón, se refirió a los íberos del Cáucaso como los «íberos occidentales». Apio de Alejandría escribió siglos más tarde que «algunas personas piensan que los íberos de Asia fueron los antepasados de los íberos de Europa; otros piensan que los primeros (los íberos asiáticos) emigraron de los últimos (Europa)».

A principios del siglo XX, algunos filólogos desarrollaron argumentos más científicos para establecer un vínculo entre el vasco y el caucásico. Sin duda, existen similitudes tipológicas entre el vasco y el georgiano. Por ejemplo, ambas son lenguas ergativas, es decir, hay un caso del sujeto de los verbos transitivos que expresa el agente del proceso (el nominativo se usa sólo en el sujeto del verbo intransitivo). Otra similitud notable es que la morfología verbal de ambas lenguas es pluripersonal, es decir, la forma del verbo puede codificar no sólo el sujeto de la oración, sino cualquier objeto directo o indirecto presente.

El segundo puente que permitió el flujo cultural de Georgia a la península, se produjo a través de la invasión de los alanos en el 409 d.C. Los alanos hablaban un idioma iraní oriental derivado del cito-sármata; y que, a su vez, evolucionó al osetio moderno, un idioma utilizado por una pequeña población dividida entre Rusia y Georgia.

La llegada de estos pueblos a la península dejó huellas en la toponimia: Alencar, Alenquer, Cataluña (nombre procedente de Goth-Alania, o tierra de godos y alanos). Es curioso imaginar que las lenguas de los visigodos, suevos y vándalos (otros pueblos que ocuparon la península en el mismo período) son hoy lenguas muertas, mientras que la lengua hablada por los alanos (aunque ha sufrido numerosas modificaciones desde entonces) sigue siendo un poderoso vehículo de comunicación oral y escrita en las montañas de una Iberia olvidada…

El tercer puente se abrió en dirección opuesta a los dos anteriores. A partir de 1492, año en que Colón zarpó de España hacia el oeste, la monarquía católica de esa nación expulsó a sus judíos. Muchos emigraron hacia el este, instalándose inclusive en el Cáucaso, donde sus descendientes pasaron a vivir en relativa paz. Habiendo alcanzado el número máximo de 100.000 miembros, la población judía de Georgia hoy no supera los 13.000 miembros debido a la inmigración a Israel.

La web www.jewishlanguages.org trae la siguiente observación sobre la comunidad judía de Georgia: “Georgian Jews follow Sephardic traditions and consider themselves Sephardim”. En español: «Los judíos georgianos siguen las tradiciones sefardíes y se consideran sefardíes». Sobre el significado de los términos «Sefarad» y «Sefardí», el primero es la palabra hebrea para la península ibérica, y el segundo es sinónimo de «ibérico» o «español».

Por otro lado, la web «Guía judía de Europa» (www.jguideeurope.org) comenta sobre las lápidas del cementerio judío de Batumi, una ciudad costera de Georgia: «las inscripciones en ladino [español arcaico escrito en alfabeto soletreo] que [el visitante] notará en algunos de ellos confirman que al menos algunos de los judíos de la ciudad llegaron del Imperio Otomano y procedían originalmente de la península ibérica, lo que parece acorde con la proximidad de Turquía, a pocos kilómetros de distancia ”.

El cuarto puente (o cordón umbilical) establecido entre los dos polos fraternos aún está en construcción. Esta es la conexión reciente entre la República de Georgia y la lusofonía.

Georgia solicitó la condición de observador asociado de la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP) en 2012. Desde 2012, la Embajada de Georgia en Portugal ha estado preparándose para la adhesión de la Iberia del Caucaso a la Comunidad, visitando activamente la Secretaría General de la CPLP y las embajadas de los Estados miembros. Georgia ha aplicado una serie de reglamentaciones en virtud de las disposiciones relativas a los observadores. En 2013, fue creado el Centro de Lengua y Cultura Portuguesa en la Universidad Estatal de Tbilisi, la capital de Georgia.

Según el informe simplificado emitido en 2020 por la Embajada de Brasil en Tbilisi, «la enseñanza del portugués también tiene potencial de crecimiento en este país, ya que, desde 2014, Georgia es observador asociado de la CPLP. Para ser aceptada, tuvo que comprometerse con la promoción, difusión, enseñanza y aprendizaje de la lengua portuguesa. Con respecto a este último ítem, fue sede del Centro Instituto Camões en la Universidad Estatal de Tbilisi (TSU), que ya cuenta con lector portugués. Desde 2017, el puesto colabora con dicho centro en la difusión de Lengua portuguesa y ha colaborado en la organización de la Semana de la Lengua Portuguesa «.

La síntesis no podría ser otra que la de estar delante a un primo lejano que, por su cuenta y riesgo, ha estado buscando acercarse a una familia olvidada hace mucho tiempo. En cuanto a mí, aplaudo la decisión de los íberos georgianos, a quienes les dirijo estos versos del poeta brasileño Geir Campos: «onde quer que haja partes a juntar/ já é ponte em princípio a idéia no ar».

Danilo Arantes

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