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Y Jesús dijo: «¡Pobres de ustedes, fariseos, que les gusta ocupar el primer puesto en las sinagogas y ser saludados en las plazas! ¡Pobres de ustedes!, porque son como esas tumbas que apenas se notan: uno no se da cuenta sino cuando ya las ha pisado». Un maestro de la Ley tomó entonces la palabra y dijo: «Maestro, al hablar así nos ofendes también a nosotros». Él contestó: «¡Pobres de ustedes también, maestros de la Ley, porque imponen a los demás cargas insoportables, y ustedes ni siquiera mueven un dedo para ayudarles!».» (Lucas 11: 43-46).

En la Antigüedad clásica, los fariseos eran un selecto grupo social que encabezaba el judaísmo en los reinos de Juda e Israel y arremetió contra ellos Jesús de Nazareth por vivir en la hipocresía y el mal hacer. Soy católico y, como tal, vivo de acuerdo a lo dispuesto en la Biblia, claro está, trasladando a los tiempos presentes aquellas enseñanzas que nos fueron reveladas siglos atrás. Por lo anterior, como católico siento profunda vergüenza por ciertas actitudes que se han tomado estos días a cuento del funeral celebrado por la Conferencia Episcopal Española (CEE).

Entiéndase primero que España es aconfesional y, por tanto, aunque la Iglesia católica prime sobre el resto, esta confesión no se incluye como obligatoria en el Estado, sino como una conjunción circunstancial para el presunto beneficio de ambos. Ni la Iglesia debe dar ninguna aprobación al Estado, ni el Estado debe inmiscuirse en asuntos de la Iglesia —siempre y cuando cumplan con la legalidad vigente—. «Entonces Él les dijo: “pues dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”» (Lucas 20: 25).

Así, una vez este punto ha quedado claro, podemos afirmar con rotundidad que la asistencia a este acto es de carácter privado. Y de haber sido público, como muchos pregonan, debieran haber habilitado un espacio público para que todas las familias de los afectados pudieran participar del funeral y no únicamente 70 reservas, como luego ha hecho público la CEE. Llegados a este punto, todos conocemos quién asistió a este bochornoso funeral repleto de cinismo e hipocresía y podemos señalar, sin miedo a equivocarnos, quienes son los fariseos del siglo XXI. «Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa» (Mateo 6:5).

Mientras el presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, viajaba a Portugal para entrevistarse con su homólogo luso António Costa y desarrollar una estrategia unificada con la que acceder al gran fondo de recuperación europeo y poder hacer frente a Alemania; otros, como Pablo Casado o Iván Espinosa de los Monteros, se sacaban fotos en la catedral de La Almudena y rasgaban sus vestiduras por la ausencia del presidente Sánchez y vicepresidente Iglesias —ignorando, además, la presencia de la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo—. «Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público» (Mateo 6:6).

Y para cerrar el circo de la vergüenza, encabezaba el funeral Su Majestad Felipe VI de Borbón y Grecia y la reina consorte, Letizia Ortiz. Pero queda esperanza. El pueblo portugués derrocó a reyes y tiranos mediante la revolución del 5 de octubre y la Revolución de los Claveles; mientras que el pueblo español fue capaz de derrocar a sus reyes el 14 de abril de 1931, pero no a los tiranos. Desde 1975 vivimos inmersos en una eterna Transición que ya debe terminar, y haciendo mías las palabras de la Revolución Gloriosa de 1868: «Democracia. Abajo los Borbones con toda su raza. Mueran los tiranos. ¡Viva la Soberanía del Pueblo!».

Daniel Ratón es secretario de Organización de las Juventudes Socialistas de Zamora