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Nuestros  pueblos se vacían, los árboles, los arroyos, las rocas, los montes y el verde musgo entonan cantos solitarios y quejumbrosos.

Ha tiempo que sus calles no recuerdan las risas de los niños, sus juegos y travesuras, han pasado demasiados años desde que sus pisadas no alegran con su repiqueteo los adoquines de las calles.

Tristes se encuentran las plazas y jardines, las escuelas, los pupitres y las tizas de los encerados.

Comarcas enteras echan de menos los colores de los cuadraditos de los babis de los más pequeños, tan alegres, tan volanderos.

Las casas de los maestros, en otros tiempos refugios de libros y alegrías, hoy permanecen mudas, solitarias, acompañadas tan sólo por el tejer de arañas laboriosas, que esperan a sus presas escondidas en las esquinas.

Fachadas de ladrillo rojo o de piedra, sus chimeneas, lugares donde se asaba el maíz que se degustaba con verdadero placer, hoy se encuentran mudas, huérfanas de madera, de cenizas y de ascuas coloradas.

Oigo los quejidos de los pueblos, el esfuerzo de sus alcaldes por ofrecer incentivos, su lucha contra gigantes, contra una vida que da la espalda a la naturaleza, a nuestros orígenes, al patrimonio de nuestros padres y abuelos.

Aliste, comarca llena de encanto, de naturaleza, de símbolos de nuestros antepasados, con un patrimonio que tiene un recorrido espléndido, desde la más salvaje naturaleza encarnada en la Sierra de la Culebra hasta patrimonios históricos como conjuntos rupestres, miliarios, estelas romanas y celtas, castros, contempla anhelante los esfuerzos de la alcaldesa de San Vitero por volver a llenar sus calles de alegría, de juegos infantiles, de futuro.

Vanesa Mezquita no ceja en su empeño, luchadora hasta la extenuación ofrece incentivos a todos aquellos niños escolarizados en su comarca.

Los colegios de San Vitero y el de San Juan del Rebollar intentan mantener la ratio de estos últimos años, un mínimo para no desaparecer.

Quince criaturas pueblan sus aulas, nueve en San VItero, seis en San Juan.

Se ofrecen ayudas, unos 200 euros por alumno. El esfuerzo del Ayuntamiento se presenta titánico dado el exiguo presupuesto del que disponen.

“Cualquier cosa con tal de no tener que cerrar” se lamenta Vanesa.

Quince niños, quince, entre los cinco anejos de San VItero, que le engloba a él mismo junto con San Juan, El Poyo, San Cristóbal y Villarino. El censo total no llega a quinientos habitantes. El año que viene esperan incrementar la partida por alumno.

Comarca fronteriza, Rayana, de una belleza exquisita, lugar perfecto para la crianza en valores, en libertad, en comunión con la naturaleza, con nuestros antepasados, con las costumbres más valiosas, las que nos dan identidad como personas, las que nos hacen libres, las que nos dejan volar montados en las alas de los pájaros, perdernos en el olor a jaras y a tomillo, las que nos dan la felicidad de unos pies metidos en el río y unas manos calentándose en la lumbre.

La vida es el camino, uno demasiado corto para perderlo entre el asfalto y las cuatro paredes de cualquier ciudad.

Démonos una nueva oportunidad de ser felices, de volver al arroyo, a la acequia, a la sombra del árbol, a una humanidad que se pierde y que agoniza entre ansiolíticos y antidepresivos. Otorguemos un futuro a nuestros pueblos, ellos sabrán agradecerlo dándonos las herramientas para formar seres humanos sanos y equilibrados. Sin duda algo que hoy en día es un valor muy, muy escaso.

(El plazo para los interesados en matricular a sus hijos en los colegios de San Vitero y de San Juan se abre el 8 de marzo y finaliza el 5 de abril. En horario de 15,30 a 19,00 horas los lunes y de 8,00 a 15,00 horas de martes a jueves)

Beatriz Recio Pérez