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Hace unos meses, al comienzo de mis colaboraciones aquí, en EL TRAPEZIO, hice un artículo contra el racismo (aquí está el enlace, por si quieren leerlo). En él, hablo del caso de Cláudia Simões, aunque a esta lista de víctimas de racismo, por parte de las fuerzas de la autoridad, podemos agregar los nombres de George Floyd e Igor (un ucraniano asesinado por el SEF al comienzo de esta pandemia).

Al igual que todo lo que ocurre en los Estados Unidos, la ola se está propagando por el resto del mundo. Aquí, en Europa, hemos tenido varias marchas contra el racismo. Lisboa y Oporto se han unido a otras ciudades del viejo continente para demostrar que las «vidas negras» también importan. Pero permítanme subrayar que todas las vidas importan y que, por desgracia, y no sólo por la triste enfermedad por la que todos estamos pasando, los derechos humanos se están poniendo en tela de juicio. En este sentido, para defender los «ideales de abril» es necesario luchar no sólo contra el racismo sino, sobre todo, contra el fascismo disfrazado, y que, actualmente, vemos en personajes como Donald Trump; Jair Bolsonaro; Santiago Abascal (VOX), y André Ventura (CHEGA).

Al mejor estilo de Donald Trump, que en la última semana ha decidido atacar a uno de sus únicos amores, Twitter, André Ventura también ha decidido dirigirse a esta red social al decir que si es elegido (no hay que olvidar, que estas declaraciones se hicieron después de que una encuesta indicase que el CHEGA está tercero en intención de voto, superando al Bloque de Izquierda), todos aquellos que escriban algo malo relacionado con jueces o policías se enfrentarán a procesos judiciales.

Esta presión en las redes sociales por parte del líder de CHEGA ha sido acompañada por el único voto contra las medidas antirracistas que han sido discutidas en el Parlamento portugués (esta actitud ha llevado a que se haya lanzado una petición online para ilegalizar a los partidos que vayan contra los ideales democráticos). Además, también se ha producido un intercambio de palabras entre Ventura y personajes vinculados a la cultura, como es el caso de Ricardo Araújo Pereira, Carolina Deslandes o Agir.

Pero volviendo a la policía. Debo decir que no estoy de acuerdo con la idea de que la policía sea el gran villano de esta historia, ni promuevo ir a las manifestaciones, como la que se ha producido en la Alameda (Lisboa), que se llenó justo en un momento en que las cifras de la Covid-19 están aumentando cada día en la capital. En ella, se mostraron carteles contra las fuerzas de la autoridad, y eso es casi tan estúpido (pido disculpas por la palabra, pero no tengo aquí el diccionario para encontrar otra definición) como lo que sucedió hace unos meses, cuando hablábamos de la eutanasia, y en donde se mostraba la frase «Não matem os velhinhos!» («¡No maten a los viejitos!»). Estoy de acuerdo con la libertad de expresión, pero la persona que ha sido vista con un cartel que decía «Polícia bom, é polícia morto» («Policía bueno, es policía muerto»), y que ya ha sido localizada, será procesada por el sindicato de policía.

Ahora bien, estas manifestaciones «espontáneas», se han producido pocos días después del desalojo de una asociación que apoya a indigentes y a personas que están pasando necesidades debido a la pandemia del coronavirus. Esta asociación, «A Seara» («La Siembra»), ha sido desalojada de un edificio que ocupaban de forma ilegal. Además, en este desalojo, que se ha llevado a cabo sin previo aviso, se ha producido un enfrentamiento con la policía, lo que ayuda a diseminar sentimientos negativos sobre la misma.

Pero no matar es una de las principales enseñanzas cristianas y, como buenas personas, que creo que todos anhelamos que, algún día, los colores sean son sólo colores. Y, si aún no lo hemos aprendido, tal vez esta conmoción popular resuelva esta situación. Desafortunadamente, como escéptica que soy, creo que después de que terminen las manifestaciones (al ver a la gente en las calles, no parece que estemos saliendo de un período de confinamiento), nada va a mejorar. Todo lo que hemos dicho al principio, que la sociedad iba a salir mejor; más pura y reforzada, eran ideales míticos que ahora, que hemos vuelto a salir a la calle, hemos dejado de lado.

Lo único que nos recuerda la situación en la que estamos son las mascarillas en las bocas, que son una protección, pero no 100% eficaces; y quizá, estos levantamientos populares, lleven a que las cifras suban aún más aquí, junto al Tajo. Espero que no, pero hay más Cláudias, Georges e Igores que nos demuestran que muchas cosas tienen que cambiar; pero si aprendemos y exigimos cambios.

Cambiar, pero cambiar al lado positivo, y no retroceder a ideales fascistas que, por desgracia, nos están rodeando; trayéndonos recuerdos del pasado, especialmente, si nos fijamos en el territorio brasileño. Pero este es un pasado que no queremos ni podemos repetir. Y espero que, como ha dicho Pablo Castro en su último artículo, podamos entrar en los años 20 después del fin de esta pandemia. Aunque, hasta entonces, y sin entrar en la situación dictatorial que ocurrió en Europa en los años 30, sólo podemos valorar cada vez más la vida, en todas sus formas; y gritar, a pleno pulmón, «¡No pasarán!».

 

Andreia Rodrigues es licenciada en periodismo por la Escuela Superior de Comunicación Social de Lisboa (ESCS) y es una apasionada de todas las formas de comunicación. Contar nuevas historias y descubrir nuevas culturas es algo en lo que trabaja todos los días