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En esta semana tendremos el día más largo del año; concretamente, el 20 de junio, puesto que, ese día, a las 21:44 horas, tendrá lugar el solsticio de verano

Con los actuales horarios oficiales, el sol saldrá en Lisboa a las 6:12 y se pondrá a las 21:05. En Madrid, saldrá a las 6:45 y se pondrá a las 21:48. Tendremos 15 horas de sol, y casi 17 de luz.

La diferencia que hay entre el amanecer de las dos capitales ibéricas oscila entre los 33 y los 16 minutos. Hasta la llegada de los husos horarios actuales en 1884, los países tenían horas específicas. De hecho, España y Portugal usaban una variación horaria de 23 minutos, la media de la diferencia real de luz a lo largo del año. Los portugueses tenían que adelantar 23 minutos el reloj cuando entraban en España. Dentro de España, entre Barcelona y Madrid, también se estableció una diferencia de 30 minutos de adelanto en Cataluña. Se llevaba un horario muy exacto en relación al natural, que determina la luz solar.

La llegada del ferrocarril supuso la popularización de los viajes de cierta distancia, lo que derivó en la necesidad de estandarizar los husos horarios. Así, en 1884, se acordó (internacionalmente) la división la tierra en 24 husos horarios por horas enteras, y no por minutos. Se parte del meridiano Greenwich, cerca de Londres, que se denomina GMT (Hora Del Meridiano De Greenwich). Cada huso horario mide 15 grados, que resultan de dividir los 360 grados de la esfera terrestre entre 24, que es el número de horas que tarda la Tierra en dar la vuelta a su propio eje, y que constituye la medida de un día en el planeta. Hacia el oeste, el horario atrasa, y hacia el este, adelanta.

La casi totalidad de la península ibérica se encuentra, precisamente, en el huso horario del meridiano de Greenwich (GMT+0), que es el que se utiliza en el Portugal continental. Sin embargo, España, salvo las islas Canarias, utiliza el huso horario correspondiente a Berlín (GMT+1). Esta circunstancia viene ocurriendo desde 1940 por decisión del régimen de Franco, que quiso alinear el horario con el Eje. Paradójicamente, la extraña diferenciación horaria en la península, no ha preocupado lo más mínimo a los diferentes gobiernos.

La posibilidad de volver al huso horario natural es un tema recurrente en España. En 2016, PP, Ciudadanos y PSOE lo incluyeron en sus programas electorales y, en febrero de 2017, el Gobierno de Rajoy lanzó una propuesta en ese sentido, que incluía racionalizar los horarios en general, pero no se llegó a concretar.

El debate interno español se tornó europeo en 2018, cuando a instancias de Finlandia, la Comisión Europea propuso suprimir el cambio de hora obligatorio dos veces al año; forzando a los Estados a decidirse por el horario de invierno o de verano. De esta manera, si España eligiese el de invierno volvería a Greenwich, y quedaría en el mismo huso de Portugal, si el país luso escogiese el de verano. Portugal, no obstante, se distanció de la propuesta de la Comisión y se reafirmó en la conveniencia de mantener el cambio de horas. Finalmente, la decisión final de la Comisión quedó aplazada a 2021.

En este contexto, el anterior Gobierno de España convocó una comisión de expertos, que acabó emitiendo un informe «no concluyente», fechado en marzo de 2019, sobre la idoneidad de elegir el horario de verano o de invierno.

Vemos que la situación está atascada, y no hay perspectivas claras de avanzar hacia una decisión.

Desde el movimiento iberista, apostamos por la definitiva armonización del huso horario dentro de la península, pues no tiene sentido que dos Estados, con 1200 kilómetros de frontera terrestre, y en el mismo meridiano, mantengan esa diferencia artificial. La variación horaria marca una distancia psicológica y de hábitos, que no viene a favorecer la interacción social y económica en la península. En este sentido, el Foro Cívico Ibérico, probablemente, hará llegar a los gobiernos, en la Cumbre Ibérica de Guarda, esta reivindicación.

El horario español presenta un desfase que alarga los días en verano hasta las 11:00 de la noche. Esto dificulta la conciliación del sueño y, en general, hace que se lleve un horario atrasado; almorzando tarde, y saliendo de trabajar también demasiado tarde, lo que complica la conciliación familiar.

Este asunto nos enfrenta también a dos cuestiones siempre latentes: la falta de coordinación ibérica, y la lentitud en la toma de decisiones europeas. Una vez más, constamos que España y Portugal no hacen ningún esfuerzo para decidir de forma coordinada, tampoco en este importante asunto que afecta al día a día de las personas; especialmente, en el vasto territorio fronterizo. Y, nuevamente, vemos a una Europa atascada en la toma de decisiones; creando comisiones; convocando expertos, y realizando reuniones, que consumen recursos y no conducen a nada.

 

Pablo Castro Abad es editor-adjunto de EL TRAPEZIO y licenciado en Ciencias del Trabajo