Español Portugués, Portugal

La Plaza de España, que tiene este nombre por ser el lugar donde se encuentra la residencia oficial del embajador español, es parada obligatoria para todos aquellos que llegan de la orilla sur del Tajo para trabajar o estudiar en Lisboa. Los turistas suelen conocer este sitio, no sólo por sus teatros (Barraca y Aberto), sino por la conocida Fundación Gulbenkian, un paraíso cultural en medio de la agitación habitual que tienen todas las capitales.

Frente a Gulbenkian, cruzando la calle, tenemos la residencia de la embajadora de España. El palacio Palhavã es una belleza arquitectónica que ha visto la evolución de la ciudad y el fortalecimiento de las relaciones diplomáticas entre Portugal y España en el último siglo. Cien años en donde Lisboa ha crecido, pero hay algo que continúa en el imaginario popular, y es el lugar donde podemos encontrar la residencia oficial de la Embajada y el Arco de San Benito, que fue mandado construir tres años después del terremoto de 1755. Este arco formaba parte de la «Galeria da Esperança» (Acueducto de las Aguas Libres), pero después de ser desmontado, y antes de llegar a la Plaza de España, estuvo en los jardines del Palacio Nacional de Ajuda.

La Plaza de España ha visto su historia centrada en torno a este palacio, que fue construido en el siglo XVII para hospedar a tres de los hijos que tuvo fuera del matrimonio el rey D. Juan V, los conocidos como «niños de Palhavã». Cuando el palacio se adquirió para ser destinado a Embajada, en 1918, se hicieron algunas obras que mezclaban aspectos arquitectónicos portugueses y españoles. El proyecto de remodelación es de Pedro Muguruza Otaño.

Al pasar por las puertas del palacio, vemos jardines geométricos con árboles frutales, fuentes y esculturas barrocas. Ya en el interior, el edificio posee numerosos salones (con colores) y tiene una capilla que se puede ver desde la calle. Estos espacios están decorados con los tradicionales azulejos portugueses, tapices flamencos, cuadros de Fernando Brambilla y Luca Giordano, y un retrato de Afonso XIII firmado por J.J. Gárate. Por no hablar de su lujoso mobiliario.