La peculiar organización institucional de la Unión Europea (UE) hace que nuestro presidente no sea escogido directamente por los ciudadanos en las urnas. En este estadio del proyecto de vertebración del espacio europeo –en espera que lleguemos, algún día, a devenir los Estados Unidos de Europa–, el presidente del Consejo Europeo lo eligen los presidentes y jefes de Gobierno de los 27 estados miembros de la UE.
Desde ahora, y por un periodo de cinco años, el nuevo presidente del Consejo Europeo y, por consiguiente, nuestro presidente, es el socialista portugués António Costa, que con anterioridad había sido vicepresidente del Parlamento Europeo y primer ministro de su país (2015-24). António Costa es un político inteligente y honesto que ha demostrado, en su larga trayectoria, una gran habilidad negociadora.
La necesitará para poder pilotar la nave de la comunidad europea que, con el auge electoral de los populismos identitarios de extrema derecha y la crisis de los gobiernos de Alemania y Francia, está zozobrando. De la capacidad de António Costa para conseguir grandes consensos en el Consejo Europeo depende la viabilidad, la ampliación y la culminación de este sueño, surgido de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial y construido, en los últimos 70 años, con ilusión y perseverancia.
Si los Estados Unidos han escogido a Donald Trump como presidente de la primera potencia mundial, los europeos tenemos a António Costa para defender e impulsar la voluntad de paz y el modelo social que caracteriza, desde su fundación, a la UE. En el nuevo escenario diabólico en el que entra el mundo, la humanidad necesita que, en nombre de los 450 millones de europeos, haya una voz que hable con la razón y con el corazón.
Jaume Reixach