03/04/2025

España y Portugal, cada vez más unidas

Comparte el artículo:

Nuestro futuro no pasa solo por Barcelona, Madrid, Bruselas o Washington. Este miércoles, día 23, los jefes de gobierno de España y Portugal, Pedro Sánchez y Luís Montenegro, acompañados de sus equipos ministeriales, se han reunido en el Palacio Fialho, en la ciudad de Faro (Algarve), para celebrar la 35a Cumbre anual que reúne a los mandatarios de ambos países. Y aquí, como editor del primer diario ibérico, EL TRAPEZIO, he focalizado mi atención.

En este encuentro, que ha venido precedido, en los últimos meses y semanas, por una serie de reuniones bilaterales preparatorias, se han firmado varios acuerdos, entre los cuales destacan los referidos a la gestión del agua y a las comunicaciones terrestres. Las vicisitudes de la historia han hecho que el territorio peninsular esté fragmentado por la frontera más antigua y más larga de Europa (1.234 kilómetros), pero la entrada, en 1986, de España y Portugal en la Unión Europea, ha ablandado esta división.

Gracias a la convicción y al impulso de los sucesivos líderes políticos de un lado y el otro de la Raya, la convergencia entre estos dos Estados es cada vez más intensa, en todos los ámbitos, y llegará al clímax en 2030, con la organización compartida, junto con Marruecos, del Mundial de fútbol. El nuevo Tratado de Amistad, firmado en 2021 en la ciudad de Trujillo (Extremadura) ya consagra, de hecho, la existencia de la Confederación Ibérica, y solo hay que convertir las valientes palabras que hay escritas en realidades tangibles.

Es de cajón. En el funcionamiento de las instituciones europeas es determinante el peso demográfico de cada Estado miembro a la hora de medir la representatividad. Actualmente, España (47 millones) y Portugal (11 millones) formamos parte de la segunda división, frente a los tres grandes: Alemania, Francia e Italia. En cambio, si operamos unidos en clave ibérica entraríamos en el “top” de la Unión Europea y nuestra voz sería muy potente.

En la Cumbre de Faro se han aprobado importantes acuerdos referidos a la gestión de las cuencas fluviales comunes (Miño, Lima, Duero, Tajo y Guadiana) y a las conexiones terrestres, con la aprobación de la construcción de dos nuevos puentes en las zonas de Cáceres y Huelva. En la agenda conjunta, está la finalización de la línea de alta velocidad que tiene que unir Lisboa con Madrid y que resulta imperativa para la celebración del Mundial 2030 y para la conexión entre el Atlántico y el Mediterráneo.

Portugal tiene el reto de construir cuatro infraestructuras vitales para el funcionamiento y el futuro del país: el nuevo aeropuerto de Lisboa, que se ubicará en Alcochete; las conexiones con alta velocidad entre Lisboa-Oporto-Vigo (corredor atlántico) y Sines-Lisboa-Évora; y un nuevo puente ferroviario sobre el Tajo, que tiene que permitir la llegada de los trenes de alta velocidad a Lisboa.

Por su parte, España también tiene importantes deberes pendientes: la electrificación y la adaptación de las vías del tramo Plasencia-Madrid para que puedan circular trenes de alta velocidad y completar, de este modo, la conexión con Lisboa; también hay que culminar la conexión entre Mérida-Puertollano-València, vital para el transporte de mercancías entre el Atlántico y el Mediterráneo.

Son inversiones muy importantes, pero que cuentan con la ventaja de tener una fuerte financiación europea detrás. También China, que ha apostado por Portugal como puerta de entrada a Europa -compañías chinas ya son las principales accionistas de empresas estratégicas portuguesas en los sectores de la energía, los seguros o las finanzas-, podría participar en estos proyectos de infraestructuras, que hay que culminar cuanto antes mejor: ¡son urgentes!

La vertebración de la península ibérica es determinante para conseguir transformar esta “protuberancia” en el “hub” que sirva de plataforma de conexión entre cuatro continentes: Europa, África, América y Asia (a través del canal de Suez). De ser dos países situados en la periferia europea, Portugal y España, si funcionamos coordinadamente, podemos convertirnos en aquello que realmente somos, por nuestra privilegiada ubicación geográfica: el ombligo del mundo.

Quedan inercias atávicas que paralizan esta enorme potencia latente. En especial, el “miedo” de Portugal a ser “invadido” por España. Pero en un mundo abierto e insertados en la Unión Europea, esto es absurdo. Además, el aliado tradicional y socio preferente de Lisboa, Gran Bretaña, decidió hacer el Brexit y, desde entonces, no tiene ningún interés objetivo para la economía ni para el comercio de las empresas portuguesas.

La globalización hace que una unión efectiva de España y Portugal tenga trascendencia más allá de la península. En efecto, la comunidad internacional de países que hablamos español o portugués alcanza los 800 millones de personas de Europa, América y África (el 10% de la humanidad) y podemos convertirnos en un actor internacional de primer orden para la paz y el progreso, si sabemos trabajar conjuntamente, en clave política y empresarial, esta afinidad lingüística y cultural que nos hermana.

Las cumbres anuales entre los gobiernos de España y Portugal se celebran, de manera alternativa, en un país y el otro. Sería muy importante e inteligente trabajar para que la próxima cumbre bilateral del año 2025 se organice en la ciudad de Barcelona, la capital del Mediterráneo occidental. El presidente Salvador Illa y el consejero Jaume Duch tienen que mover los hilos políticos que haga falta para hacerlo posible.