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Será en Gibraltar donde se consolide el iberismo con el primer hecho político iberista documentado, al producirse el primer ofrecimiento del trono español a un rey luso. Idea de Díaz Morales y redactada por Juan Rumi, fue sometida a votación en el grupo del exilio liberal en Gibraltar. Con la idea de constituir una Iberia pluricontinental y liberal, los primeros iberistas enviaron una carta el 24 de agosto de 1826 al Emperador de Brasil, Pedro I de Brasil y IV de Portugal, que meses antes había heredado el trono portugués pero inmediatamente había abdicado en su hija María II (“As Quatro Coroas de Dom Pedro I”; 1940).

Según Andrés Borrego (“Historia de una idea”; publicado en 1869) la carta fue enviada personalmente por un “sujeto de confianza” pero no capacitado para negociar o responder a las preguntas que finalmente le fueron realizadas por el ministro de Negocios Extranjeros del Emperador. La recepción oficial indicaba interés en las “libertades españolas”, pero también evidenciaba el error de no llevar a un negociador político, puesto que Pedro I no se iba a comprometer a responder por escrito. No obstante, era simplemente una declaración de intenciones, o como ellos la llamaron “una memoria expositiva del pensamiento”, dado que este grupo de iberistas ya no estaba en el poder. Este ofrecimiento se produce tras la muerte de su padre el rey de Portugal João VI, quedando la sucesión del trono de la Portugal continental en disputa.

En Brasil, Don Pedro deberá enfrentar diferentes intentos de secesión, haciéndose imposible la gestión simultánea de ambos conflictos. Pedro I volvió a Portugal, en 1832, para enfrentar una guerra contra el absolutismo de su hermano Miguel. Pedro I recibió ayuda financiera del iberista Juan Álvarez Mendizábal. El prestigioso Duque de Saldanha intentó convencerle con una serie de cartas e incluso casi se enrola en la expedición de Torrijos.

El político liberal y afrancesado José Marchena, contemporáneo de revolución francesa, fue el primero en proponer una unión peninsular liberal, pero no es quien inicia el movimiento. Los primeros intentos de organizar a liberales españoles y portugueses en contra el absolutismo hasta la muerte en 1833 de Fernando VII se cuentan en el libro “Historia de una Idea” de Andrés Borrego, algunas de ellas en primera persona, donde aparecen iberistas de la época: João Carlos De Saldanha Oliveira, Álvarez Mendizábal (bróker español en Londres de la Hacienda lusobrasileña, conspirador iberista y posterior desamortizador), Mouzinho da Silveira, Almeida Garrett, Álvaro Flórez Estrada, Espoz y Mina y el mártir José María de Torrijos, ejecutado en 1831. Esta es la primera “hornada” de iberistas: liberales y monárquicos.

Durante el periodo histórico del (1833-1868) la reina consorte y regente María Cristina, y su hija Isabel II, se vieron obligadas a realizar concesiones a los liberales para mantenerse en el poder frente a los carlistas. En los años treinta, del siglo XIX, varias personalidades del Movimiento Iberista, agrupadas en torno al liberalismo progresista, participan en sus gobiernos lo que los hizo renunciar a sus objetivos inmediatos iberistas dada “la manga ancha” que tenían en esta situación y por el desgaste político por su implicación en las guerras carlistas.

No obstante, el ideal seguía vigente. Cuatrocientos iberistas portugueses y españoles se reunían en el parisino Club Democrático Ibérico, debatían estrategias, e incluso, organizaron una manifestación iberista en plena revolución francesa de 1848. En este momento los federalistas asumirían el iberismo y contribuirían prolíficamente al pensamiento iberista.

Continuará…

 

Pablo González Velasco es coordinador general de EL TRAPEZIO y doctorando en antropología iberoamericana por la Universidad de Salamanca