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Tras los pocos avances de la reunión del pasado 19 de junio, será a mediados de julio cuando el Consejo Europeo de luz verde al «bazoca» económico, una expresión acuñada por el jefe de gobierno António Costa, en forma de 750.000 millones de euros para acometer el plan de recuperación en la Unión Europea.

Se vislumbra, por tanto, el camino que seguirá la economía en los próximos años; los comprendidos en el presupuesto comunitario 2021-2027. La gestión de este proceso de recuperación debe arrancar en enero de 2021, dado que este año 2020 queda para atender las urgencias y para tratar de recuperar el mayor porcentaje de normalidad posible. Precisamente, en enero de 2021, Portugal asume la presidencia rotatoria de la Unión, lo que es, sin duda, una gran oportunidad y una buena noticia para toda la península ibérica.

En España, la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica del Congreso de los Diputados, tras dos meses de debates y comparecencias votará sus conclusiones el 2 de julio, para ser debatidas y aprobadas en el Pleno del Congreso. Y ello con una mención especial a la aportación de hasta 700 propuestas ciudadanas, que se han podido enviar a un correo electrónico habilitado a tal efecto. Lamentablemente, el desarrollo de la Comisión ha resultado bronco, con duros y absurdos enfrentamientos partidistas. Los acuerdos que se pueden alcanzar parece que se van a circunscribir al ámbito sanitario.

En el ámbito europeo, el proceso para hacer llegar el dinero a cada país se realizará a partir de un plan de reformas nacional; con propuestas para la inversión y mejoras económicas, que deberán estar inspiradas y seguir las líneas específicas que, cada primavera, Bruselas envía a los Estados (transición digital, transición verde…).

El esquema para el desarrollo económico que se avecina está basado en la inversión pública; con una dirección y decisión política, que se apoyará en la gestión y la iniciativa privada. El gran temor viene de un posible aumento del endeudamiento. Sin embargo, gran parte del dinero no irá a deuda. Concretamente, a España llegarán 140.000 millones; 77.000 millones a fondo perdido, y 63.000 en préstamos. A Portugal, se destinarán 25.000 millones; 15.000 a fondo perdido, y 11.000 en préstamos.

Es fundamental vencer tabúes. En Portugal, el excesivo volumen de deuda y la intervención financiera de Europa en la anterior crisis, ha generado rechazo a las grandes inversiones, que se identifican con la deuda y los recortes. Esta vez, no será así.

En España, es necesario aminorar el antagonismo partidista destructivo. Los fondos favorecen a España, no a un gobierno. No habrá recortes ni bancarrota, como algunos parecen temer/desear. Lógicamente, el dinero hay que aprovecharlo bien, no dilapidarlo; y, especialmente, no utilizarlo de manera ideológica, nepótica o clientelar.

En este escenario, las infraestructuras han de recibir un impulso. Desde 2007 no se ha acometido ningún proyecto de envergadura en Europa, mientras que en Asia se realizan por centenares.

En el ámbito ibérico, tenemos pendientes una serie de actuaciones, tanto en ferrocarril, como en trenes. A este este respecto, el Foro Cívico Ibérico se reunirá el próximo sábado, día 27 de junio, para consensuar propuestas y elevarlas a los gobiernos.

Las principales propuestas que están sobre la mesa, son las siguientes:

Trenes

Primero: tren de alta velocidad entre las dos capitales ibéricas, que puede estar culminado en 2028. A este respecto, la Plataforma Corredor Sudoeste Ibérico ha elaborado un magnífico informe que plantea una serie de actuaciones:

[Año 2020] Prolongación del tren Talgo Madrid – Badajoz, hasta Lisboa.

[Año 2021] Empieza a funcionar la línea Lisboa – Extremadura – Madrid; usando las nuevas infraestructuras y mejorando las anteriores.

[Año 2023] Finalización de la nueva línea electrificada de Évora a Caia, y de la nueva conexión ferroviaria de Sines.

[Año 2025] Electrificación total Lisboa – Madrid.

[Año 2028] Finalización y entrada en funcionamiento del servicio de alta velocidad entre Madrid y Lisboa.

Con todas las infraestructuras finalizadas y de similares características al resto de la red ibérica, se podrían soportar los distintos servicios necesarios de viajeros y mercancías.

Segundo: tren de alta velocidad Vigo-Oporto. Actualmente, el tren es poco competitivo, dado que la carretera resulta más rápida. Esta conexión significaría el enlace del eje atlántico portugués con las líneas de alta velocidad españolas. Se trata de un tramo 145 km.

Tercero: tren Sevilla-Faro por Huelva y Ayamonte. A día de hoy no existe conexión ferroviaria en el Sur de la península entre España y Portugal.

Carreteras

Primero: conexión por autovía de Braganza y Zamora. Esta conectaría el noroeste español con la red de autovías de Portugal.

Actualmente, de los 109 kilómetros, sólo 17 se pueden hacer por autovía, que son los que corresponden al lado portugués. Esta carretera lleva soportando, al menos, una década de promesas incumplidas.

Segundo: conclusión de la autovía Madrid – Lisboa, por Cáceres y Castelo Branco, a falta de 100 km desde Moraleja en Cáceres, hasta Castelo Branco.

Tercero: culminación de la autovía Valencia – Lisboa, pendiente del tramo entre la ciudad y las cercanías de Mérida, que comunicaría el Atlántico con el Mediterráneo, por una vía de 880 km.

Todas estas infraestructuras son de alta rentabilidad económica y social; perfectamente asumibles. Además, las ferroviarias, resultan de importante interés ecológico. Muchas ellas llevan décadas de retraso. Se abre una importante oportunidad para «coser» las comunicaciones entre los países de la península.

 

Pablo Castro Abad es editor-adjunto de EL TRAPEZIO y licenciado en Ciencias del Trabajo