Noticias de Portugal

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Queridos vecinos, ¿cómo están? ¿Nos extrañan? Todos los encuentros de este año tienen que ser prófugos; pero, aun así, el período en el que hemos estado de espaldas ha durado demasiado. Una mejor comunicación entre los pueblos es necesaria. Abrazar la diferencia acabará por hacernos más fuertes y capaces para el futuro que se aproxima. Como diría la gran filósofa de nuestros días, Cristina Ferreira, el «futuro es ya en enero».

Sé que no podemos vernos como antes, pero podemos estar seguros de que seguimos aquí, en la parte más occidental de nuestra casa común.

Algo que también compartimos este año es la lucha contra un virus que, además de estar atacando a muchos de nuestros compatriotas, está haciendo que nuestras economías estén dando ese paso atrás que nadie quería.

El artículo de opinión de esta semana lo publico después de haber leído algo escrito en tierras españolas, y que demuestra que aún conocemos muy poco los unos de los otros. Fue, para esto mismo, por una mejor comprensión, que nació EL TRAPEZIO. Era necesario que un medio de comunicación que hablara de la actualidad de los dos países de la misma manera; sin dar superioridad a ninguno de ellos, y valorando a los dos.

El medio que ha publicado ese artículo con algunos datos polémicos, según la dirección, ha sido escrito usando el estilo «música de protesta» (si no conocen ninguna, al final de este escrito dejaré un enlace a uno de los mejores artistas de protesta en Portugal).

Creo que los españoles tienen algunas dudas sobre lo que pasa por Portugal. Sé que hoy en día, con información casi instantánea, basta con encender el teléfono para saber lo que pasa en cualquier parte del mundo, pero antes de ir a buscar sobre lo que marca el día en China, ¿qué tal si le dedicamos unos minutos al vecino de al lado?

¿Cuáles son las noticias de Portugal? Bueno, habría mucho que decir, pero como nuestro espacio no es infinito, voy a centrarme en lo que creo que podrían encontrar más importante.

Estamos a finales del mes de noviembre, y el tiempo invita a estar en casa; y a reflexionar en el presente, pues el mañana es una incertidumbre que sólo el nacimiento del astro rey puede garantizarnos.

Este mal tiempo es incluso bueno, porque el fin de semana y los próximos dos días festivos del mes de diciembre (el primero se celebra la independencia de Portugal, y el segundo… creo que está relacionado con la religión) las poblaciones de los municipios que se encuentran en nivel dos de peligro de contagio deben confinarse en sus viviendas a partir de las 13.00 horas. Todo esto, porque nuestro querido virus trabaja por la tarde y sólo ataca en la hostelería, como todos sabemos, ¿no?

Hablando de la hostelería, y de la lucha que este colectivo está librando (y que ya he mencionado en artículos anteriores), el próximo paso son las huelgas de hambre frente a la Asamblea de la República, donde hace pocos días se ha votado el nuevo Presupuesto del Estado.

Hasta ahí, nada nuevo, salvo el hecho de que los diputados han rechazado (¡por fin!) más transferencias al «Novo Banco», ese gran agujero negro que ha absorbido nuestro dinero; y que, si no se controla, puede conducir a la pérdida de (aún más) depósitos, empleos y la credibilidad de Portugal, como buen alumno europeo que Vítor Gaspar inició, y Mario Centeno ha cimentado.

Esta confusión y debate entre los diputados ha sido destacada por el propio presidente de la Asamblea. De hecho, quien ve AR TV debe recordar a Manuel Pinho, antiguo ministro del «príncipe» Sócrates, que debió confundir el edificio legislativo con el Campo Pequeno (plaza de toros); intentando torear al compañero de enfrente.

Hablando de lo que tenemos justo delante de nosotros (es decir, a pocas semanas), ya casi ha llegado la Navidad, y hasta el momento sólo sabemos qué sucede, y siempre ha sucedido, los días 24 y 25 de diciembre. No es que mi familia sea pequeña, pero muchas no saben si van a poder unirse a la mesa si la premisa de máximo seis personas se mantiene; por lo que si queremos ver a la abuela o a la madrina tendremos que hacer videollamadas por Zoom. Todo esto, mientras intentamos comer un trozo de «bolo-rei» (roscón de reyes portugués).

Hablando de esta plataforma (Zoom), que está siendo utilizada tanto para dar clases como para realizar eventos sin aglomerar, este año con la falta de películas que estamos teniendo (creo que voy a envejecer sin ver la última participación de Daniel Craig como James Bond), vamos a tener la próxima edición de los Óscar hecha con videos caseros. ¿No lo creen así?

En cuanto a la libertad de prensa, por aquí no podemos quejarnos. Ya tenemos bastante con los grupos de «todos por la verdad» y diferentes teóricos de la conspiración pululando por ahí. De hecho, los «Periodistas de la Verdad», que son liderados por un DJ, y están presentes en las redes sociales, van a ser investigados por diseminación de información falsa. Es más, hace unos días llegamos a tener una doctora en televisión explicando cómo era posible amañar las pruebas de la covid-19.

Hablemos de buenas noticias, que en este caso es la vacuna. Portugal está listo para adquirir 16 millones de dosis, lo que por mis cuentas da para ocho millones de portugueses (pero estas son mis cuentas, las de alguien que nunca ha conseguido aprender más allá de la tabla del cinco). Además, España ya ha presentado su plan de vacunación, donde las personas que vivan y trabajen en residencias serán prioritarias. Un plan ya esbozado y presentado, que hasta dan ganas de emigrar para conseguir entrar en la lista antes del año 2023.

Aquí, en el lado más occidental, las cosas aún están en la penumbra, tal y como en la historia del D. Sebastián; pero se habla, según la Dirección General de Salud, que la población de más de 75 años no será vacunada prioritariamente, porque no se ha confirmado que las vacunas sean tan eficaces en esta franja de edad de la población.

El primer ministro y el presidente ya han declarado que la «vida no tiene fecha de caducidad», pero seguimos atrasados en este asunto de vital importancia, y para algunos vale menos que la organización del congreso del Partido Comunista Portugués.

Vivos y deseosos de que termine 2020, así es como se siente la población de Portugal, y no sólo eso. Esperamos tranquilos, como siempre, que la vacuna llegue, y que esta segunda ola termine sin traer una tercera, algo que puede suceder según el presidente de la República.

Marcelo Rebelo de Sousa ha hecho un discurso que ha traído de vuelta los sentimientos y la idea de un quinto imperio (que sería fundado en el intelecto y la amistad entre los pueblos), cantado por Fernando Pessoa. Lo único es que no todo puede ser bueno, ya que el verano se ha acabado hace meses, y los logros deportivos y culturales no son eternos. Los incendios y la pandemia han puesto las mascarillas en el vestuario de todos. Si en verano las gafas de sol tuvieron que ser dejadas de lado, ya que quedaban empañadas y parecía que constantemente salíamos del baño, ahora hasta pueden hacer juego con la bufanda.

¿Cómo es vivir en Portugal? Bueno, recientemente ha sido distinguido como uno de los mejores países para que los extranjeros vivan. Ciertamente, no hemos alcanzado los niveles de una Venezuela o una Corea del Norte (tengo que admitir que el «reino» ermitaño siempre me ha provocado cierta fascinación, y viajaría allí sólo por verlo). De lo que podemos quejarnos es de la poca transparencia que a veces existe, y tengo que estar de acuerdo con la creación de un sitio (pero también puede ser en formato de aplicación, como se hace en varios municipios), donde la sociedad civil pueda ver cómo el dinero, especialmente, el que llegará de Bruselas gracias a la «bazuca económica», va a ser utilizado.

De nada sirven los subsidios y los incentivos si las personas se quedan sin trabajo y tienen que engrosar la fila de los desempleados. ¿Cuántos jóvenes, muchos de ellos formados, nunca han tenido un empleo estable y con un salario digno de su formación? Esta es una cuestión que podría dar lugar a otro artículo.

Muchas son las historias; y yo, que vivo en tierra de pescadores, conozco algunas de ellas. Pequeños empresarios que pedían subvenciones a la Unión Europea para adquirir más traineras, y que acabaron comprando «jeeps».

Por más campañas que se hagan para que se utilice más el transporte público (una de las cuentas pendientes de este país), y la venta de bicicletas se haya disparado, nadie prohíbe a los portugueses andar en coche.

No hay nada mejor que recibir el sol que entra por la ventana con una buena música.

Como prometí al principio de este artículo, me despido de todos de una manera algo «revolucionaria».

¡Hasta la próxima, queridos vecinos!

PD: https://youtu.be/8ur7ne3SWwc

Andreia Rodrigues

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