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Esta semana dos noticias han destacado en la opinión pública ibérica. La primera fue el reportaje que el canal portugués SIC Noticias emitió: “Olivenza también es nuestra”. La segunda noticia son las declaraciones del alcalde de Oporto, Rui Moreira, sobre una propuesta de Benelux ibérico.

Empecemos por la primera. Olivenza es otro de los espejismos de las relaciones de España y Portugal, en la medida que distorsiona una verdad incuestionable como que la frontera de España y Portugal es la más antigua, estable y pacífica de toda Europa. Hubo más de guerra fría, desde la vigilancia mutua a distancia de sus fortificaciones de frontera, que de guerra convencional. A lo que hay que añadir que ingleses y franceses subcontrataron sus conflictos a España y Portugal. En el caso oliventino, el cambio de frontera hasta el Guadiana tuvo mucho que ver con la guerra que Napoleón declaró a los ingleses, que arrastró a toda la Península.

Al canal portugués SIC Noticias no le falta razón al afirmar que Olivenza también es portuguesa, porque lo hace sin exclusivismos («también»). La ausencia de pacto en el pequeño tramo de Olivenza no hace justicia al histórico acuerdo del resto de la frontera. Del lado español, lejos de Olivenza, se desconoce que los portugueses consideran Olivenza como una espina clavada. Por otro lado, algunos alegarán que España también tiene sus espinas clavadas con Inglaterra y Francia, pero -otros responderán- entre dos países hermanos no podemos permitirnos esto. Para los oliventinos su estatus no es problema, pero están cada vez siendo más conscientes que su hecho histórico diferencial puede ser visto como una oportunidad, una ventaja para proyectarse en el mundo lusófono e hispano, y al mismo tiempo el mundo lusófono e hispano pueden proyectarse en Olivenza. En ese sentido, no hay solución nacionalista para Olivenza.

En Portugal se considera un territorio portugués bajo ocupación de la administración española. En España no pasa de anécdota. Forma parte de la lista de agravios que los portugueses aprenden en la escuela y consumen periódicamente en los medios de comunicación. En Olivenza han conseguido encauzar legalmente sus demandas de recuperar la identidad y lengua portuguesa, incluso la doble nacionalidad, sin que suponga ninguna incompatibilidad con su situación cultural o política existente actualmente.

IBEROLUX

La segunda noticia es el plan Iberolux para Portugal y España, un Benelux para Iberia, que propuso el alcalde de Oporto, Rui Moreira, que ya ha recibido el apoyo del nuevo secretario general de la RIET, Pablo Rivera, y que está teniendo mucho eco en los medios gallegos e ibéricos en general, incluidas redes sociales. El iberismo periódicamente, por su atractivo, de amor imposible, siempre vuelve a los medios de comunicación.

Ambas noticias pueden enlazarse. Con permiso de Rui Moreira, Olivenza podría ser en capital del Iberolux. No obstante, entendería que, en esta candidatura de capitalidad, concurriera también Oporto. Si el alcalde tiene el valor político de continuar con esta propuesta y llevarla a los ministerios de Exteriores y nuestros Parlamentos, tendría un lugar destacado en la historia de ambos países. O, ¿por qué no?, una doble capitalidad ibérica: Olivenza y Oporto. La segunda ciudad portuguesa, bañada por el tan ibérico rio Duero, y con grandes y viejas relaciones con Galicia, tiene todas las condiciones y merecimientos para serlo. Según el corresponsal de El País en Portugal, Javier Martín del Barrio, Oporto es “una ciudad que practica diariamente el iberoluxing”.

Ese Iberolux no es otra cosa que la creación de un consejo entre Portugal y España, que vaya más allá de la Unión Europea, con la finalidad de entendernos mejor, mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, atajar la despoblación de La Raya y trazar una estrategia conjunta exterior hacia la Unión Europea, Iberoamérica y la Iberofonía en general. Hay que entender que el actual Tratado de Valencia, entre ambos Estados, se ha quedado viejo y corto, y existe la necesidad de crear instituciones permanentes exclusivas ibéricas. Y más allá de si la comparación con el Benelux tenga más o menos fortuna, Rui Moreira tiene la razón: existe una potencialidad que no está siendo utilizada.

Olivenza y/u Oporto podrían ser sede de una universidad bilingüe luso-española para integración ibérica o panibérica, tal y como existe la UNILA (Universidad para la Integración Latinoamericana) en la triple frontera, entre Paraguay, Brasil y Argentina. Así como podría ubicar las sedes de organismos iberoamericanos que hoy están en Madrid, como la Secretaría Iberoamericana (SEGIB) o la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Cultura y la Ciencia (OEI).

Habrá quien sueñe en una Olivenza como la nueva Brasilia, pero bastaría con aprovechar su ubicación rayana para también atraer organismos estatales contra la despoblación de la frontera. Y lo simbólico también importa. La creación de un edificio cosoberano, como primera piedra del Iberolux, que sea sede de nuestra única institución permanente y exclusiva ibérica que hasta el momento tenemos: la Comisión Hispano-Portuguesa para la Cooperación Transfronteriza, vigente por el Tratado de Valencia (2002), constituiría un gran salto histórico.

Cerrar el capítulo histórico de la cuestión de Olivenza es una tarea asumible para la actual generación.  Esa capitalidad serviría para llegar a un acuerdo de fronteras definitivo en el tramo oliventino. Un acuerdo que deberá incluir un apoyo transversal del arco parlamentario portugués y un cambio de los contenidos de su sistema educativo. Tanto el alcalde de Olivenza, Manuel J. González Andrade, (y por extensión el oliventino Guillermo Fernández Vara, presidente de la Junta) como el de Oporto, Rui Moreira, tienen una oportunidad para aliarse y pasar a la historia.

 

Pablo González Velasco es coordinador general de EL TRAPEZIO y doctorando en antropología iberoamericana por la Universidad de Salamanca