Valoraciones sobre la Cumbre Ibérica 2021, en clave extremeña

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Pasadas dos semanas desde la celebración en Trujillo de la Cumbre Ibérica 2021, y desaparecido todo eco de interés informativo sobre la misma, es hora de hacer unas brevísimas valoraciones sobre la relevancia –o ausencia de ella– que ha tenido –o tendrá– en relación a Extremadura. 

Indudablemente, el hecho de que el encuentro hispano-luso tuviera lugar en una ciudad extremeña y que los máximos dirigentes españoles y portugueses confirmaran su presencia ya marcaba la atención y prioridad de la prensa y de clase política regional, pero sin mayor pretensión que el ruido mediático y el provecho partidista. Más allá de declaraciones con mayor o menor sentido reflexivo, tan importante acontecimiento debía ser aprovechado para dar voz a las reivindicaciones extremeñas. De ahí que varios colectivos extremeños se dieran cita en la histórica urbe trujillana para exponer reclamaciones varias, aunque el estricto cordón de seguridad y la distante –e interesada– separación de los medios de comunicación con respecto a aquellos limitara el altavoz reivindicativo. 

Especial mención hay que hacer de los manifestantes por el tren digno para Extremadura. La semana anterior a la Cumbre se llevaron a cabo una serie de movilizaciones en Almendralejo (día 19), Navalmoral de Mata y Llerena (día 23), convocadas por la sección regional de la Coordinadora estatal “Por el tren público, social y sostenible”, que apenas suscitó interés en la prensa extremeña de más tirada, más centrada en un congreso del PSOE, con la excepción de Canal Extremadura. La semana por el tren concluyó con una manifestación en Madrid con representación de varios territorios españoles (día 24) donde, por cierto, las plataformas sociales extremeñas iban en último lugar, después, incluso, de representantes políticos de Unidas Podemos, metáfora de la realidad regional. Pues bien, como decíamos, en Trujillo estuvieron presentes muchos de aquellos mismos colectivos, casi sin pena ni gloria, para mantener latente la legítima petición extremeña de disponer de buenas conexiones ferroviarias.

De esta deuda histórica con la tierra extremeña, Pedro Sánchez repitió lo que había dicho en el mencionado congreso socialista unos días antes, que Extremadura tendría alta velocidad entre Plasencia y Badajoz a mediados de 2022. El tramo entre Plasencia y Madrid, ni está, ni se le espera. ¿Tiene sentido un AVE únicamente conector de ciudades extremeñas? ¿Vertebra el territorio? La respuesta es, obviamente, negativa. Mientras tanto, las líneas de ferrocarril convencional desaparecen, las traviesas centenarias ralentizan los trayectos, los trenes sufren retrasos, se estropean, se incendian, no tienen máquinas de café, etc. Por cierto, el “Pacto por el Ferrocarril” que firmaron los partidos con representación en la Asamblea de Extremadura tras el oportunismo de las manifestaciones de hace algunos años está, figuradamente, muerto. Pero para quienes quieran mantener la ilusión, hay más noticias. António Costa, quien considera a Extremadura como “estratégica”, manifestó que el proyecto portugués de enlazar Évora con Badajoz por alta velocidad –y, en consecuencia, Lisboa con la región extremeña– será una realidad en 2023. Téngase en cuenta que habrá elecciones portuguesas en enero próximo. Que cada lector/a saque sus conclusiones.  

Además de la cuestión ferroviaria, otros temas tratados en la Cumbre conciernen de lleno a Extremadura y, en especial, a sus áreas rayanas. Entre ellos, el Estatuto del trabajador transfronterizo es, sin duda, una de las noticias más esperadas. Ya era hora de que las personas que cruzan la Raya-Raia a diario o semanalmente por motivos laborales dispusieran de cierta cobertura social y jurídica. El cierre de la frontera durante el momento más duro de la pandemia ha puesto de manifiesto las dificultades de los trabajadores transfronterizos para realizar los trayectos y la incoherencia de tener leyes diferenciadas en áreas social y económicamente tan entrelazadas. Aún está por ver cómo se llevará a la práctica este estatuto que, en principio, fija solamente en 20 km la distancia del domicilio hasta la frontera y que precisará de un censo de trabajadores.  También quedan por esclarecer cuestiones de índole sanitario transfronterizo que acaben con la incertidumbre burocrática desarrollada en los últimos años sobre este punto, en tanto que ha de imperar la coherencia en términos de distancia a hospitales de referencia frente a “criterios nacionales”. En todo caso, esperemos que en un futuro no muy lejano la implementación y mayor uniformidad jurídica de la eurociudad BEC y de la eurorregión ACE simplifiquen las trabas para los portugueses y extremeños.

Un punto más, la firma de un nuevo Tratado de Amistad, casi medio siglo después, que moderniza contenido, ajustado a la nueva realidad social y tecnológica del siglo XXI. ¿Para cuándo un Tratado de Hermandad? La perspectiva iberista sigue brillando por su ausencia. Solo medios como el Trapezio o plataformas como el Foro Cívico Ibérico o Extremeñería, entre otras pocas, apuestan decididamente por un iberismo más ambicioso. Esta última, organización extremeña de reciente creación, aprovechó la Cumbre para lanzar a través de sus redes sociales la campaña #Extremaduraiberista, con el lema “Con Portugal sumamos”, con resultados muy prometedores. Hay luz iberista al final del túnel extremeño. Mientras tanto, continúan siendo vagas las referencias de los políticos de Madrid y Lisboa a una relación más estrecha. Para Extremadura, Alentejo y Región Centro no es suficiente la “amistad”, necesitan hermandad. 

Aprovechamos estas líneas también para dar la enhorabuena a El Trapezio por la excelente cobertura desplegada en la Cumbre y al Foro Cívico Ibérico por su presencia en Trujillo, por la lectura del manifiesto y por la presentación del libro Iberia, tierra de fraternidad.

Juan Rebollo Bote

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