Español Portugués, Portugal

Transcurría el año 1829, la lucha entre liberales (partidarios del Rey D. Pedro IV), y absolutistas (partidarios de la causa del príncipe D. Miguel), alcanzó su punto álgido en las arenas de la playa de Vitória. En ese momento, se abrió la primera pastelería en Lisboa. Era una ciudad muy distinta a la que conocemos actualmente, en donde eran habituales las vendedoras ambulantes de pescado (varinas); los aguaderos (trabajo realizado, a menudo, por gallegos), y los recaderos. Nacía, así, un espacio al mejor estilo de las lujosas patisseries parisienses.

La Confeitaria Nacional, que puede ser visitada en pleno Rossio, fue fundada por Balthazar Roiz Castaño. Con ciento noventa años de historia, el local sigue siendo un negocio familiar que ha «endulzado» la boca de innumerables generaciones de lisboetas y turistas. Estos la visitan, tanto para tomar un simple café, como para saborear, en períodos festivos, el Bolo-Rei; un dulce inspirado en el francés gâteau des róis. Especialidad que entró en la gastronomía nacional gracias al hijo del fundador, y desde entonces es, junto al bacalao, el rey de las mesas navideñas de los portugueses.

Quien entra en este café, que en 2004 fue modernizado ganando una maravillosa escalera que conecta la planta baja con el primer piso, se encuentra con una decoración que nos transporta al pasado. Una época en donde los teléfonos aún estaban empezando a funcionar, y en donde la marca de champán francés Moët & Chandon comenzaba a formar parte del léxico de las familias más ricas. También se pueden probar recetas centenarias, que nos brindan sabores tan portugueses como los ninhos de Páscoa, o la torta de Viana. Todo esto puede, y debe ser, acompañado por uno de los grandes placeres nacionales, el café.

Una vez saciado, para combatir las calorías que ha ganado con estos magníficos pasteles, aproveche la calidez del sol para caminar hasta el Tajo.