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En medio de una segunda ola de la covid-19 en gran parte de los países europeos, la aparición de rebrotes en las instituciones educativas es una consecuencia casi natural de esta pandemia, presente en el viejo continente desde febrero.

Debido a esta crisis sanitaria, los cuatro últimos meses del pasado año académico se han desarrollado desde casa, a través de diferentes medios tecnológicos.

Este curso, el regreso a las aulas viene acompañado de multitud de restricciones y planes de contingencia, por si se de produce algún caso positivo en las escuelas. Incluso con varios protocolos y diferentes medidas de higiene, el virus ha comenzado a entrar en la comunidad lectiva.

Los primeros casos en Portugal se han reportado a principios del mes de septiembre en el Colegio Alemán, una institución de enseñanza privada de la ciudad de Lisboa. La apertura del resto de las escuelas ha hecho que estas cifras se eleven, habiendo confirmaciones en todos los grupos de edad, y en varios puntos del país.

Los primeros datos presentados por la Dirección General de Sanidad confirman rebrotes activos en más de 12 instituciones (78 personas). Estos son los casos confirmados, pero Graça Freitas admite que puede haber mucho más.

En esta nueva ola, los jóvenes adultos son los principales casos de preocupación, ya que una gran parte son asintomáticos, y se contaminan sin saberlo. Las guarderías, las escuelas y las universidades son algunos de los lugares donde se producen más rebrotes activos. Sólo en el Reino Unido, 40 universidades cuentan ya con casos confirmados.

Pero, ¿qué hacer cuando hay un caso positivo en la escuela? En los planes de actuación (con pautas del Ministerio de Educación y de la DGS) de todas las escuelas portuguesas, si algún miembro de la comunidad escolar da positivo, la primera acción que hay que realizar es aislarla. Después de aislar al paciente, se deben rastrear los contactos de proximidad. Este protocolo está provocando que numerosas clases vuelvan a la enseñanza a distancia. De hecho, una situación de este tipo es lo que le ha pasado a la princesa Leonor de España, que ha tenido que guardar cuarentena y seguir las lecciones desde casa, después de que un compañero de clase diera positivo en la covid-19.

¿Qué hacer en caso de positivo por covid-19?

Aislar a los infectados y localizar a sus contactos de proximidad. Esta es la acción que deben aplicar las escuelas, y que cuenta con el apoyo y supervisión del delegado de salud local.

El distanciamiento social; clases con pocos alumnos; la medición de la temperatura, y el uso de las nuevas tecnologías; especialmente, de los ordenadores, que se mencionan muncho, pero que no se ven en el día a día. En cuanto a la medición de la temperatura, sólo las escuelas primarias públicas y las guarderías lo están haciendo.

En algunas instituciones, esta medida está siendo llevada a cabo por los propios alumnos, que llevan medidores de temperatura a las escuelas, y van haciendo las tomas necesarias a la entrada de cada clase. Esto ocurre en lugares que cuentan con pocos empleados o con profesores con una media de edad más elevada.

A 30 kilómetros de Lisboa, concretamente, en la soleada Sesimbra, tenemos las escuelas Rodrigues Soromenho y la secundaria de Sampaio. Estas dos instituciones son el retrato de lo que está sucediendo en muchos lugares. Un video muestra, en la famosa Sorbona de París, la imposibilidad realista de un distanciamiento social real; tanto cuando subimos o bajamos unas escaleras o estamos en una sala, o cuando nos sentamos unos al lado de los otros.

Con el fin de minimizar el contacto entre clases, se han intentado crear «burbujas», aunque estas no funcionan cuando los alumnos viajan a la escuela en autobuses llenos.

Hasta ahora, una parte de los rebrotes que han surgido en las escuelas han tenido su origen en actividades tan comunes como clases de baile o deportes.

Cuando tenemos un caso positivo, las clases tienden a ser puestas en cuarentena durante 14 días; y, durante ese tiempo, la docencia debe impartirse desde casa, aunque esto no está sucediendo en todas las escuelas.

Los profesores se quejan de que no tienen ni horario ni los equipos suficientes para abordar esta situación (un problema que se une a la falta de material que ya se venía arrastrando en cursos pasados). Esta falta de condiciones, que tenderá a empeorar con el invierno y la falta de circulación del aire, ha llevado a los estudiantes y profesores a rebelarse. En Italia, pocos días después del inicio de las clases, un movimiento ha amenazado con detener la enseñanza hasta que no haya medidas reales para garantizar el distanciamiento social.