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Con 44 años de historia, la fiesta del Avante marca el fin de las vacaciones para el Partido Comunista; reuniendo a varias generaciones en la Quinta da Atalaia, en Seixal. Con mucha música, comida y los habituales discursos políticos, este evento transcurriría con normalidad si no fuera porque estamos ante un año excepcional por la pandemia de la Covid-19.

Con todo, la celebración de esta fiesta ha provocado mucha indignación, ya que los festivales de verano no se han podido celebrar; y el campeonato de fútbol, aunque se puede disputar, no puede contar con la presencia de aficionados.

Además, la DGS (Sanidad) dio el visto bueno para la realización de este evento, después de haber negado la presencia de público en el partido entre el SC de Braga y el Real Valladolid (que, en tierras lusitanas, ya se ha enfrentado al Sporting).

De este modo, se abrieron las puertas del recinto, pero con la condición de respetar las adecuadas normas sanitarias. Prohibición de venta de bebidas alcohólicas a partir de las 20 horas; conciertos con asientos marcados; una distancia de dos metros entre sillas (para gestionar las entradas y salidas se creó el puesto de «organizador de sala», de forma que se pudiera ordenar la entrada y la salida de los festivaleros); la presencia de 70 policías en el recinto, y una capacidad máxima de 16.563 personas (lo que equivale a una superficie total de 30 campos de fútbol). Estas fueron algunas de las normas presentadas para la celebración de la mítica fiesta que, este año, está generando insatisfacción. Hasta ahora, en todas las ediciones de la fiesta del Avante, se han vendido cerca de 25 mil entradas.

La organización de la fiesta siguió adelante porque, según la Constitución portuguesa, no había forma de prohibir su celebración. Otros acontecimientos que tuvieron lugar durante el estado de pandemia fueron el 25 de Abril; las jornadas del 1 de Mayo y, más recientemente, las ferias del libro de Lisboa y de Oporto.

Población descontenta y poca participación

El lema de la fiesta de este año es «disfrutar de la vida», una idea que rechaza claramente la «nueva normalidad» que ha traído la pandemia. Pero, la verdad, es que no todos están de acuerdo con este evento de masas; especialmente, la población y las tiendas ubicadas cerca del recinto. Durante tres días, cerca de tres docenas de empresas y espacios de comercio han cerrado, y la población local ha organizado marchas silenciosas.

Dentro de esta fiesta, marcada por el número reducido de participantes, si lo comparamos con años anteriores (la explicación del partido es que muchos militantes han comprado los respectivos EP’s como gesto de apoyo financiero, pero han decidido no ir), el lema de este año ha sido ampliamente debatido por los seguidores del partido y por los aficionados a la música que se desplazaban por el recinto con la habitual mascarilla.

En la declaración que hizo el primer día Jerónimo de Sousa, secretario general de los comunistas desde hace 16 años, se instó a que «se use mascarilla, sin tapar los ojos» ante los atropellos que pueden estar sufriendo los derechos de los trabajadores a causa de la pandemia. Ejemplo de esta situación, es lo que está sucediendo en el Santuario de Fátima, donde cerca de 50 trabajadores van a ser despedidos, y en donde los sacerdotes locales han hecho público su descontento ante las órdenes que reciben en el santuario mariano por parte de sus superiores.

Desde 2014, cuando la asistencia de la fiesta del Avante comenzó a disminuir, hasta 2019, las pérdidas acumuladas han alcanzado los 1,88 millones de euros. La Entidade das Contas e Financiamentos Políticos (ECFP) ha criticado la no prestación de cuentas. A pesar de ello, el PCP es el segundo partido parlamentario con una situación económica más estable, sólo por detrás del PSD.