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En un período en el que hablamos tantos de estatuas, la más grande de todas, el «Padrão dos Descobrimentos» (Patrón de los Descubrimientos), muestra a los mayores héroes nacionales que han destacado en la historia de Portugal. Uno de esos nombres, cercano al del Infante D. Henrique o al de Luís Vaz de Camões, es Francisco Javier, natural de Navarra, pero que destacó como misionero en los territorios lusitanos en Oriente.

Francisco Javier fue un apóstol canonizado por el Papa Gregorio XV, y hoy todos lo conocemos como el santo que llevó a cabo su labor apostólica en el Oriente portugués. Francisco de Jasso Azpilicueta Atondo y Aznáres nació en Xavier, Navarra, en 1506. Es considerado, después de San Pablo, como el misionero que más gente ha convertido al catolicismo; especialmente, en la lejana India portuguesa, en Japón o en Macao, en donde es uno de sus patrones.

Francisco Javier, el Apóstol de las Indias

Francisco Javier, junto a Ignacio de Loyola, fue uno de los creadores de la Compañía de Jesús. Esta compañía de misioneros hizo un enorme trabajo de propagación del cristianismo por el mundo. Un trabajo espiritual que les llevó a trabajar con el rey D. Juan III de Portugal, que invitó a la Compañía de Jesús a iniciar obras en los territorios portugueses de ultramar.

El primero de los viajes de S. Francisco fue a la India, donde acompañó al gobernador de aquella región, Martim Afonso de Sousa. Durante este viaje, que tuvo varios contratiempos y escalas en Mozambique y Melinde, inició el proceso de conversión (primero, ante las comunidades más pobres), y llevó a los portugueses en Asia a abrazar las bases de la religión cristiana.

En el tiempo que tenía libre, entre las visitas a enfermos y el trabajo hecho con niños, escribió un catecismo, mientras vivía en una cueva en las rocas junto al mar en Manapad, que sería traducido a varias lenguas asiáticas. Fue en estos territorios, que conoció al aventurero y escritor Fernão Mendes Pinto, que le contó todas las singularidades del territorio japonés. El jesuita fue el primer misionero cristiano en estas tierras, y sería él quien presentaría las pinturas de la Virgen María y de la Virgen con Jesús a los locales.

Algo frustrado con la actuación de las élites de Goa, y aprovechando la cercanía que tenía con el rey de Portugal, fue por las peticiones de San Francisco (el «Apóstol de las Indias»), que el tribunal de la Inquisición se instaló, ocho años después de su muerte, en Goa; ciudad donde dirigió el conocido Colegio de San Pablo, el principal lugar de formación de religiosos en Oriente.

El cuerpo de San Francisco Javier está sepultado en la Basílica del Buen Jesús de Goa y uno de sus huesos está en un relicario en Macao. En Portugal, la importancia de este misionero se ve en el nombre de hospitales; en iglesias, y en el Patrón de los Descubrimientos, justo en frente del tranquilo Tajo.