03/04/2025

¿Un polo pluricontinental antiTrump?

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Llegó el día. Un resabiado Trump 2.0 llega de la mano de la oligarquía tecnológica y a la espera de la “nacionalización privada” de TikTok. Vuelven los Estados Unidos como potencia bruta sin complejos, sin disfraces ni argumentos woke, recuperando su poder -más que de persuasión, de intimidación- y haciendo “negocios” geopolíticos.

Es decir, pidiendo siempre algo a cambio a la contraparte, independientemente de unas reglas pactadas y unos valores esperados que -por otro lado- nunca fueron vinculantes. Para el nuevo presidente, el orden postSegunda Guerra Mundial es perjudicial para su país y beneficioso para China. Malas noticias para los estados pequeños. Pintarán aún menos. ¡Qué tomen nota nuestros separatistas! Tampoco son buenas noticias para una potencia media como España con un flanco débil en el sur. No obstante, España -junto a Portugal- tienen capacidad para proyectarse hacia el norte, el mediterráneo y el atlántico sur. En el caso especial de Israel, el regalo de la tregua en Gaza para la ceremonia de Trump puede ser un intercambio de cromos para un inminente ataque a Irán.

Rusia está de acuerdo con la nueva política de Trump, por lo menos, en su metodología. En el Kremlin quieren hacer un intercambio de cromos entre áreas de influencia, incluso coinciden en criminalizar inmigrantes, sacrificar aliados y vecinos, y no consideran a América Latina y a Europa como actores que merezcan un poder en el mundo.

En noviembre de 2016 escribí en mi blog que Trump representaba un shock para las élites económicas de los países del sur de América y de Europa, que siempre dieron más prioridad a apoyar el liderazgo internacional norteamericano que a ponerse de acuerdo entre ellas. Hoy más que nunca todos los iberófonos debemos estar unidos e iniciar un proceso de convergencia”. Y añadía “que una presidencia como la de Trump generará un polo antagónico”. Lo dicho tiene más vigencia actualmente que es cuando el trumpismo va a poder desplegar su programa con toda su fuerza. No obstante, la creación de un polo antagónico es condición necesaria, pero no suficiente. Hace falta un cambio de actitud. Una insubordinación fundante y paralela de la UE y, en el ámbito latinoamericano, fundamentalmente de Brasil y (quizá) México, entre otros.

Lo cierto es que, desde 2016, la UE ha cambiado mucho: se equilibró el poder político y económico norte-sur, se gestionaron de forma solidaria las crisis que vinieron en el último lustro y se firmó un Tratado ibérico de Amistad ambicioso. El ámbito iberoamericano, es decir, el foro permanente de diálogo, que no llega a alianza ibérico-latinoamericana, sólo existe en el plano diplomático, académico, cultural, empresarial y digital. No es poco tampoco, pero hay que ser realistas: Iberoamérica -de momento- no tiene viabilidad en el plano político por diversos motivos: fragmentación y sectarismo político interno latinoamericano (con extremismos como las sucursales trumpistas y bolivarianas), la hispanofobia de estas últimas y de México, etc. Por estos motivos y por su gran capacidad de interlocución (por Lula y el Itamaraty), Brasil es la referencia a seguir. Además, en este año 2025 preside los BRICS. Ante ataques de Trump, debemos ser solidarios con Brasil, Panamá y México, independientemente de los desprecios de este último.

Portugal y España no tienen suficiente fuerza. La convergencia iberoamericana pasa, guste o no, por Bruselas y Brasilia. Los acuerdos de la UE con el Mercosur y -el más reciente- con México hacen que el principal camino actual para fortalecer la iberofonía sea potenciando la relación UE-América Latina y seguir tendiendo puentes con Iberoáfrica. António Costa es la persona indicada para reorientar esa política.

El choque de Estados Unidos con América Latina y Europa será inevitable y puede darse por diferentes flancos y habrá que ver caso a caso. Los conflictos con Europa empezarán en Ucrania y Dinamarca, pero puede venir peligro desde los cuatro puntos cardinales e internamente en los países que han sido centrales. Quizá pueda ser buena noticia que los Estados Unidos se salgan de la OTAN para así separar la sombra del imperialismo norteamericano de la política de seguridad europea. Obviamente, la OTAN quedaría muy mermada militarmente y vendría a ser simplemente la alianza militar de Europa más Canadá. En esas condiciones sería más fácil llegar a una mayor cooperación triangular militar entre Europa, América Latina y China, con permiso de los filipinos.

En Latinoamérica, primero serán las redadas y deportaciones de inmigrantes latinoamericanos, después la crisis con México y Panamá, seguida de la lluvia de aranceles y, por último, un tema que ya huele. Se ha dejado pudrir tanto la situación de Nicaragua, Venezuela y Cuba que, si no intervienen México, Colombia y Brasil, y no parece que lo vayan a hacer, Trump y Marco Rubio tienen la puerta abierta con posible éxito, a pesar de que el neoimperialismo de Estados Unidos pueda rehabilitar y reanimar al pensamiento autárquico y quijotesco del antiimperialismo que ha hecho bastante daño ideológico a un pragmatismo integracionista regional. Si de lo que se trata es de aplicar la Doctrina Monroe a calzón quitado, entonces, de facto, Trump excomulgará los pecados antidemocráticos de los bolivarianos. ¿Se salvarán por la campana?

México puede vivir una convulsión que le lleve a replantearse si su única prioridad es la integración norteamericana o quizá tenga que mirar más hacia Sudamérica o Europa. Incluso tendrá que fortalecerse ideológicamente con su pasado hispano para imponerse a la narrativa antimexicana de los MAGA. Algunos gestos -muy recientes- de Sheinbaum apuntan a esa dirección. Milei de momento será un caballo de troya al que Brasil le puede atar en corto con las reglas del Mercosur. Veremos si se convierte en un problema mayor, opacando el liderazgo regional brasileño. Veremos también cómo se relanza un bolsonarismo sin Bolsonaro padre de cara a las elecciones presidenciales brasileñas de 2026. Por su parte, Paraguay está ensayando una vía de apoyarse en el trumpismo sin ofender a Lula.

Los iberistas deberemos fortalecer una visión antropológica y geopolítica pluralista iberobarroca como alternativa al wokismo, al trumpismo y al bolivarianismo, y seguir acercando continentes en los que la Iberofonía tiene presencia. Si Trump se vuelve más putinista que Putin puede que hasta este se harte del primero y haya un reordenamiento de las alianzas a nivel mundial y que Estados Unidos se quede en soledad con Argentina e Israel. De momento habrá un camino donde Putin y Trump anden juntos. Intuyo que en Beijing ya saben que tendrán que ser más ágiles en sus decisiones geopolíticas especialmente en lo que atañe a América Latina y Europa. 

Pablo González Velasco