Español Portugués, Portugal

André Ventura llega tarde a la ola internacional de ultraderecha, pero ha llegado con prisas y haciendo ruido. Después de dos años de existencia del Partido, CHEGA (“Basta”) ha conseguido entrar en el Parlamento e inclinar la balanza en la investidura del Gobierno de las Azores al apoyar al PSD, lo que supone su normalización institucional, tal y como ocurrió con Vox en las elecciones andaluzas.

A primera vista, André Ventura, por su aspecto físico podría pasar inadvertido si lo viéramos pasar en una calle. Su cabeza se ha formado entre el seminario, la Facultad de Derecho y los platós de televisión. Viene del PSD, pero se ha revelado como un destacado alumno de Steve Bannon. Conviene no minusvalorar sus capacidades porque ya ha construido un buen trampolín para su carrera política.

Con una estrategia relámpago, Ventura ha construido un mensaje; ha conseguido el necesario primer empujón de financiadores como César do Paço (polémico y defenestrado cónsul en Miami de Portugal y Cabo Verde); ha logrado participar en tertulias televisivas comentando crímenes y partidos de fútbol, dotándose de una suficiente competencia en artes escénicas para manipular fuera y dentro del partido; así como ha desarrollado la habilidad de soltar mentiras sin inmutarse.

De 38 años, tiene poco pasado, pero el que tiene indica un giro ideológico radical. La opción populista ha sido simplemente una opción que parece que fue asumida por ser el mejor atajo a la fama y al poder. El momentum portugués de Ventura coincide con la crisis de la extrema derecha mundial con la derrota de Trump, desmoralizado tanto por ser mal perdedor como por ya no contar con Twitter como gran bazuca de fake news.

En un Portugal, sin conflicto territorial, más allá de tensiones económicas entre Norte y Sur, Ventura es partidario de aflojar el centralismo lisboeta. Lo que supone una diferencia con España, algo que se explica por los complejos equilibrios del puzle peninsular. La ultraderecha lusa pone el foco de las ofensas en los gitanos, los inmigrantes y la élite política de la democracia postRevolución de los Claveles, y, de vez en cuando, también ataca a la tranquila comunidad musulmana lusa. En relación a lo gitanos, es curioso como Vox intentó crear una excepción y reivindicar a los gitanos como buenos españoles; un vanguardismo que no fue entendido por sus bases.

Al igual que VOX con el PP, muchos de los cuadros de CHEGA provienen de la radicalización de militantes del PSD, así como de la moderación de militantes de extremísima derecha. Ventura ha tenido diferentes posiciones en relación con el Banco Espíritu Santo o la pandemia. Durante la campaña ha realizado una excesiva ostentación de su séquito de boxeadores e hinchas del Oporto, que le proporcionan un servicio de guardaespaldas, escenificando así una mezcla de victimismo con poder intimidatorio. Este jueves ha sido paradigmático. Como estos gorilas no son profesionales, no realizaron un trabajo preventivo de crear un amplio circulo de seguridad a André Ventura, o de hacer una «extracción» por otra calle, para evitar el lanzamiento de objetos que recibió de un grupo de antifascistas. Conviene recordar que cualquier desenlace donde haya sangre, puede ser capitalizado en votos. Esto lo demostró Bolsonaro cuando recibió el navajazo en plena campaña electoral. Todos los candidatos a la Presidencia de la República han condenado el ataque al líder de CHEGA.

La financiación del partido CHEGA, mediante el pago del cubierto en cenas, recuerda a los métodos de Alianza Popular y otros partidos en los años ochenta, donde también pasaban el cepillo. Una de estas cenas contó con Marine Le Pen, que es contraria a la enseñanza del portugués para lusodescendientes en Francia. En otra de las cenas, se duda que se respetasen las normas de la Dirección General de Sanidad. André Ventura cuenta, además, con el apoyo del neopentecostalismo evangélico.

Su discurso se diferencia de Bolsonaro porque selecciona cuidadosamente los temas con los que va a explicitar una provocación. Ventura quiere ser el presidente de los policías, de los “portugueses de bien”, y sabe cómo agitar los sentimientos de venganza ante crímenes televisivos, a pesar de que Portugal es uno de los países más seguros del mundo. Estos programas de televisión han sido la base del bolsonarismo ideológico, difundiendo la cultura del “populismo penal” y la“estigmatización de minorías”. Algo que la tesis doctoral de André Ventura (2013) criticó abiertamente. Lo que apunta a que su proyecto personal tiene más de oportunismo que de conversión ideológica.

Del mismo modo que Abascal no quiere juntarse con Salvini, parece que Ventura tampoco quiere juntarse con Abascal. Cuando André visitó Madrid hace dos años no fue recibido por el ya famoso líder de Vox. En su lugar, dirigentes de segunda línea le recibieron. Hace un año hubo un episodio de fricción entre ambas formaciones, porque Vox lanzó una campaña asociando un mapa de la península ibérica a España. Tras la protesta generalizada, incluyendo CHEGA, Vox rectificó. En aquel momento André Ventura dijo, sin pestañear, que se iba a reunir con Santiago Abascal, inmediatamente, en Caldas da Rainha. Una completa mentira, según testigos de Chega y Vox. Lo que sí ha copiado CHEGA de Vox es el lema de la “nova reconquista”, apropiándose del pasado medieval, bajo una interpretación sectaria contemporánea.

La cohabitación entre Marcelo Rebelo y António Costa, evitando competir entre ellos, apoyándose implícitamente entre sí, se ha revelado una fórmula de éxito y de sosiego institucional. Es por ello que los métodos del populismo de derecha son más chocantes aún en Portugal por el tradicional y pulcro formalismo de la vida pública portuguesa, así como de su fair play, entre Gobierno y oposición. La política española siempre tuvo sobresaltos y todo tipo de intoxicaciones, pero ¿el clima institucional portugués resistirá a la intoxicación del populismo de CHEGA?

Aunque Ventura no va a ganar las elecciones ni a llegar a la segunda vuelta (las encuestas apuntan a más de un 60% de votos para Marcelo Rebelo), CHEGA va a disputar la segunda o la tercera plaza. Probablemente se quede en un tercer puesto de las presidenciales con un 10% (en las elecciones parlamentarias obtuvo 1% de los votos). En segundo lugar, estaría Ana Gomes, candidata independiente, afiliada al Partido Socialista, que no cuenta con el aval de António Costa.

Ventura ha buscado la provocación al movimiento feminista para obtener un rédito electoral. Una jugada arriesgada, después del movimiento de solidaridad de los labios pintados de rojo y de pinchar en hueso con un símbolo de la belleza portuguesa: la supermodelo Sara Sampaio trituró a CHEGA en varios tuits, con un lenguaje que entiende todo el mundo, expresando su sentimiento de repulsa y asco (“nojo”):

Este domingo, 24 de enero, conoceremos los resultados electorales, con un Portugal con cifras proporcionalmente similares al momento de la peor mortandad en España. Existen varias variables pendientes por conocer, dada la previsible alta abstención que pueda haber, con un candidato superfavorito y una pandemia, sumada a la tradicional abstención portuguesa. Desde EL TRAPEZIO contaremos las claves de un proceso electoral, que se celebra en mitad de un confinamiento duro, que incluye el cierre de escuelas desde este viernes.

Pablo González Velasco