Español Portugués, Portugal

Ángel Crespo no usaba mascarillas y no sé cuántas veces al día se lavaba las manos. Tampoco nunca estuvo confinado. Entre los años 1940 y 1990, ese poeta, profesor, editor, traductor y crítico literario español anduvo por tierras ibéricas repartiendo un virus considerado peligroso por muchos: el del gusto por las artes y la literatura, especialmente las de Lengua Portuguesa. El contagio que proporcionó puede que no haya sido tan amplio cuantitativamente, pero sí fue muy significativo en la calidad de las personas infectadas; gente que vale por dos.

Lo curioso es que los contagiados, una vez tocados por el virus lusófono, solían agradecerlo. Jaime Gil de Biedma recordaba los trabajos de crítica literaria de Crespo y “su importantísima obra de traductor, de consumado introductor de las literaturas de lengua portuguesa entre nosotros”. Gerardo Diego le dio cierta vez las “gracias por sus estudios brasileños”. También entran en la lista de infectados famosos nombres como Jaume Pont, César Antonio Molina, Fernando Millán o Arturo de Villar, entre otros académicos, poetas y gente de a pie que acabaron contribuyendo para la expansión del virus.

Ángel Crespo empezó a estudiar gallego en 1943, y prácticamente a la vez fue profundizando también en la Lengua Portuguesa. Años después, en 1956, viajó por primera vez a Portugal, país al que volvería muchas otras veces, recorriéndolo de norte a sur. En 1957, presentó el primer libro publicado con poemas de Fernando Pessoa en España, Poemas de Alberto Caeiro, a los que le siguieron El poeta es un fingidor, el Libro del Desasosiego, el Regreso de los dioses y Cartas de amor a Ofelia, además de un largo estudio sobre el poeta portugués, La vida plural de Fernando Pessoa.

Entre 1962 y 1970 dirigió la Revista de Cultura Brasileña, publicación de la Embajada de Brasil en España ideada por el poeta y diplomático brasileño João Cabral de Melo Neto. En 1965 viajó a Brasil y trabó contacto con escritores y poetas. Fueron muchos los autores brasileños traducidos y traídos a España por Ángel Crespo. Destacamos a Nélida Piñón, al propio João Cabral de Melo Neto y a João Guimarães Rosa. De éste último, tuvo la dificilísima misión de traducir al Gran sertón: veredas, libro central de la literatura de Brasil, un texto plagado de neologismos, en una prosa que produce un acercamiento al lenguaje oral. El Gran sertón sería lanzado en España en 1967. En 1973, publicaría también su Antología de la poesía brasileña.

Sabemos que, antes de Ángel Crespo, otros destacados españoles ya habían implantado el virus de la lusofonía por aquí –recordamos los nombres de Juan Valera, Don Miguel de Unamuno y Dámaso Alonso–, pero nadie propagó tanto esa dulce enfermedad en territorio español como lo hizo Crespo, hasta el  punto de que es simplemente imposible hoy en día no depararse con su nombre cuando se quiere estudiar las relaciones literarias entre España, Portugal y Brasil.

Mi intención inicial era no tocar en el tema del coronavirus, pero, como podréis ver, no lo voy a lograr. Hace un par de días, mi amigo Bruno Gullo me dijo que confía en “un renacimiento en que los poetas serán los encargados de la recuperación”. No sé todavía cómo eso podría ocurrir, pero, desde luego, la idea me encanta. Ojalá sea así. Ojalá otros Ángeles Crespos puedan surgir por toda Iberia, sustituyendo al corona por el buen virus de la poesía.

Sérgio Massucci Calderaro (São Paulo, 1971), doctor por la Universidad Complutense de Madrid, es publicista, escritor y profesor.