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El político y empresario José María Orense nació en Laredo (Cantabria) en 1803, y falleció en 1880 en El Astillero (Cantabria). Su figura y pensamiento político es hoy poco conocido, aunque cabe calificarle como uno de los líderes más importantes del movimiento democrático español y el decano de la democracia española.

Tenía unos orígenes familiares liberales y un gran compromiso desde muy joven con la defensa de la Constitución de Cádiz de 1812, y por la que se vio obligado a emigrar con su familia a Inglaterra al reimplantarse el absolutismo en 1823.

Regresó a España con el fallecimiento de Fernando VII en 1833, y para entonces ya había visitado una gran parte de países europeos y americanos, en los que bebió de sus fuentes constitucionales y políticas, su verdadera vocación.

Orense había estudiado filosofía en Oñate, ciencias económicas y políticas en Londres y se manejaba en francés e inglés.  Su larga estancia de diez años en Londres le permitió adquirir conceptos políticos que emergían en esa época como el Estado de Derecho, la voluntad nacional, los respetos debidos a los individuos y a los seres colectivos; profundos conocimientos sobre el desarrollo de la idea constitucional y los sistemas fiscales modernos.

Desde su primer ingreso como diputado en las Cortes moderadas en 1844 de las que sería elegido ininterrumpidamente hasta 1874 marcó desde la tribuna parlamentaria sus principios doctrinarios: una reforma fiscal moderna, la separación Iglesia-Estado, el librecambismo y el matrimonio de la Reina con un príncipe portugués (con miras a la unión ibérica), el respeto a los derechos civiles, la libertad de imprenta, el sufragio universal, el derecho de asociación, la educación pública y gratuita para los pobres y asilos para inválidos del trabajo, entre otras muchas cosas.

En un manifiesto electoral de 1851 con motivo de la constitución del Partido Democrático Español, Orense ofreció como principios democráticos fundamentales la descentralización administrativa y la elección de alcaldes por los ciudadanos, libertad de bancos, reparto de tierras baldías, libertad de prensa y de enseñanza y sufragio universal, junto a la “unión con Portugal para formar una nación independiente”.

En las elecciones de octubre de 1854 resultó nuevamente elegido diputado por la circunscripción de Palencia y encabezó en las Cortes la minoría de los diecinueve diputados republicanos e iberistas que, gracias a una ingeniosa contrapropuesta suya, pudieron votar contra la monarquía de los Borbones el 30 de noviembre de ese año.  Por la defensa de las libertades sufrió durante su vida seis veces pena de cárcel, y cuatro veces exiliado político en Inglaterra, Francia, Bélgica y Portugal. En ese tiempo colaboró en La Discusión, La República Ibérica, La Federación Española, Anuario Republicano Federal y otros periódicos.

Formó parte de la Asamblea Nacional que proclamó la I República Española el 11 de febrero de 1873. En mayo fue elegido diputado de las Cortes Constituyentes, presidiendo éstas interinamente, por su mayor edad, desde su sesión de apertura, celebrada el 1 de junio, hasta el día 7, en que fue elegido presidente de las mismas por 177 votos, frente a 9 que obtuvo Salmerón. A pesar de la unanimidad de la Cámara, renunció a la presidencia para tener libertad política, cesando en ella el 12 de junio. Aunque su mandato fue breve, pasó a la historia por haber conseguido que se proclamase la República Federal Española el 7 de junio de 1873.

Los fragmentos de su obra política que mejor recogen su idea iberista, se encuentran en su ensayo político Lo que hará en el poder el partido democrático escrito por Jose María Orense y Francisco Mendialdúa en 1858:

Primero.- Defensa de la unión de ambos pueblos (portugués y español) empezando por unir a ambos herederos de Portugal y España en matrimonio.

“… hasta 1.846, que concluí por ser el único NO a las bodas con un príncipe francés, y si por desear se hiciesen con uno de Portugal, para preparar la únión de ambos pueblos. Durante tres años defendí solo, entre trescientos moderados, la causa popular, con aplauso de la masa del partido progresista; …»

Segundo.- Necesidad de establecer la unión entre España y Portugal en base a una unión aduanera como la formulada en aquel momento en Alemania, como elemento aglutinador y de fortaleza nacional frente a la amenaza expansionista de la Francia de mediados del S.XIX.

«… Sean las máximas de nuestra política exterior: Union peninsular, empezando por la aduanera, como en Alemania: allí se unieron 36 Estados; aquí no han podido unirse ni aun dos. Sin Portugal, nunca seremos nada enfrente de las grandes naciones modernas, sobre todo en Francia: si esta llega a ocupar Marruecos nos estrecharía por todos lados, y corremos peligro de perecer como nación como en el siglo VIII”…

Tercero.-  Establecimiento de una alianza estratégica con Inglaterra a partir de una unión ibérica en una sola nación con fuerza suficiente para frenar la amenaza francesa. La unión entre España y Portugal no debe formularse desde la conquista, sino fruto del tiempo, a través de una unión aduanera y potenciando el trabajo de la sociedad civil, y en último término de sus gobernantes.

“… Si son verdaderamente ilustrados (Inglaterra) verán que una gran nación a ese lado del Pirineo les podrá ser utilísima para que la Francia no se extienda por Europa, ni amenace al África: dos naciones pequeñas en la Península que no pueden hacerse respetar, incitarán siempre a la Francia y serán un cebo a su ambición. Quiero que se entienda que la unión con Portugal en este siglo no es ni puede ser, ni conviene que sea para la España asunto de conquista: ha de venir con el tiempo y la ilustración, como la unión aduanera en Alemania: Los Pueblos mismos, las alianzas de sus príncipes y aun las imprudencias de estos, en uno u otro Estado, harán el resto. Dios hizo de España y Portugal una nación, como hizo una de la Escocia y de la Inglaterra, háganlo que quieran los hombres, la naturaleza acabará por triunfar”.

Cuarto.- La unión ibérica supone abandonar la tradición de alianzas entre España y Francia y entre Portugal e Inglaterra, para fundamentarla en una única política ibérica. Los precedentes de apoyo francés a regímenes absolutistas en España refuerzan dicha estrategia, prefiriendo Orense en todo caso, apoyarse en Inglaterra por considerarlo mejor sistema político que el francés.

“…Si es de la política extranjera lo tengo ya dicho; ser anti-francés en España y en Argel y anti-inglés en Portugal, y ser en todas partes tan español como es Lord Palmerston en todas partes buen inglés: conocida ya la política de Luis Felipe, esta es la más peligrosa, porque ataca a lo lejos nuestra independencia, esto es, nuestra vida como nación y no teniendo como fatal tendencia la política inglesa, es preciso en tesis general apoyarse en ésta contra aquella, es de temer de la Francia, mal digo, es casi seguro que haga lo que hizo desde 1.841 a 1.843, apoyar al partido de la Reina Madre y tratar de volvernos a la odiosa tiranía que ha pesado sobre esta nación los últimos tres años”…

Quinto.-  La apuesta de Orense de la unión ibérica como una nación próspera y moderna encaminada a sumar esfuerzos hacia un proyecto político más amplio y de carácter europeísta, describen, además de su perfil democrático y convencido iberista, como uno de los precursores de la actual Unión Europea.

“… creo como Chateaubriand, Girardin y otros, que dentro de siglos desaparecerán las aduanas de toda Europa; que así como no hay gobierno de Castilla y de Aragón, sino de España, ni de Bretaña y Borgoña, sino de Francia; llegará a no haberlo de Francia, España, Alemania e Italia, sino de Europa…”

Francisco Sierra Fernández @pacusierra. Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas. Miembro Académico del Centro de Estudios Montañeses (C.E.M.)