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La llegada de la pandemia provocada por la covid-19, hace ya un año, ha hecho que la población mundial presente síntomas de depresión y problemas para dormir. Para hacer frente a este último problema y combatir el insomnio, ha aumentado el consumo de ansiolíticos. Se están realizando numerosos estudios sobre el impacto de la pandemia en el estilo de vida de las poblaciones y el escenario que se ha puesto de manifiesto parece preocupante. Cuando hablamos de insomnio agravado, a menudo asociamos problemas como la obesidad, las enfermedades cardiovasculares o neurovasculares, así como aquellas de carácter neurodegenerativo.

En 2020, la venta de medicamentos para dormir aumentó, lo que ha hecho que los portugueses gastaran 74 millones de euros en tranquilizantes. En la OCDE, Portugal es el quinto país que más medicamentos consumen para dormir. Sólo en los primeros tres meses del año anterior, se compraron más de 5 millones de cajas de ansiolíticos y antidepresivos, lo que equivale a 400.000 envases más que en 2019. El consumo excesivo de pastillas para dormir y la automedicación eran ya un problema arraigado en la sociedad portuguesa, incluso antes del inicio de la pandemia. Si nos fijamos en otras sociedades, los portugueses tienen los mejores indicadores de salud, pero tienen muchos problemas con la ansiedad y los trastornos del sueño.

Cuando hablamos de depresión, una encuesta internacional indica que el 50% de los encuestados en Portugal presenta «síntomas leves de depresión» debido a la covid-19. La encuesta «Life with Corona», que ha contado con la participación de investigadores portugueses, presenta como una de las conclusiones el hecho de que la generación más joven y las familias con hijos son las más afectadas por la pandemia, especialmente por la pérdida de ingresos y el miedo a enfermarse, así como por problemas de insomnio y depresión.