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Hace aproximadamente un año, escribí en una red social la siguiente frase, en español, en una publicación que pretendía que fuese en parte humorística, en parte reflexiva: «A partir de hoy, cuando yo hablare o escribiere en castellano, usaré los tiempos verbales más formales posibles. Si los ignorase, ¡qué lástima de profesor sería!»

Mi experiencia como profesor de idiomas en Madrid me ha llevado a observar importantes diferencias en la forma en que el portugués y el español utilizan sus respectivos idiomas. Los falsos amigos, sobre los que regularmente hago publicaciones humorísticas, son probablemente la más importante, y más comúnmente mencionada, de todas las diferencias. Sin embargo, los verbos también son un terreno fértil para la reflexión sobre la forma cómo nuestras culturas se han distinguido mutuamente a lo largo de la historia.

En portugués, se consideran arcaicas las formas verbales de la segunda persona del plural (vós) que, en cambio, están vivas y en buen estado de salud en España. Como en algunas partes de América Latina, la palabra vocês (ustedes) se ha convertido en una palabra informal, como (aunque paradójicamente, você, singular, sigue siendo formal). Un español que esté aprendiendo portugués podrá darse cuenta del hecho de que nosotros, a diferencia de los españoles, no decimos vós sois, podeis, quereis, sabeis, compreendeis, etc. Sin embargo, podría ser sorprendente la forma como los portugueses todavía entienden estas formas, incluso si no las utilizan. Es en el norte de Portugal, o junto a la frontera con España, que estas formas son más conocidas.

Para un portugués de la capital, o del sur, ¿qué ventajas tiene el conocer estas formas si no las va a utilizar? Al menos hay que ser conscientes de su existencia, para comprender no sólo la forma en que se habla en otros países, sino también la historia y la diversidad lingüística del propio territorio portugués. Además, un portugués que quiera aprender español por lo general no tiene que hacer un esfuerzo sobrehumano para acostumbrarse a decir vosotros sois, podéis, queréis, sabéis, comprendéis, que para mí también me revela un vínculo importante entre las culturas ibéricas: nuestro origen común.

Esto es exactamente lo que me pasó.

Soy alentejano. Entre nosotros, no es habitual de ninguna manera el uso de vós. Cuando llegué a España, me di cuenta muy rápidamente de como el vós es lo más normal aquí. ¿Me costó empezar a usarlo? Incluso hoy en día no sé muy bien cuando debería usar ustedes son o vosotros sois. Pero cuanto más hablamos, más rápido se vuelve natural. Y de esa manera también llegué a otras conclusiones importantes. Aprender a usar vosotros en español: estimuló mi curiosidad por la historia y la diversidad dialectal en Portugal; me ayudó a comprender las más difíciles de todas las formas verbales portuguesas (fizerdes, quisésseis, poderíeis…); y acabó por transformar aquello que al principio no era más que una extraña diferencia cultural entre nuestros países, en otro punto de conexión y afinidad entre nuestras culturas.

Y esa es la sensación que me gustaría que más españoles la descubrieran.

Por un lado, es tan extraño para nosotros, y tan natural para ellos, decir que vosotros sois o que vosotros seáis como, por otro lado, es tan natural para nosotros, y tan extraño para ellos, quando vocês forem o para vocês serem. Lo que en nuestra gramática se conoce como futuro do conjuntivo e infinitivo pessoal, y que usamos con total naturalidad aunque hayamos olvidado la gramática que aprendemos en la escuela, es lo que hace que los españoles frotarse los ojos. Utilizo y abuso estas formas precisamente para que las vean «en acción».

Pero, ¿sabías que el futuro de subjuntivo también existe en español? Se ha hablado tanto del artículo 155 de la Constitución Española, pero ¿cuántas personas han leído realmente este artículo? ¿Y cuántos se dieron cuenta de que en este artículo se lee Si una Comunidad Autónoma no cumpliere? ¿Cuántas personas han leído textos litúrgicos, constatando formaciones sintácticas como el que no hiciere la voluntad de Dios? ¿Cuántas personas han leído Cervantes, deteniéndose a pensar en el significado de sea lo que fuere, que con eso nos contentamos? Existe, sí señor. Se encuentra en contratos, en documentos jurídicos, en la legislación, en la religión, en la literatura clásica… Pero, en la oralidad, desapareció por completo.

Lástima que los españoles hayan perdido el hábito de usar cosas que para nosotros sean tan instintivas. Lástima que abusen aparentemente de formas verbales como fuera, como si pudiese jugar sin problema los papeles de fuere, fuese y sería . Perdónenme los artistas que compusieron canciones con mensajes del género Si te pudiera olvidar, ya lo hubiera hecho, pero este uso de formas verbales, en un examen portugués, es una receta para el desastre.

Pero también es una lástima que casi hayamos olvidado nuestro vós. Y también hay que tener en cuenta que los españoles no mezclan imperfectos con condicionales como nosotros (tinha ≠ teria). La conclusión que debemos sacar de aquí, es que no se trata de que unos lo hacen bien y otros mal. Lo que para nosotros es extraño, para ellos es natural, y viceversa.

Si Dios quiere, estas diferencias, cuando aprendamos a aceptarlas, nos harán comprender la necesidad que ahora tenemos de «deshacer» la lejanía entre portugués y español: contribuir a un mejor conocimiento mutuo, que nos llevará a un mejor entendimiento, a mejores relaciones diplomáticas, y a soluciones más satisfactorias de cualquier discrepancia que pueda existir entre nosotros. España y Portugal tienen que entender la necesidad de seguir contrarrestando activamente su propia tendencia histórica hacia el distanciamiento mutuo.

Y sobre todo tienen que entender que esto no se puede dar por sentado, o como algo que sucederá naturalmente o que lo harán otras personas. No. Cada uno de nosotros personalmente debe hacer todo lo posible para, por un lado, entender las causas de este distanciamiento, y, por otro lado, dar nuevas oportunidades a nuevas personas. Nosotros no somos nuestros antepasados. No tenemos la menor necesidad de repetir sus conflictos. Tenemos, eso sí, la necesidad de construir la concordia peninsular que garantice la competitividad ibérica frente al resto del mundo moderno.

João Pedro Baltazar Lázaro