Español Portugués, Portugal

El 5 de octubre de 1910, aprovechando la ebullición política y social en la que se encontraba el país desde la muerte del rey D. Carlos I, el Partido Republicano Portugués llevó a cabo un golpe militar, que contó con el apoyo del Ejército, y que supuso la caída de la monarquía constitucional.

Dos años antes, la muerte del rey D. Carlos I había tenido lugar en pleno Terreiro do Paço. Días antes de este suceso, el 28 de enero de 1908, se había contenido un golpe. En este primer intento de regicidio, participó un antepasado de Isabel de Herédia, duquesa de Bragança e hipotética reina.

A lo largo de 771 años, de 1139 a 1910, el oeste de la península fue comandado por 35 reyes de cuatro dinastías diferentes. El sueño iniciado por D. Afonso Henriques, el primer rey de Portugal, terminó con la declaración de instauración de la República portuguesa, que fue anunciada en la terraza del Ayuntamiento de Lisboa, por el azoriano Teófilo Braga, hombre que dirigió el destino del país hasta la aprobación de la Constitución de 1911.

Desde el inicio del proyecto republicano en Portugal, muchas cosas han cambiado, y no sólo en lo que se refiere a la bandera (el verde y el rojo han sustituido al blanco y al azul real); al himno (que indirectamente hace referencia al «Ultimátum inglés», uno de los factores que ha llevado al descrédito del régimen monárquico), o a la moneda.

El día en que se cumplen los 110 años de la implantación de la República, estamos a sólo tres meses de unas nuevas elecciones presidenciales. Hasta el momento, poco más se sabe acerca de los candidatos (para más información, pueden consultar este enlace), pero el ganador/ganadora tendrá que liderar el país para contener el crecimiento de los extremismos, y dirigirlo dentro del nuevo tablero geopolítico que se está formando.

De este modo, el papel de Portugal será cada vez mayor cuanto mejor estén las relaciones con la CPLP, la Unión Europea y España, con la que compartimos tantas cosas. Este es el trabajo del jefe de Estado, sin importar si hablamos de un presidente o de un rey.

Los Bragança y la polémica de la corona

Aun siendo una República, y con un movimiento monárquico sin gran proyección, la casa del Ducado de Bragança es la que se perfila como protagonista cuando hablamos de la línea dinástica. En caso de que se restableciera la monarquía en el país, D. Duarte Pio tomaría el título de rey de Portugal y de los Algarves.

No obstante, a pesar de ser reconocido por todos como el heredero natural, su legitimidad es puesta en entredicho, pues el príncipe real, que es padre de Alfonso y María Francisca y Dinis, es descendiente de la rama «miguelista» de la Casa Real de Bragança.

Cabe destacar también, que los miembros de la Casa de Bragança, que están al frente de una fundación con el mismo nombre, van habitualmente en representación del pueblo portugués a eventos culturales o de carácter humanitario. Para estos viajes, D. Duarte goza de pasaporte diplomático.

La familia de D. Duarte pudo regresar al país ya durante el «Estado Novo», en 1950, pero los defensores de la «Ley de Destierro», firmada por la reina D. María II de Portugal, creen que esta familia no puede tener ningún tipo de pretensiones al estatuto real, pues D. Miguel, en Evoramonte (donde se firmó la paz en la lucha que opuso a liberales y a miguelistas), firmó una adenda donde declaró que jamás se inmiscuiría en los asuntos de la nación y de sus dominios, y D. Duarte hizo juramento de bandera como piloto de la Fuerza Aérea. Además, y debido al destierro de Evoramonte, los partidarios monárquicos de otras ramas ven a los Bragança como ciudadanos extranjeros; y, como tal, sin ningún derecho a la Corona portuguesa.

Uno de los pretendientes más célebres es Rosario Poidimani, heredero por cooptación de D. María Pía de Saxe-Coburgo y Bragança. Este nombramiento tuvo lugar en 1985. D. María tiene descendencia: una hija y dos nietos.

Escritora y periodista, María Pía era hija de una relación que el último rey de Portugal, D. Carlos I, tuvo fuera del matrimonio. Como heredera del último monarca, según las Cortes de Lamego, luchó toda su vida para ser aceptada como pretendienta a reina de Portugal.

Con un mes de vida, fue llevada a la capital española, donde fue protegida por el rey Alfonso XIII de España (es más, su vida literaria comienza con la autoría de un libro donde defendía al padre del rey emérito Juan Carlos I), y en donde vivió el drama de la Guerra Civil española. Ya en Roma, durante la Segunda Guerra Mundial destacó como periodista; habiendo entrevistado al antiguo dictador cubano, Fulgencio Baptista, y trabajado para la revista Blanco y Negro, y el Diario ABC.

María Pía de Bragança siempre se opuso a la dictadura portuguesa. En 2015, se inició una petición pública para que sus restos fueran trasladados a Portugal, voluntad que siempre expresó.